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La lógica infernal del huachicoleo

¿Qué hacer para enfrentar el problema del huachicol? No lo que se anunció la semana pasada. La respuesta debe ser más estratégica
08/05/2017
02:04
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Digamos que usted tiene un ducto. Digamos también que usted usa ese ducto para transportar gasolina. Digamos que hay fugas en el ducto y que algunas son resultado de las ganas de algunos de robar el combustible. Digamos que, por lo regular, hay cuatro puntos de esos, donde el tubo es ordeñado por bandidos.

Ahora supongamos, solo por suponer, que usted tiene capacidad para lidiar con cuatro tomas clandestinas. Usted puede con comodidad encontrar y sellar los cuatro huecos. Usted puede con comodidad hallar y detener a los responsables de esos cuatro hoyos.

Hasta aquí todo va bien. Ningún bandido puede eludir el castigo merecido. El crimen no paga. El fenómeno no crece. Todo está en equilibrio.

Pero vamos a asumir, solo por asumir, que un día llega una quinta banda de ladrones. Tal vez sus integrantes están mal informados sobre las posibilidades de sanción, tal vez tienen un amigo que monitorea el ducto, tal vez tengan algún contacto en la policía. Como sea, cualquiera que sea su motivación inmediata, deciden hacer un quinto hoyo. Y entonces empiezan los problemas.

La capacidad para atender las tomas clandestinas sigue siendo la misma: cuatro a la vez. Pero si hay cinco en vez de cuatro, entonces la probabilidad de sanción se va de 100% a 80%. Ahora el crimen sí paga. Ahora al menos una banda se va a salir con la suya. Eso atrae a más bandidos.

Llega una pandilla más: ahora la probabilidad de sanción se va de 80 a 67%. Dos más y ya estamos en 50%. Llegamos pronto a 20 bandas y 20 hoyos. Sólo una de cada cinco recibe sanción. De allí, el brinco a 80 es casi automático. Al final del camino, la impunidad es casi total.

Ahora, usted podría reaccionar. Podría incrementar sus recursos hasta regresar al equilibrio perdido. Pero piense en el brinco requerido: antes tenía que lidiar con cuatro tomas y ahora con 80. Su capacidad tiene que multiplicarse por veinte como mínimo. Y digo como mínimo porque el fenómeno sigue en expansión. Misión imposible.

Ese es, en términos muy esquemáticos, el problema del huachicol. Un asunto regional y de pequeña escala no fue atendido en su momento, creció un poco, luego creció mucho y acabó volviéndose el monstruo que tenemos enfrente. En el estado de Puebla, se detectaron 80 tomas clandestinas en ductos de Pemex en 2011. Para 2015, el total llegaba a 815.

¿Qué hacer entonces para enfrentar el problema? No lo que se anunció la semana pasada. No (solo) enviar a más personal de las Fuerzas Armadas o de la Policía Federal. Eso ya se ha hecho en varias ocasiones. En marzo pasado, 500 elementos de la llamada Policía Militar fueron desplegados en la franja huachicolera ¿Los resultados? Nada que presumir.

La respuesta tiene que ser mucho más estratégica. Por un lado, hay que meter más controles en el mercado para evitar que el combustible robado acabe en gasolineras formales. Hay que dificultar la ordeña mediante adecuaciones físicas a los ductos y despliegue de tecnología. Hay que combatir la corrupción en Pemex. Hay que dar alternativas económicas a las comunidades que viven de y para el huachicol.

Pero, sobre todo, hay que atacar la dinámica de la impunidad ¿No hay recursos para lidiar con todas las tomas clandestinas? Entonces declaren un tramo de ducto, por pequeño que sea, libre de huachicoleo y comprometan la capacidad necesaria para hacer realidad ese anuncio. Si el mensaje está bien comunicado, los huachicoleros no se acercarán a ese tramo, lo cual eventualmente liberará recursos para otros puntos. Y así nos vamos, gradualmente recuperando algo de control.

Eso, o nos reconciliamos con la idea de tener un territorio sin ley a un par de horas de la capital de la República.

[email protected].

@ahope71

Analista de seguridad.

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