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Agredieron física y psicológicamente a mi compañera de EL UNIVERSAL TV.
Viernes 18 de marzo 5:50 horas, como todos los días, tomó el transporte público para llegar a las 7:00 de la mañana a nuestras oficinas en Bucareli y Reforma. Es su trayecto cotidiano del Estado de México a la Ciudad de México.
El vehículo de la ruta Ixtapaluca-Aeropuerto en el que se subió transportaba a dos tipos que al parecer ya se encontraban en la unidad antes de que todos abordaran. El conductor desvió la camioneta hacia un baldío. Los dos hombres, no mayores de 30 años, pidieron a los pasajeros que desbloquearan y resetearan sus teléfonos celulares. “Éramos casi puras mujeres, unas seis o siete”, me platicó mi colega. “Atrás, escoltando a la combi, iba un taxi capitalino, por lo menos traía los logotipos color rosa con blanco”.
Les quitaron sus pertenencias, las comenzaron a agredir sexualmente. “Conmigo se ensañaron”, me dijo. Le bajaron los pantalones; le levantaron la blusa; la sentaron en sus piernas; “qué rica, ¿te gusta cómo te toco?”, vociferaron entre risas, burlas. Le pegaron en el pómulo y en el estómago. Le sacaron el aire, su vista se nubló, cuando también sintió el roce de la navaja en un costado del vientre.
El asalto, los golpes, las amenazas duraron unos 40 minutos. Después bajaron a las víctimas. Los atacantes se fueron en la combi junto con el chofer. Una persona intentó pedir ayuda a una patrulla. No tuvieron respuesta. Caminaron hasta una base de transporte público. Salvaron la vida. Eran cerca de las 6:30 de la mañana.
“Me despojaron de todo, de mi cartera, teléfono, identificación, llaves, privacidad, seguridad”, me comentó. “Llegué a casa a bañarme, no soportaba siquiera tocarme con mis propias manos… siento asco. Tengo miedo, Elisa. No puedo dormir, pero no debemos quedarnos calladas, no debemos permitir que actúen estas bandas coludidas con autoridades corruptas… Tan sólo hace unos meses acordonaron la cuadra donde vivo, porque a tres casas arrojaron los cuerpos de dos mujeres”.
¿Qué hacer? ¿Qué sigue? Se lo pregunto en esta columna a las autoridades mexiquenses.
¿Denunciar en el aterrador Edomex? ¿En la CDMX? ¿Ir a la zona y levantar testimonios e imágenes? ¿Con qué protocolos de seguridad? ¿Es la región donde se pelean la plaza Los Zetas, la Familia Michoacana y este nuevo grupo que dice ajusticiar a funcionarios que tienen nexos con el narcotráfico? ¿Cuántos grupos criminales están operando?
Ellos siguen ahí, sueltos. Cobijados por la impunidad, donde las fronteras se desvanecen. Es el círculo que conforma Nezahualcóyotl, Iztapalapa, Tláhuac, Ixtapaluca, Chalco, Chimalhuacán. Es tierra del Estado de México, pero también Morelos, Puebla, Ciudad de México. Es tierra de todos. Es tierra de nadie.
Mi colega continúa trabajando. Aun en días santos está aquí en EL UNIVERSAL, tratando de superar el dolor.
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