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Ni Caracas ni Washington

07/08/2017
02:08
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Salvo en genocidios y crisis humanitarias o avalado por la comunidad internacional, el injerencismo me parece injustificable. Y es que las intervenciones de las potencias en países más débiles suelen darse en aras de la imposición de intereses. En América Latina lo sabemos, porque Estados Unidos lo ha hecho. Ahí están las documentadas y tristemente célebres acciones de la CIA para desestabilizar gobiernos izquierdistas. Pero a veces, hay que decirlo, el pródigo “asedio imperialista” se convierte en pretexto para que afanes autocráticos se afiancen en el poder mediante la anulación de libertades y la imposición de la mano dura contra la oposición en detrimento de derechos fundamentales de sus pueblos. A juicio mío, es el caso de Venezuela. Cuando policías armados agreden e incluso matan a manifestantes desarmados, yo no pregunto la ideología de cada bando antes de condenar la brutalidad policiaca. Y cuando un Poder Ejecutivo que controla al Judicial anula a un Legislativo preponderantemente opositor, tampoco reparo en el izquierdismo del gobierno. Un demócrata, de izquierda o de derecha, repudia la violación a los derechos humanos y los actos antidemocráticos vengan de donde vengan.

¿Cuál es entonces mi inconformidad con la actuación de México ante el conflicto venezolano? Que no proviene de una convicción sino de una “petición” del norte. Ya lo dije en este espacio: como presidente del PRD, en febrero del año pasado, recibí a Lilian Tintori; entonces la postura del presidente Enrique Peña Nieto (EPN) era la “prudencia” y la no intervención, y en esa lógica se había negado tres veces a reunirse con la esposa de Leopoldo López. Pero súbitamente, con Donald Trump (DT) en la Presidencia, el gobierno peñanietista se volvió un vehemente impugnador de Nicolás Maduro. No dudo que Luis Videgaray haya hecho el cálculo de que acatar la voluntad de DT ayudaría también a golpear a López Obrador, pero tampoco me cabe duda de que el enfrentamiento de EPN con Caracas viene de Washington. ¿Y qué tiene eso de malo si la postura del régimen en Venezuela es inaceptable? Que al hacer las cosas por encargo se cae en la sumisión, como ocurrió al aceptar sin más la lista negra financiera de personajes que elaboraron los estadounidenses, y se cae también en el error de perder margen de maniobra para tomar iniciativas regionales del corte del Grupo Contadora que, tengo para mí, se requieren ahora. Pero Videgaray abrió hace un año un socavón diplomático y sigue ahí gracias a su concepto de la soberanía nacional, que lo lleva a responder airadamente en Twitter cuando Maduro insulta a EPN y a callar cuando DT ofende a los mexicanos.

La mejoría en la relación bilateral con Estados Unidos es un espejismo. Lo dicho por EPN en el diálogo telefónico con DT filtrado al Washington Post les pareció correcto a algunos analistas serios porque el propio EPN puso la vara tan baja con su pusilanimidad previa que cualquier cosa que trueque su silencio en una frase obligada parece un avance. Pero en los temas de fondo EPN se comportó como lo ha hecho siempre: no le respondió a DT su insulto a las Fuerzas Armadas de México ni le dijo que no aceptaría tropas estadounidenses en nuestro territorio ni le contestó el amago de poner aranceles o impuestos a productos mexicanos ni argumentó que él tampoco “puede vivir” con la violencia del narco y tendría que revisar la cooperación en seguridad ni, de hecho, introdujo ningún tema fuera de la agenda que le ha impuesto DT. ¿Que le recitó que México no va a pagar por el muro? ¡Nomás eso faltaba, que no dijera algo tan obvio y que la más vulnerable de las naciones sostendría! Ojo: no le dijo que estamos en contra de la construcción de su muralla, nada más que no la pagaremos. Y se tragó la exigencia de DT -que el canciller cacareó en su momento como un gran acuerdo- de que no se hablara públicamente de ese tema, aunque el mismo DT lo hizo varias veces después. ¿Es esa una postura digna? ¿Es acaso inteligente seguir procurando la magnanimidad del bully?

“Tú y yo contra el mundo”, le dijo DT a EPN en una grilla en clave de cursilería. La traducción al lenguaje de la realidad sería “Yo contra el mundo y tú siempre apoyándome, Enrique”. El mensaje no es descabellado. Luis Videgaray y EPN se empeñan en ser los amigos de DT, los aliados del hombre que está desquiciando al mundo, y ese será su epitafio político porque cada agresión, cada atrocidad que cometa DT les será endosada. Ellos le hicieron un acto de campaña en Los Pinos cuando iba en picada -DT incluyó imágenes de ese momento ignominioso y humillante para los mexicanos en su spot de cierre- y siguen empecinados en consentirlo y en esperar actos de generosidad de quien es incapaz de ser generoso con su propio país. ¡Decoro y sensatez, por favor!

Diputado federal del PRD.

@abasave

Agustín F. Basave Benítez (Monterrey, México, 1958) es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford. Inició su vida profesional entreverando teoría y praxis en diversos cargos públicos (...

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