Con la mesura de quien sabe que sólo estaba haciendo su tarea, José Antonio Meade reportó ayer que el problema de desabasto en las tiendas Diconsa y Liconsa del Istmo y la Mixteca había quedado resuelto. Bueno, dijo que resuelto en 99%, porque una de las obligaciones que se impone con obsesión es no mentir con las mentiras de la estadística. Y si cerca de 2 mil tiendas tienen el abasto garantizado por 15 días y 19 no, eso significa 99%.

El secretario de Desarrollo Social, Meade, debió entrar la semana pasada como refuerzo del gobierno en el conflicto con la CNTE. El guión le daba el papel de arreglador de una crisis que se ponía fea por el desabasto de maíz, frijol y leche en polvo en regiones de Oaxaca que, además, comenzaba a afectar zonas de Puebla, Veracruz y Guerrero.

Sin perder tiempo en señalar culpables, afinó un plan de emergencia que incluyó un puente aéreo con las fuerzas armadas, operaciones nocturnas, rutas alternas y cuanto artilugio lógico y no agresivo estuviera al alcance. El plan funcionó. En días de fuego para el presidente Peña Nieto y los secretarios Aurelio Nuño y Miguel Ángel Osorio Chong, Meade surgió como un factor de arreglo con el que ni los maestros más radicales de la CNTE quisieron pelear.

Al gobierno no le quedan muchos Meade en la vida real. El desgaste al que han sido sometidos en año y medio Osorio Chong, Nuño y Luis Videgaray, sumado a la caída de Manlio Fabio Beltrones, le estarían dando vida a este hombre cuya esencia era hasta hace poco su principal carencia rumbo al 2018.

A Meade se le cuestionaba no ser parte del círculo del Presidente. Hoy esa no pertenencia puede ser virtud. Se le echaba en cara su falta de visibilidad, el ser un secretario inexistente. Hoy eso lo mantiene razonablemente sano en el hospital de los malheridos del peñanietismo. Se le achacaba no ser priísta. Hoy eso lo convierte en una suerte de funcionario institucional, leal y, en cierta forma, independiente.

De acuerdo con una encuesta de GEA/ISA aplicada después de las elecciones, Meade es conocido por apenas 30% de los mexicanos. A Osorio Chong, por ejemplo, lo conoce el 66%. En términos de imagen positiva y negativa, Meade (-8%) está en los rangos de Osorio Chong (-10%), Nuño (-9%), Videgaray (-6%) y el mexiquense Eruviel Ávila (-5%), pero es el menos conocido, el que podría repuntar.

Las cartas se le acomodan a Meade, el institucional no priísta, no peñista, no maculado, no deslustrado. El canciller mexicano que celebró la última reunión bilateral con Hillary Clinton, secretaria de Estado. El ex secretario de Hacienda que entregó finanzas estables y una economía en movimiento. El hombre discreto y polivalente que habla de un México con presente y futuro, y mucho por hacer.

MENOS DE 140: Suerte, querido Pepe.

gomezleyvaciro@gmail.com

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