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Y la sangría no para

22/08/2016
02:05
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La semana pasada, en medio de tanta noticia olímpica, pasó desapercibido un terrible hito estadístico: por primera vez en el sexenio, se rebasó la cota de 2 mil víctimas de homicidio doloso por mes.   

En julio, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), 2 mil 073 personas fueron asesinadas. Es, con mucho, el mayor total mensual de víctimas desde que el SESNSP empezó esa cuenta en enero de 2014. Implica además un total de 2 mil 300 homicidios en la cuenta de Inegi. No se veían en México números similares desde septiembre de 2012.

Hay además un agravante: a finales de 2012, la violencia homicida iba a la baja. Hoy se encuentra en trayectoria de franco ascenso: en julio, el número de víctimas de homicidio doloso fue 26% mayor al del mismo mes de 2015. Considerando el periodo enero-julio, el incremento es de 16% comparado con el mismo periodo del año previo.

Como ya se ha mencionado anteriormente en este espacio, el fenómeno no está localizado. En julio, 22 entidades federativas registraron un incremento en el número de víctimas y en muchos casos, la tasa de aumento fue de dos dígitos. Al ritmo actual, ocho entidades federativas acumularán más de mil víctimas en el año (contra tres en 2015).

Hay, sin embargo, algunos casos particularmente preocupantes. El primero es Veracruz: en ese estado, el número de homicidios creció 162 por ciento a tasa anual en julio. Considerando el periodo enero-julio, el incremento fue de 105 por ciento. Dado el tamaño de Veracruz (la tercera entidad más poblada de la República), esas cifras son de espanto. Allí podría estarse cocinando la gran crisis de seguridad del final del sexenio.

En segundo lugar, hay que poner el ojo en Michoacán.  En julio, el total de homicidios más que se duplicó con respecto al mismo mes del año pasado (187 vs 87). Fue en efecto el mes más violento que ha vivido ese estado desde 2006. El registro mensual de Michoacán fue apenas inferior al del Estado de México, una entidad tres veces más poblada. Y no es asunto de un solo mes: en comparación con el periodo enero-julio de 2015, el número de víctimas de homicidio se ha incrementado más de 50%.

Además de esos casos, hay un fenómeno lamentable: algunos estados que habían logrado mejorías significativas en años recientes se encuentran ahora en trayectoria de deterioro. En Baja California, el primero de los estados milagro, los homicidios se han incrementado 34% en 2016. En Nuevo León, considerado hasta hace poco un modelo de pacificación, el aumento ha sido de 52%.

Hay muchas causas posibles detrás de este aumento de la violencia. Hay también muchas medidas que se pueden tomar para tratar de contener la epidemia. Pero todas pasan por reconocer que hay un problema serio. Y hasta ahora, el gobierno de la República no parece dispuesto a dar ese paso.

¿Y entonces qué se puede esperar para los próximos meses? Nada muy bueno por desgracia.

EN OTRAS COSAS. Si uno anda en humor semántico, es posible discutir si hubo “ejecuciones” en Tanhuato. Pero de algo no hay duda: la Policía Federal actuó mal ese día. No hay justificación alguna para alterar la escena de un delito, plantar armas o torturar testigos. Ante ese hecho, las autoridades tienen dos maneras de responder: 1) defender a rajatabla la versión oficial y tratar de administrar la crisis, a costa de la credibilidad institucional, o 2) aceptar plenamente las recomendaciones de la CNDH y utilizarlas como una palanca para transformar a la PF. Hasta ahora, veo a Renato Sales, Comisionado Nacional de Seguridad, más cargado hacia la primera opción, pero espero que su inteligencia y su sensatez lo acaben empujando hacia la segunda. 

alejandrohope@outlook.com.

@ahope71

Analista de seguridad.

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