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Candelaria de los Patos, zona marginada desde la época prehispánica

Considerada un barrio bravo, La Candelaria de los Patos fue demolida en los años 60 para convertirla en jardines y centros de recreo; sin embargo, hoy sigue siendo considerada como una zona peligrosa. El paso de patos silvestres por este lugar en las épocas prehispánica y colonial, es uno de los rasgos que dio origen a su nombre
28/06/2017
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Texto y foto actual: Gamaliel Valderrama
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 
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En la época prehispánica y colonial, La Candelaria de los Patos era una zona limítrofe de la ciudad, como tal, formaba parte del cinturón de pobreza que rodeaba a ésta. Hoy en día, esta franja ha sido absorbida por la marcha urbana; sin embargo, no ha superado sus diversos problemas, que incluye robos, inseguridad e indigentes, entre otros, a pesar de que se han emprendidos acciones para su rescate, sigue siendo un barrio bravo.
 
Perteneciente a la colonia Zona Centro de la delegación Venustiano Carranza, La Candelaria de los Patos –un territorio lacustre donde existieron canales– se extiende por apenas unas cuadras, de Congreso de la Unión a Rosario y desde General Anaya hasta Plaza San Lázaro.  
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Vista de la Unidad Habitacional Candelaria de los Patos, a un costado se observa la calle semi-peatonal Corregidora, donde comerciantes ambulantes ofrecen todo tipo de productos.   
 
Desde los tiempos de Tenochtitlán, lo que hoy conocemos como La Candelaria, ha sido considerada un lugar difícil de habitar por sus condiciones ambientales y del terreno, pues en aquel momento la zona era un espacio de tierra rodeado de agua, así lo describe Ignacio Manuel Altamirano en su crónica Una visita a la Candelaria de los Patos, “Cuentan las antiguas tradiciones que los desgraciados aztecas se vieron obligados por el odio de los pueblos del valle a refugiarse en las lagunas, no tuvieron otro recurso para alimentarse que el que les ofrecía la miserable pesca de las ciénegas, los reptiles y los más inmundos productos del lago”.
 
Era 1869 cuando se publicaba la narración de Altamirano en la revista El Renacimiento, ahí describía que las calamidades vividas por los aztecas seguían vigentes en aquella zona limítrofe, “(…) los miserables de entonces tienen aún herederos, que obligados, ya no por el odio sino por la indiferencia de la gran ciudad, se arrastran a sus orillas llevando una existencia, que abrevian por fortuna, el aire malsano, el hambre y la intemperie”.
 
Según el libro Iglesias y conventos coloniales de México, el nombre del antiguo barrio –que en la época de la colonia era un “sitio casi despoblado” y “una porción de tierra surcada por acequias con aguas nauseabundas”, pero de suelo muy fértil– se debe al paso de aves silvestres por el lugar, por ello la región “tomó el nombre de Macuitlapilco o de los Patos”.
 
El texto publicado en 1946, explicaba que en el centro de esta parte de la ciudad, “se había formado una especie de isleta de regulares dimensiones, habitada por un individuo propietario de una granja donde exclusivamente expendía las aves de paso, que en considerable número llegaban al lugar en diversas épocas del año”.
 
La edificación de una pequeña capilla de indios en el “siglo XVI o a principios del XVII” que se dedicó a Nuestra Señora de la Candelaria –y actualmente continúa en pie–, terminó por completar el nombre: La Candelaria de los Patos.

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Capilla de La Candelaria a principios del siglo XX. Aunque no hay datos respecto a su construcción, se piensa que se edificó en los últimos años del siglo XVI o principios del XVII. Foto: Iglesias y conventos coloniales de México.
 

La Candelaria de los Patos hoy
 

De aquel lugar lacustre descrito por Ignacio Manuel Altamirano no queda nada. Las acequias y lagunas están secas. Las vecindades fueron derrumbadas; sin embargo, el barrio tiene problemas de delincuencia, personas en situación de calle, ambulantaje, prostitución, entre otros, que han perdurado a través del tiempo a pesar de sus múltiples intervenciones.

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A lo largo de la Candelaria de los Patos se observan diversos puntos donde personas en situación de calle instalan sus campamentos. La imagen corresponde al Parque Guadalupe Victoria, frente al Palacio Legislativo de San Lázaro.  
 
El cronista de la Merced, Jesús Petlacalco afirma que “la tierra tiene memoria” al referirse a La Candelaria, agrega que “es una zona mal entendida y maltratada”, aunque reconoce que “sí tiene lo suyo”. “Hay otras virtudes y códigos que definen a un barrio como este. En primer lugar, hasta la fecha sigue siendo una frontera y una zona periférica de civilidad” pues, dice el especialista, antes y sobre todo en la conquista se acentuó la falta de servicios y atención, lo que provocó que el barrio no pudiera resolver sus problemáticas.   
 
