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Se supone que votan 15 personas, los integrantes de Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México. Pero inciden muchos más: gobierno, el rector saliente, “santones” de la UNAM, líderes estudiantiles, movimientos radicales y un largo etcétera.
La semana pasada, cuando estaban cocinando el nombramiento de Sergio Alcocer como nuevo rector, la Junta de Gobierno recibió un mensaje: habrá violencia si nombran a alguien cercano a Peña Nieto. Los grupos radicales enquistados en la casa puma amagaron con tomas de escuelas, paros, caos. Hubo información incluso de que el viernes estaban atrincherándose en torno a Ciudad Universitaria.
El misil iba directo contra Sergio Alcocer, cercano al actual rector José Narro, pero sobre todo subsecretario de la Cancillería en la administración Peña Nieto. También impactaba en las aspiraciones de Bolívar Zapata, quien hasta antes de lanzarse fungía como coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Oficina de la Presidencia.
Ante el amago, a la memoria de los miembros de la Junta llegaron las imágenes de 1999-2000, cuando la UNAM cerró casi un año, mancillando su prestigio académico y vapuleando las carreras de miles de jóvenes.
Nadie quería repetir esa historia. Las candidaturas de Alcocer y Zapata se cayeron. Pero no sólo las de ellos: la Junta de Gobierno interpretó que esos grupos radicales querían que llegara a la Rectoría Rosaura Ruiz, vinculada históricamente al movimiento de Andrés Manuel López Obrador. A esto se sumó otra información que circuló en la semana: el doctor Narro convocó a la tradicional comida de despedida del rector saliente con los legisladores cercanos a la UNAM; fueron todos, excepto los de Morena. Declarada la guerra, si se caían “los de Peña Nieto” se caía también “la de AMLO”. Y Rosaura fue descartada.
Con tal contexto, la Junta de Gobierno evaluó que la UNAM no estaba para otra bronca, y que además, quienes podrían pararla están terriblemente debilitados: el gobierno federal sin legitimidad con la comunidad universitaria y el gobierno del Distrito Federal acosado por la división entre el PRD y Morena, que tienen muchos vasos comunicantes con la Universidad.
Y así, apostó por una figura que como prioridad no estuviera peleada con nadie, no hiciera turbulentas las aguas.
El viernes a la hora de la comida, el presidente de la Junta de Gobierno de la UNAM hasta trastabilló al pronunciar el nombre del nuevo rector en la conferencia de prensa: el doctor Enrique Graue.
Se trata de un prestigiado y exitoso oftalmólogo, director de la Facultad de Medicina, quien hace quince años era del mismo grupo de Juan Ramón De la Fuente y José Narro, una tríada exitosa que, si no hay giros inesperados, gobernará la UNAM por un cuarto de siglo.
SACIAMORBOS. Cuando Narro fue nombrado rector de manera natural formó su propio grupo, pero Graue se quedó más cerca de De la Fuente.
historiasreportero@gmail.com
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