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“Iguala es un municipio emblemático en nuestra historia, y no debe quedar marcado por trágicos acontecimientos”, fueron las palabras centrales del discurso que dio en ese lugar Enrique Peña Nieto el Día de la Bandera.
En la Presidencia de la República y en los medios de comunicación se resaltó el dato, pero muy pocos se acercaron a la crítica. No así en la prensa internacional, portales y redes sociales.
Mi compañera periodista Olivia Zerón tuiteó: “Ser presidente, visitar Iguala casi 1 año y medio después y no encontrar algo mejor que decir…”
Estoy de acuerdo con ella.
Yo agregaría: Visitar Iguala casi un año y medio después de la desaparición de los 43 normalistas, del gobierno criminal en la zona, del desastre de la “verdad histórica”, de la confrontación con los especialistas extranjeros, del silencio de los militares que viven y conviven en la región, de la incapacidad de dar respuesta a lo sucedido y no tener otro posicionamiento más que seguir insistiendo en el “ya supérenlo”…
Ser Presidente y continuar luchando, no contra los cárteles, sino contra lo que perjudique (según sus asesores) la imagen de Enrique Peña…
Al Ejecutivo federal le ha faltado, por lo menos, generosidad con las víctimas.
Presentarse con bombo y platillo en Iguala y menospreciar los hechos recientes, cuando se es parte, tiene tufo a soberbia. Mostrar músculo ante los caídos con el poder que la investidura le confiere es poco digno.
Ayotzinapa no es sólo los 43, o robo de camiones, colusión de policías y gobernantes, “revoltosos” y delincuentes, trasiego de heroína, Batallón 27, dolor, tortura, pérdida. Ayotzinapa simboliza México. Es la imagen de los padres que hoy en nuestro país buscan, lloran o entierran a sus hijos.
No, señor Presidente. No es que el municipio de Iguala no deba quedar marcado por trágicos acontecimientos; lo importante es que los mismos se frenen y se eviten.
No es borrar de la memoria las ejecuciones, la desaparición, la violencia; lo esencial es nombrarlas, aclararlas, combatirlas.
La única manera de superarlo es resolviéndolo. Y eso, le corresponde a su gobierno. Sólo así se entiende, se responsabiliza y en su caso se perdona.
Y sí, Iguala también seguirá siendo recordada como aquel sitio emblemático donde en 1821 se emitió el Plan de nuestra Independencia de la América Septentrional.
Pero el sexenio peñista difícilmente evitará quedar marcado por Ayotzinapa… Y un asunto inmobiliario.
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