Héctor García, el fotógrafo de la ciudad, oriundo de La Candelaria de los Patos, relató en una entrevista con Luis Humberto González, publicada en la revista Luna Córnea, lo cruel que podría ser el barrio donde nació en 1923.
 
“Allá, en mi barrio de la Candelaria de los Patos, no valía ni la vida ni la muerte. Porque las gentes de pronto como que desaparecían. Y desaparecían en un charco de sangre. La muerte natural allá en mi barrio se medía a cuchilladas. Las gentes se morían entre los 18 y los 25 años. Ahí no había viejos. (…) en el mercado de mi barrio, la gente sobrevivía de lo que se encontraba: garras viejas, alimentos en descomposición (…)”, contaba el artista de la lente quien falleció en 2012.
 
En 1963, EL UNIVERSAL GRÁFICO reportaba una sorpresiva visita del entonces jefe del Departamento del Distrito Federal, Ernesto P. Uruchurtu, a la “peligrosa zona de La Candelaria”, donde acordó el cierre de diversas pulquerías, pues en esos lugares “se registraron infinidad de tragedias y se incubaron miles de asaltos y crímenes”.
 
Según la nota firmada por Esteban Ponce, se daba la exclusiva al rotativo vespertino: “la barriada de la Candelaria habrá de desaparecer en breve tiempo, y en esa extensa área se formarán preciosos jardines, funcionales edificios y monumentales fuentes”. Pasaron cerca de 3 años para que las palas y picos demolieran el antiguo barrio de La Candelaria de los Patos. Lo único que sobrevivió fue su pequeña iglesia dedicada a la virgen de la Candelaria.
 
En una nota publicada en enero de 1966 en EL UNIVERSAL se daba cuenta de los trabajos, “La piqueta inició hace 24 días una labor de reestructuración y cambio total a la fisonomía de esta zona que acabará con el centro de reunión de una sociedad dedicada a la delincuencia. Vecindades que datan desde hace 80 años están siendo demolidas por trabajadores del Departamento del Distrito Federal”.

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La imagen corresponde a la esquina de las calles Corregidora y Rosario, donde hoy se levanta la Unidad Habitacional Candelaria de los Patos, al fondo se aprecia la capilla de La Candelaria. Archivo EL UNIVERSAL.
 
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Vista actual de la esquina formada por las calles Corregidora y Rosario, sobre la primera, vendedores ambulantes ofrecen una amplia variedad de productos.
 
El Gran Diario de México informaba que “en pocos meses esa zona se convertirá en jardines y centros de recreo para todos los habitantes de la capital, además de erigirse edificios en condominio, con jardines y fuentes”.
 
Sobre el destino de los inquilinos de las viejas vecindades demolidas se adelantaba que  “se ha previsto enviar a las familias que viven en La Candelaria a la colonia San Juan de Aragón, siempre y cuando no tengan antecedentes penales. Esta decisión, sin embargo, según nos enteramos, no será muy benéfica, pues, desafortunadamente la mayoría de los habitantes de esta zona ha delinquido”. Para quienes tenían antecedentes, podían ser ubicados en colonias como: Tacuba, Azcapotzalco, La Villa de Guadalupe, Tlalpan, Morelos, etc.

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Poco a poco las viejas vecindades de la Candelaria de los Patos fueron sustituidas por los “funcionales” edificios habitacionales. Archivo EL UNIVERSAL.
 
Hoy en día los índices de delincuencia, prostitución, personas en situación de calle y percepción de inseguridad en la zona son altos, según refieren datos de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, el párroco de la iglesia de La Candelaria, Luis Gutiérrez, y la encargada del Centro Cultural Candelaria de los Patos, Rosario Guerrero.

En un recorrido realizado por EL UNIVERSAL se observó una zona donde se ejerce la prostitución, ya no hay pulquerías, pero sí chelerías, comercio ambulante, personas en situación de calle, vías con basura y la constante queja de vecinos que han sido presa de robos y asaltos. 

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El Parque Guadalupe Victoria frente a la Cámara de Diputados, está siendo rehabilitado y aunque no ha sido inaugurado ya se observa basura, campamentos de indigentes y mobiliario maltratado.
 
A pesar de lo anterior, suele ser un área muy transitada, pues además de ser zona comercial, también ahí se encuentra El Archivo General de Notarías donde se realizan diversos trámites, entre los que se incluye la autorización definitiva de instrumentos notariales, consulta o expedición de copias certificadas de sociedades en convivencia, consulta y/o búsqueda de instrumentos notariales, además ahí se realiza la Legalización o Apostilla de documentos públicos que emiten los Servidores Públicos y Notarios Públicos, para que surtan efectos jurídicos en otro país o en otra Entidad Federativa.

