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El Chapo Guzmán habló poco de sus amigos, al menos con las autoridades. De su escape de prisión, el primero, dijo más.
Según me indican fuentes allegadas a su caso, del hombre que fue subdirector encargado de la seguridad del penal de Puente Grande hasta dos meses antes de su escape en 2001 y a quien se ha señalado como quien preparó esa huida, El Chapo contó que se convirtió en su amigo cercanísimo y, según informes de inteligencia, se volvió también custodio de sus negocios y hasta sucesor en el mando del Cártel de Sinaloa cuando lo agarraron en un departamento frente al mar de Sinaloa en 2014: Dámaso López Núñez, El Licenciado o El Lic.
Al empleado de lavandería que presuntamente lo escondió en su carrito el 19 de enero de 2001 para huir, lo trata de “compadre” y, según las mismas fuentes, El Chapo aseguró que sólo le prestó 30 mil pesos una vez y más tarde otros 50 mil.
De su otro compadre, éste sí de siempre, Ismael El Mayo Zambada —de quien ya surgen versiones de que preparó su “rescate” del Altiplano—, El Chapo sólo dijo a las autoridades que lo aprehendieron, que andaba en el monte. En ese momento y hasta ahora, los órganos de inteligencia pensaban que estaba escondido en lo que se conoce como el triángulo dorado, en la región serrana compartida por Durango, Chihuahua y Sinaloa.
Según las autoridades, Joaquín Guzmán Loera les juró que su salida del penal de Puente Grande, en Jalisco, en 2001 no le costó nada, si acaso los dos préstamos. Y que todo comenzó como una broma que nunca pensó se llevaría a cabo, porque cuando pasaba el encargado de acarrear la ropa a la lavandería le decía, sólo jugueteando, que lo escondiera en su carrito y lo sacara de ahí.
Eso fue lo que narró el capo que hoy vuelve a ser el hombre más buscado del mundo, en conversaciones informales con los encargados de su captura el 23 de febrero de 2014 y entre diligencias ante el Ministerio Público ya en el penal del Altiplano, en Almoloya, Estado de México.
Unas semanas después de su ingreso, paralelamente a una de sus comparecencias judiciales, le preguntaron de manera informal si pensaba escaparse de nuevo.
— Nooo. Ya vi y ahora sí está bieeen cab…— dijo.
— Pues está bien cab… por usted, porque usted se fugó —remató su interlocutor.
Ambos sonrieron.
Poco más de un año después de esa conversación, El Chapo está prófugo de nuevo.
La versión que contó sobre su primera fuga, revelada por fuentes de alto nivel relacionadas con las investigaciones, nunca terminó de ser totalmente creída. Siempre faltó la parte de la corrupción que la hizo posible.
Ahora, menos. Y la versión oficial de su nuevo escape, ahora por un túnel, tampoco goza de gran credibilidad. Los videos difundidos por el gobierno de los últimos momentos que pasó el capo en la ya célebre Celda 20 no despejan las dudas. El tiempo que transcurrió entre la última vez que se vio en los monitores y que se activó la alerta roja de fuga (tres horas, según buenas fuentes) es una de las claves.
Ni el carrito ni el túnel cuentan la historia completa de las dos fugas de El Chapo.
historiasreportero@gmail.com
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