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El sauna de Moctezuma sigue vigente

Los Baños Medicinales del Peñón funcionan desde la época prehispánica. Sus aguas termales alcanzan los 46 grados y están cargadas de minerales que han prevenido e incluso sanado enfermedades. Las instalaciones sobreviven rodeadas de un edificio de departamentos y una capilla del S. XVIII
20/05/2017
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Texto: Xochiketzalli Rosas

Fotos y galería: Ariel Ojeda

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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María Concepción Quintana reposa sentada en una silla que la emperatriz Carlota dejó en el establecimiento cuando acompañada de su amado Maximiliano acudía a relajarse en las aguas termales de los Baños del Peñón. La mujer de 67 años bebe un vaso con agua de manantial, justo como el que tomó cuando llegó; está esperando que su cuerpo se aclimate a la temperatura del ambiente, pues, entre el baño caliente y el reposo de éste en un camastro cubierto por una manta, pasó casi una hora dentro de una habitación privada.

Concepción conoce estos baños desde que era una niña. Sus padres acudían a ellos y la llevaban, pero mientras pasaban un rato en la alberca privada para parejas, ella se quedaba jugando en el jardín.

“El agua lo relaja a uno; incluso la piel y los huesos. Yo vengo cada mes desde Tacuba; tengo como cinco o seis meses de venir más seguido”, relata la mujer, mientras observa a los hombres y mujeres de blanco que asean con cloro, para después preparar el cuarto de baño con la alberca de mármol para que pase la siguiente persona. 

A este espacio ubicado en la delegación Venustiano Carranza se le ha considerado como el lugar con las primeras aguas termales de la Ciudad de México. Existe desde la época prehispánica, cuando era un pequeño islote al oriente del Lago de Texcoco que los mexicas llamaban Tepetl Zinco (Cerrito, en náhuatl), y que convirtieron en un centro recreativo, porque de él brotaban aguas termales, para que ahí asistieran los nobles, entre ellos el tlatoani Moctezuma.

Con la llegada de los españoles fue cuando recibió el nombre con el que se les conoce actualmente: Baños Medicinales del Peñón. Esto por la riqueza mineral de las aguas que las hacen efectivas para tratar enfermedades como la artritis, la bronquitis, el asma, ciática, hipertensión arterial, entre otras.

No es de sorprender que por esa razón fueran estudiadas por frailes, médicos y viajeros. Y al volverse tan famosas, a ellas acudían figuras como los emperadores Maximiliano y Carlota (quienes dejaron algunas de sus pertenencias como espejos y muebles), y el presidente Porfirio Díaz con su familia.

Justo en esa época fue la de mayor esplendor para estas aguas, ya que el suegro de Díaz, Manuel Romero Rubio —además de apoyar en la construcción de la colonia cercana a los baños y que lleva su nombre—, también mandó a remodelar la construcción. Así, las suntuosas instalaciones de dos pisos (como se puede observar en nuestra imagen comparativa) contaban con un restaurante, habitaciones de hotel, salones para fiestas, bailes y conciertos; además de una planta embotelladora para comercializar las aguas del manantial.

Años después aquella construcción sería derrumbada y quedaría la de un piso. Sería para la década de los 70 que en las actuales calles de Puerto Aéreo y la del Peñón se inauguraría el edificio actual: tres edificios de departamentos, dejando sólo en la planta baja a los baños y la capilla que data del siglo XVIII.

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“Esta agua sirve para no enfermarse. Son preventivas. Los aztecas las usaban antes de que algo hiciera crisis. Si vienen con cierta periodicidad, jamás les va a dar osteoporosis, porque con el baño van absorber litio, sodio, potasio, magnesio, calcio, cloruro, sulfatos, y 18 elementos que son compatibles con el ser humano”, narra Jorge Espinosa, un profesor de matemáticas jubilado de 70 años de edad que desde hace 15 es administrador de los Baños del Peñón.

Precisamente con la llegada de Jorge a los baños fue que se presentaron los cambios más representativos de la época actual de este lugar. Él fue el encargado de darle un mejor suministro al agua que se extrae del manantial para preservarla. Por eso mandó a colocar la tubería en el techo para conservar mejor la temperatura, además porque ahí están los dos controles que ahora impiden que la gente se abastezca sola. Se definieron los tiempos para permanecer en el agua (máximos de 20 minutos). Además estableció horarios de trabajo y constantemente envía a capacitación a los masajistas.