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Archivo General de Notarías, ubicado en el populoso barrio de La Candelaria de los Patos.

El balance oficial de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, reveló que en 2016 la delegación Venustiano Carranza fue la tercera más peligrosa de la capital –donde se asienta el barrio de la Candelaria de los Patos-, pues se registraron en promedio 370 denuncias por cada cien mil habitantes entre enero y noviembre de 2016, además en el top 50 de las colonias más peligrosas la Morelos y Centro encabezaron la lista en el primer y tercer lugar, respectivamente, zonas vecinas a La Candelaria.  
 
Algunos factores que determinan a estas colonias como las más peligrosas de la ciudad –explica la Procuraduría capitalina– “son una combinación de altos índices de marginalidad con una concentración de actividad comercial o la cercanía de rutas importantes de transporte”, puntos que reúne La Candelaria de los Patos.

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La estación Candelaria del Metro, que se encuentra en el corazón de este barrio, tomó el icono de un pato.  
 
Rosario Guerrero, encargada del Centro Cultural Candelaria de los Patos, tiene 20 años trabajando en el barrio, afirma que a lo largo de este tiempo “no ha cambiado nada” en relación a la inseguridad, pues cuenta que persisten los asaltos en la zona por los llamados “chineros” –personas que aplican la llave china para asfixiar a sus víctimas-, e incluso fue alertada por los mismos vecinos que dicha actividad ya era realizada también por mujeres.
 
Por su parte, el párroco de La Candelaria, Luis Gutiérrez, cuenta que los asaltos son comunes en la base de transporte público que se encuentra a un costado de su capilla, a eso se suman las personas en situación de calle que se reúnen en la parte posterior del santuario, también - dice Gutiérrez - hay constantes quejas de vecinos por los “vagoneros” del Metro que se reúnen detrás de la iglesia para consumir enervantes, alcohol y hasta cometer robos.
 
Sin embargo, tanto Rosario Guerrero y Luis Gutiérrez consideran que no todo es malo en La Candelaria, pues afirman que hay buenas personas viviendo en el barrio, las cuales buscan generar mejores condiciones de vida y conservar las tradiciones, por ejemplo la fiesta del 2 de febrero, donde se celebra a la santa patrona del barrio.
 

La Candelaria y sus patos

 
L. E. Rosell, autor de Iglesias y conventos coloniales de México, explica que en otras épocas los centenares de patos recolectados en la zona, “eran llevados de este sitio, crudos y con plumas, en manos de numerosas mujeres que los compraban ‘por manojos’, las que se dedicaban en cercanos lugares a quitar las plumas y aderezarlos con chile y tortillas para proseguir sus andares, al caer la tarde, rumbo a la ciudad, para vender sus atados y el sabroso guiso nacional”, al grito de “¡¡Patooo cocidooooo!! ¡¡Tortillas con chileeeeee!!”.
 
El cronista José María Marroquí, escribía en el siglo XIX sobre el tema de las alegres pateras: “casi siempre, vendidos los patos que cada una traía, se retiraban a su casa al toque de queda (entre nueve y diez de la noche) mas no sola cada una, sino reunidas todas en lugar previamente fijados, para evitar asaltos, que padecieron a veces, y para mayor seguridad, solían venir a su encuentro algunos hombres de sus deudos”.

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Las pateras desplumaban las aves que compraban por manojos y los aderezaban con chile y tortillas, para luego vender su sabroso guiso. Imagen: Iglesias y conventos coloniales de México.
 
En 1946, año de publicación del libro Iglesias y conventos coloniales de México, se afirmaba que: “en la actualidad el rumbo –de La Candelaria de los Patos– se encontraba ya muy poblado, y de la industria ‘patera’ no queda ni vestigio”, de aquellas aves, el logotipo de la estación Candelaria del Metro, es el único indicio de que esta zona era paso de patos silvestres.
 
En tanto, la pequeña iglesia dedicada a la virgen de la Candelaria sigue en pie. Según L. E. Rosell, esta construcción “es un interesante tipo de las capillas humildes del México Viejo, reedificada en el año de 1924 por el ingeniero Luis Olvera”. La capilla original y la actual son muy parecidas en la facha; sin embargo, la intervenida por Olvera en los años veinte del siglo XX es criticada por Rosell, “el ultramodernismo de los últimos tiempos, le borró todo el saber antañón, volviéndola ostentosa y llena de pedantería”.

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Así se veía la capilla de la Candelaria después de ser intervenida por el ingeniero Luis Olvera, en los años veinte del siglo pasado. Esta fachada se sigue observando cuando se realizaron los trabajos de demolición de las viejas vecindades de la Candelaria de los Patos, en 1966.
 
