Le hablé a El Pato y le dije que mataran a los estudiantes —confiesa el jefe de sicarios Felipe Rodríguez Salgado, El Cepillo, en un video de 50 minutos al que tuve acceso y cuyo contenido no había sido dado a conocer.

En enero de 2015, El Cepillo fue entrevistado por una perito en Sicología. En la entrevista, que fue videograbada, Rodríguez Salgado reveló que había ordenado asesinar a los estudiantes luego de que uno de ellos admitiera que los normalistas habían llegado a Iguala por órdenes del jefe de Los Rojos, Santiago Mazari Miranda, El Carrete.

Según Rodríguez Salgado, su compañero El Pato le había dicho, además, “que los chavos no traían identificación, que no llevaban nada”.

—Le pregunté que qué más les había sacado y decía que nada, que nomás unos cuantos le decían que sí, que eran sicarios —relató.

—¿Dijeron eso los estudiantes? —preguntó la sicóloga.

—Sí.

—¿Eso lo oye de El Pato?

—Sí. Y también me lo dijo el (alumno) que yo había marcado con una equis.

—A ver, vuélvame a repetir qué le dijo el alumno.

—Yo le pregunté quién lo había mandado, y me dijo que El Carrete.

—Y entonces qué más le dice.

—Me dice eso, que El Carrete les dio dinero a ellos y le había dado dinero al director de los “ayotzinapos”.

—¿Para qué?

—Pues para tumbar la plaza de Iguala. Y de ahí le pregunté: ‘¿Y tú qué?’. Y me dijo que él también era sicario.

Rodríguez Salgado calcula cada palabra. Se ve especialmente empeñado en ocultar la identidad de El Gil, uno de los jefes de Guerreros Unidos, a quien dice conocer “nomás de vista” —y que por esos días aún no era aprehendido—, y de relacionar a Los Rojos con el caso Iguala, tal como el propio Gil había ordenado a sus subordinados en un mensaje de texto al que me referí en esta columna el pasado 16 de noviembre.

—¿Qué otra información le da El Pato? —interroga la sicóloga.

—Nada más eso. Porque le digo que ellos ya llegaron asfixiados, se habían asfixiado, ya nomás eran como 15, y a los 15 los comenzó a matar El Pato. Cuando yo me iba para Iguala (le habían ordenado que se dirigiera a la casa de El Gil, ese que conocía “nomás de vista”), vi que El Pato le pegó cuatro balazos a cuatro chavos, aquí en la nuca.

—Cuando usted da la instrucción de que maten a las personas, ¿qué les dice, cómo tenían que matarlos?

—Pues ahora sí que, como quien dice, El Pato era el que se encargaba de eso. Era el que se encargaba de todo eso.

—O sea, usted daba la indicación y él…

—Nada más le daba la indicación, y ya él.

—¿Exactamente qué le dice a El Pato?

—Que les diera piso, pues.

—¿Así le dijo?

—Sí, que porque eran contras, pues.

—¿Qué más le dice? ¿Qué otras instrucciones le da?

—Nada más. Darles piso y que no quede nada de eso pues, que quemara los teléfonos y ya.

—¿Y entonces usted se va a la casa de… me dijo?

—De Gil.

—¿Cómo es ese señor Gil?

—No, a él ya no lo conocí yo.

—Va a su casa y el señor Gil no está.

—No está.

—¿Entonces quién está?

—Estaba Nava (el subdirector de la policía de Iguala) y a lo que alcancé a ver, estaba Aceves.

—¿Quién era Aceves?

—Era su segundo.

—¿Cómo sabe usted a qué casa tiene que llegar?

—Porque ahí… este… yo había cuidado gallos… Ahí llegué y ya sabía más o menos el camino, pues.

—¿Quién le dice que se vaya para allá?

El Fercho.

—¿Qué puesto tenía él en ese grupo?

—Pues podría decir que él también me da órdenes a mí.

—Están esas dos personas, Nava y Aceves. Exactamente qué le dicen.

—Yo cuando llegué vi a Nava y le dije: “Oiga, Nava, comencé a interrogar a uno de los chavos y me dijo que lo había mandado El Carrete, como de Cuernavaca”. Yo me volteo y escucho que Nava le dice a Aceves: “¿Te acuerdas del enfrentamiento que tuvieron allá los de Carrizalillo con Los Rojos, el que murió con esos chavos?”. Le dice: “Sí”. “Ah, porque hay un chavo que viene en las Urvan con los estudiantes, ahí mismo, y es su hermano (del que murió)”.

—¿Después de eso qué pasa?

—Me dormí, me paré y me fui a ver a los chavos para allá…

—¿Usted sabía qué estaba pasando ahí en el basurero?

—Sí, porque me dijeron ellos.

—¿Qué le contaron?

—Que los estaban quemando.

—¿Quién le contó?

El Pato.

—¿Cómo hacían esto?

—No sabría decirle porque yo nunca lo hice.

—Usted cuando llega, ¿qué ve en el basurero?

—Ya no había nada. Ya nada más estaba ceniza y unos cuantos (¿fuegos?) prendidos. De ahí recibo mensaje, que juntara las cenizas.

—¿Quién lo manda?

El Fercho. Me dice que juntara las cenizas y las llevara a tirar…

@hdemauleon

demauleon@hotmail.com

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