Su atractivo es que son curativas, dice sonriente Jorge. Y siempre que lanza algún dato hace referencia a los documentos, investigaciones y libros que acreditan lo que dice.

—¿Qué diferencia hay, entonces, entre el agua termal y la medicinal?

—La termal es caliente, la medicinal además cuenta con ciertos elementos, en el caso de aquí del Peñón pasa por piedras volcánicas, es magmática, por eso también su temperatura es valiosa porque hidrata y vitamina. Por eso para que la gente pueda meterse a las albercas y soporte lo caliente, de 15 a 20 minutos, y absorba los minerales se le debe quitar temperatura. El agua sale del manantial a 46 grados centígrados; entonces, primero la concentramos en una pileta, después pasa por la tubería (ocho tubos, con 25 mil litros de agua, que abastecen a los 32 baños) pegada al techos y finalmente cae en las tinas de mármol (que es frío) que le quitan entre cinco y seis grados, y así ya puede meterse con 40 o 41 grados.

El tiempo mínimo que puede estar una persona en el agua para que ésta le resulte benéfica son 10 minutos, para que se dé la apertura de poros y la absorción de minerales. Pero no se pueden rebasar los 20 minutos, porque la persona se puede deshidratar, se puede agotar y hasta le puede dar taquicardia y un paro cardiaco.

—Aquí cada persona va a absorber elementos diferentes, según lo que traiga descompensado, y por eso va a experimentar una mejoría, porque el agua caliente y lo que contiene ayuda, pero debe de ir al médico, más cuando ya tienen un padecimiento detectado. Aquí viene gente en bastón y silla de ruedas y le ayuda, pero sobre todo a la gente alterada por los nervios, el estrés.

—¿Y son accesibles para todo público?

—Es un lugar para la comunidad. Los precios son accesibles, pues por 850 litros de agua cobramos 200 pesos, pero si la persona tiene un protocolo médico se le hace descuento de 12.5%. Incluso contamos con una tarjeta para la gente que tiene protocolos médicos. Los masajes cuestan 300 pesos.

Y así mismo lo reconoce Concepción: “El costo de este lugar vale la pena, porque sirve para que uno se apache y mantenga la salud. A mí me ha ayudado en mis huesos, articulaciones, porque tengo problemas de artritis, estomacales y emocionales”.

Por eso, Jorge presume sin presunción los premios que las aguas del Peñón han obtenido en toda su historia. Los más representativos son: El Gran Premio de Aguas Minerales entregado en Madrid, España; una medalla de oro en Saint Louis Misuri por las cualidades de las  aguas, los minerales y los gases; el reconocimiento del Instituto de Geología de la UNAM al colocarlas a la cabeza de las aguas termales del mundo, y finalmente en 2014 en un evento de salud, ciencia y cultura, los baños obtuvieron el segundo lugar dentro de 168 participantes del mundo por sus características.

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Así luce el interior de uno de los baños. Al fondo se observa la alberca privada y al frente los camastros. En el centro uno de los bañeros, quienes se encargan de limpiar y acondicionar el espacio.

El baño de Moctezuma

Este espacio cargado de historia, no sólo por el agua a 46 grados de temperatura que emana de las profundidades de la tierra, en donde seguramente algún volcán subterráneo le otorga sus propiedades, sino también por los vestigios de piedra tallada encontrados en este sitio, así como el hallazgo los fósiles humanos femeninos más antiguos de toda América: la mujer del peñón que actualmente exhibe el INAH.

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Estos son algunas de las piedras talladas que fueron encontradas en los terrenos de los baños, el cual fue expropiado para construir una planta eléctrica del metro.

Además de la habitación de 30 metros de largo que hace miles de años era la ducha de Moctezuma. Aunque no está abierta al público, luce muy similar a las otras 32 (nueve individuales) a las que pasa la gente (500 personas a la semana). Salvo por el espacio, los acabados en mármol son iguales.   

Las albercas de mármol son privadas para una o dos personas.  El concepto es familiar: pueden entrar dos adultos y dos menores, esa es la mayor capacidad que tienen estos baños.