El semanario Desde la Fe reproduce en su sitio web la leyenda local sobre la construcción de este santuario. Según el párroco Luis Gutiérrez –el mito también es contado por los habitantes del lugar–, un fraile del siglo XVI llamado Cipriano encontró a un ser que le pidió que le ayudara a desenterrar un tesoro escondido, aquel extraño personaje solicitó ayuda varias veces, pero Cipriano se negó. Al poco tiempo, el fraile murió.
 
Sin embargo, las visitas continuaron, pero “ahora a un indígena que iba a cazar patos, éste accedió a su petición, encontró el tesoro, pero hizo mal uso del mismo”. Las personas del pueblo escucharon del tesoro y comenzaron a buscarlo, pero su ambición desató una peste. De ahí que autoridades religiosas y civiles mandaran construir una capilla dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria, quien alejara toda clase de espíritus”, cuenta el párroco.

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Vista actual de la iglesia de la Candelaria. Se dice que después de la década de los 60 del siglo pasado, la fachada de la capilla fue transformada.
 
De acuerdo al libro Iglesias y conventos coloniales de México, en 1737 la epidemia del Matlazáhuatl asoló la capital y cobró la vida de cerca de cien mil personas, “los vecinos de este barrio contribuyeron en gran parte a la mortalidad”, pero por la dificultad de transportar a los fallecidos a los cementerios, “se dispuso que la humilde capilla y todos sus alrededores se destinaran para camposanto, y años después quedó suspendido el culto hasta que por decreto de 24 de octubre de 1861 fue abierta nuevamente”. 
 

Antiguas edificaciones que aún permanecen

 
De aquellos años, hoy sobreviven en el abandono varios edificios históricos de este barrio, un ejemplo es la garita de San Lázaro, inmueble que data de principios del siglo XVII y hasta el XIX, el cual funcionó como una de las casetas que controlaban la entrada y salida de mercancías a la capital de la Nueva España, luce abandonado, grafiteado y sus portales se han convertido en refugio para indigentes.

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Arcos de lo que fue la garita de San Lázaro. Hoy es ocupado como dormitorio por personas en situación de calle.
 
El Ex Templo de San Lázaro es otro ejemplo, se trata de un edificio construido en 1522 por órdenes de Hernán Cortés para refugiar a los españoles ante amenazas de una posible rebelión indígena y que después funcionó como un hospital para leprosos. A una cuadra, desde la esquina de la calle Alarcón y Ferrocarril de Cintura se alcanza a observar una cúpula casi en ruinas, invadida por vegetación.

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Fachada del Ex Templo de San Lázaro.
 
En 2014, la administración de Miguel Ángel Mancera dio a conocer un proyecto de largo plazo para rescatar el barrio de La Merced, el cual incluía al barrio de La Candelaria, y se espera tenga una duración de 16 años.
 
De aquel proyecto, se construyó en 2016 el corredor semipeatonal sobre Corregidora, que también ha sido invadido por vendedores ambulantes. Además se rehabilitó el Parque Guadalupe Victoria, que está frente al Palacio Legislativo de San Lázaro, que aunque no ha sido reinaugurado oficialmente, ya lo utilizan operadores del transporte público, niños, jóvenes, personas que pasean a sus perros y hasta gente en situación de calle. El reacondicionamiento no ha terminado todavía y ya hay signos de vandalismo, grafiti, mobiliario maltratado, basura y campamentos improvisados. 

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Los trabajos de rehabilitación continúan, y aunque el parque no ha sido inaugurado oficialmente, ya es visitado y hasta vandalizado.
 
Como se hizo en los años 60, se demolieron las viejas vecindades de La Candelaria de los Patos para recuperar una zona insegura, hoy se pretende rescatar la zona en un proyecto a largo plazo, pero no se observa que estos cambios impacten positivamente en la zona. Así también lo considera el párroco de la Iglesia de La Candelaria, Luis Gutiérrez, quien explica que son muchas las propuestas y programas dirigidos a la zona, pero que no han ayudado al barrio.
 
El sacerdote dice que en el caso de las personas sin hogar, se han emprendido acciones para sacarlos de las calles, pero cuando se logra desintoxicarlos y rehabilitarlos física y psicológicamente, cuando salen de los hogares temporales se encuentran con poco o nulo apoyo, lo que provoca que vuelvan a donde empezaron, a vivir en la calle.
 
Fotos: Archivo EL UNIVERSAL.

Foto Principal: Tomada del libro Seis siglos de Historia Gráfica de México 1325-1960 Gustavo Casasola

Fuentes: Entrevistas: Jesús Petlacalco, Rosario Guerrero y Luis Gutiérrez. INEGI Censos 1980-2015. Estadísticas delictivas de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México. Libros: Una visita a la Candelaria de los Patos, Iglesias y conventos coloniales de México y Seis siglos de Historia Gráfica de México 1325-1960. Revista Luna Cornea. Hemeroteca EL UNIVERSAL.