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Caso Iguala: la verdad está en los autobuses

19/10/2015
02:05
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A lo largo de 2014, los normalistas de Ayotzinapa secuestraron autobuses y choferes de la línea Estrella Blanca 68 veces. De acuerdo con la declaración del apoderado legal de esa compañía, los secuestros solían ocurrir casi siempre en Chilpancingo y Palo Blanco: así lo demuestra la relación que el propio apoderado entregó al ministerio público, y que hoy forma parte del expediente que la PGR ha difundido.

Los normalistas, declaró uno de los conductores, aparecían “con el rostro cubierto con playeras unos y otros con pañuelos, y llevaban en sus manos piedras de diferentes tamaños, al mismo tiempo que gritaban enardecidos que querían el autobús”. Solían llevarse a los choferes, a quienes mantenían privados de la libertad por largos periodos de tiempo: un conductor fue retenido del 22 de enero al 17 de febrero de 2014; otro, del 9 de abril al 12 de julio; uno más, del 29 de octubre al 22 de noviembre.

El día en que el apoderado de Estrella Blanca entregó la relación de autobuses secuestrados por alumnos de la normal rural, 27 choferes de Estrella Blanca seguían secuestrados.

De las veces que ese año salieron a tomar camiones, sólo se dirigieron a Iguala cinco veces. La última, aquel fatídico 26 de septiembre.

¿Por qué Iguala y no Chilpancingo, Palo Blanco, Buenos Aires, Plan de Libre, cualquiera de los sitios a los que solían ir por autobuses? Iguala no era uno de los destinos más frecuentes de los estudiantes. Aquel sábado llegaron, sin embargo, a las afueras de la ciudad, tras un viaje de 2 horas y media.

Ahí, en el punto conocido como el Rancho del Cura tuvieron la mala suerte de detener el Costa Line 2513. Mala suerte, porque la lectura del expediente deja ver que los alumnos intentaron tomar autobuses, no en el interior de la ciudad, sino en la periferia: crea la impresión de que no pensaban entrar a Iguala.

El Costa Line 2513 llegaba de Acapulco. Su chofer declaró que varias personas del sexo masculino, con los rostros cubiertos, lo detuvieron en la carretera y le obligaron a abrir la puerta. Subieron varios encapuchados y le ordenaron que los acompañara. Él contestó que llevaba 28 pasajeros y debía dejarlos en la terminal de Iguala. “Una de las personas me manifestó que me llevara a diez de sus compañeros hasta la terminal y que una vez que se bajara el pasaje, me regresarían con ellos hasta el mismo lugar donde me habían parado”, declaró.

Al llegar a la terminal, ese conductor dejó encerrados a los alumnos en el camión y reportó al jefe de servicios lo que estaba ocurriendo. Los alumnos atrapados en el autobús se comunicaron telefónicamente con los compañeros que habían quedado a las afueras, para avisarles lo que había pasado. Esto hizo que los otros se internaran en Iguala.

Según el apoderado legal de Estrella Blanca, alguien le avisó que los alumnos habían llegado en dos autobuses y “empezaron a romper todos los vidrios, los faros, el parabrisas (del camión en donde sus compañeros se hallaban encerrados). La gerente de la línea se comunicó entonces con la policía municipal. Los estudiantes abandonaron el camión, luego de lanzar, “en forma de venganza”, las piedras que llevaban sobre las ventanillas de la unidad, “quebrándolas en su totalidad” y “se dieron a la fuga, saliendo de la terminal con rumbo desconocido”.

La policía municipal iba en camino: la cacería había comenzado.

Las razones de dicha cacería siguen en la sombra. La semana pasada, el ómbudsman Luis Raúl González Pérez reveló que en la noche de Iguala hubo un sexto autobús —y no solo los cinco que los expertos del GIEI habían contabilizado, el último de los cuales, dijeron, pudo contener droga o dinero ilícito, lo que habría desatado la persecución.

Según una nota de la reportera Tania Rosas, ese sexto autobús del que habla el ómbudsman “es el que originalmente abordaron los normalistas y que se quedó en la Central de Autobuses de Iguala”. De acuerdo con González Pérez, se revisa si el sexto vehículo transportaba droga.

Si esto es así, por caminos distintos el GIEI y la CNDH habrían llegado al mismo punto. La verdad está en los autobuses.

@hdemauleon

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