Encapuchados a bordo de una Tacoma blanca se acercan a la esquina de Iturbide y Privada del Aparecido y acribillan a tres hombres. Sólo uno sobrevive. Un testigo relata a las autoridades que los encapuchados preguntaron por “la droga”, revisaron las ropas de los hombres y le hallaron a uno de ellos una bolsa con estupefacientes. Luego, empezaron a disparar. Es el 7 de febrero de 2016. Esto ocurre en Lagos de Moreno, Jalisco.

Al día siguiente, la Fuerza Única Regional localiza los restos de tres personas calcinadas, dos de ellas mujeres, en Chipinque de Arriba. Un diario reporta que con esos cuerpos suman siete calcinados en el municipio en menos de una semana.

Ese mismo día, en la Sierra de Comanja, las autoridades hacen el levantamiento de un cráneo, dos columnas vertebrales y varios huesos largos. También éstos se encuentran calcinados.

El 9 de febrero la policía encuentra otros cinco cráneos quemados en Presa del Salto. En el periódico AM, al lado de esta noticia, hay otra que informa que 39 personas han sido reportadas como extraviadas o desaparecidas en Lagos de Moreno.

Tres días más tarde un comando prende fuego a 194 automóviles que se encuentran resguardados en el corralón de la ciudad.

El 13 de febrero la policía encuentra en el cerro de las Chivas “restos óseos calcinados en dos áreas de combustión”. No se logra determinar a cuántas personas pertenecen. El 16, una mujer es asesinada a tiros en su casa y frente a sus hijos. Los agresores: “hombres armados que llegaron a bordo de camionetas”. El 18, agentes de la Fuerza Única son agredidos en Chipinque de Arriba. Dos elementos resultan heridos. Los agresores huyen en una pick up con placas de Aguascalientes. En el lugar son hallados más restos calcinados. Ese día, en Salsipuedes, son localizados otros tres cráneos calcinados y varios restos óseos.

El 19 de febrero policías estatales descubren un campamento en El Puesto y se enfrentan a tiros y granadazos con hombres que llevan fusiles y chalecos tácticos. Cuatro sicarios pierden la vida. En el lugar hay “5.5 kilogramos de crystal, 6 kilogramos de cocaína en piedra, 1.3 kilogramos de cocaína en polvo, cuatro ladrillos de marihuana y 2 mil 500 dosis de crystal con las siglas del CJNG”.

El fiscal general del estado, Eduardo Almaguer Ramírez, atribuye la escalada del violencia a la muerte de Pedro Adolfo Montiel Castro, El Peter, jefe de plaza en la zona de los Altos, y al intento de un jefe de célula apodado El Tún-Tún de ocupar el lugar que El Peter dejó vacante al caer en un enfrentamiento con las autoridades en diciembre de 2015.

De acuerdo con el fiscal, dos células del CJNG se disputan desde entonces el control de la zona, y un grupo de Zetas procedente de Guanajuato ha aprovechado la confusión e intenta apoderarse de las regiones montañosas que comunican el estado con Guanajuato y Aguascalientes.

Hoy, Lagos de Moreno está siendo patrullado por el Ejército, la Policía Federal y la Fuerza Única, así como por policías estatales y municipales. La fiscalía detuvo en marzo pasado en el hotel La Estancia a una mujer y a siete miembros de una célula delictiva que habían sido enviados desde Puerto Vallarta para reforzar la venta de estupefacientes en el municipio. Ese mes fue aprehendido también Miguel Pérez Contreras, enviado por el CJNG “a reorganizar la plaza”. Reclutaba sicarios para el cártel, a través de una empresa de seguridad.

El fiscal Almaguer refiere que desde el inicio del operativo han sido detenidos en Lagos de Moreno 102 distribuidores de droga, “un número altísimo para una ciudad de su tamaño”.

“En Ciudad Guzmán, en Ocotlán, ciudades que tienen más o menos el mismo nivel de población, hemos detectado que suelen operar, cuando mucho, 50 distribuidores”, dice.

Lectores de Lagos de Moreno trajeron a esta columna sus relatos de terror: “Asesinatos, desapariciones, levantados, fosas, cuerpos calcinados, laboratorios de metanfetaminas, militares patrullando las carreteras y ataques a la Fuerza Única se volvieron para nosotros la realidad de todos los días”, escribe uno de ellos.

“No nos atrevemos a denunciar por miedo a represalias, pero sabemos que en nuestra ciudad el gobierno está vendido y para muestra un botón: en todas las colonias hay ‘tienditas’, están los vendedores en las esquinas, todos saben quiénes son, y nadie los toca. ¿Qué autoridad es confiable para denunciar sin recibir una visita del jefe de plaza ‘preguntando’ por qué lo denuncié?”.

Cómo decirle a este lector que cosas así suceden en Guerrero, en Michoacán, en Veracruz, en Morelos, en Tamaulipas… Que en el delirio de la “guerra contra las drogas” en todos esos sitios alguien se hace la misma pregunta.

@hdemauleon

demauleon@hotmail.com

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