“Aquí no es un baño tradicional, es para que tu cuerpo se relaje y absorba… Si quieres venir a bañarte con jabón, con todo respeto, hazlo en tu casa”, dice Jorge mientras nos muestra la habitación que hace miles de años era la ducha del tlatoani.

Una de las principales reglas para acudir a este sitio es que la gente ya se haya dado una ducha antes de llegar y hayan pasado tres horas de los últimos alimentos, además de no llevar toallas o jabón o shampoo. Ahí se les proporcionan mantas para que, una vez fuera del agua, se recuesten sobre unos camastros y se envuelvan en las telas para que reposen el baño alrededor de 30 minutos (y a través del sudor expulsen las toxinas) y de esta forma conserven la temperatura que ayudará a que se desinflamen las articulaciones y se preserven los minerales en el cuerpo y la piel.

Asimismo, la principal contraindicación es que mujeres embarazadas con más de seis meses no pueden entrar a los baños, gente hipertensa no puede permanecer más de 10 minutos en el agua; porque además no sirve si la gente se mete y sale continuamente del agua.

Las habitaciones tienen un botón de pánico por si las personas no aguantan la presión y temperatura del agua, se sientan mal, se desvanecen, y así uno de los bañistas los auxilie de inmediato.

Es precisamente a un costado de la capilla que acompaña la escena que se encuentra el manantial de donde se extrae el agua a 46 grados de temperatura para abastecer a los baños. Éste tiene una profundidad de 203 metros. Pero que por la extracción de agua pierde una altura de metro y medio por año; el espejo de agua está a 68 metros.

“Si seguimos a ese ritmo su vida podría ser no mayor de 70 años. El gobierno debería de intervenir, apoyar para rescatar y difundir este espacio que es tan valioso. Los que estamos aquí somos guardianes de este lugar, somos un grupo de jubilados, porque en el 2003 querían cerrarlo, pero no lo permitimos porque también somos usuarios. Yo tengo artritis, pero por venir a este lugar la tengo controlada”, asevera Jorge.

Y es ahí cuando descubres su amor por este sitio: Jorge, aunque llegó a la administración de los baños en los años 90 (porque este espacio siempre ha estado a cargos de particulares), él lo conocía desde niño porque sus padres lo llevaban, y desde entonces supo y disfrutó de su valía.

El bañista más antiguo

Ignacio Olvera Gómez, mejor conocido como Don Nachito, tiene 90 años, de los cuales 60 lleva trabajando en estos baños como masajista, aunque antes trabajó en la aviación. Llegó a la Ciudad de México en 1955, proveniente de su natal San Miguel de Allende, Guanajuato.

Don Nachito dice que en un principio era un masajista clandestino, porque las administraciones anteriores a esta no tenían establecido este servicio, pero cuando llegó Jorge, él le pidió que capacitara a sus compañeros, ahora integrados por una planilla de nueve, y a él mismo lo envió a diferentes cursos para que se certificara.

Incluso, fue a la edad de 80 años que don Nachito obtuvo el título que lo reconocía como masajista profesional.

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“Estas aguas son maravillosas. Yo nunca me he enfermado, ni una inyección me han puesto. El agua me ha vuelto muy sano”, dice el hombre que no para de rondar los pasillos de los baños en la espera de clientes.

Él se baña diariamente ahí y a eso le atribuye su buena salud; esa que le da las fuerzas para realizar 15 masajes a la semana, aunque, dice, llegó a realizar 32 en sus mejores años. Quienes se recuestan en su camastro, permanecen durante una hora bajo la relajación muscular que les realiza en el masaje, donde también desbloquea los canales de distribución de los líquidos vitales y del drenaje de los líquidos nocivos para quitar el estrés.

En todo el tiempo que lleva ahí le ha tocado ver personalidades como Erik del Castillo, Chabelo, aunque él sólo ha asistido a los baños, Julio Alemán y Elsa Aguirre.

—¿Hasta cuándo piensa estar aquí?

—En 10 años cumplo los 100, ya pienso que voy a estar viejo. Entonces pues me voy a dedicar a viajar, a disfrutar la vida que le he dedicado a este lugar.

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Don Nachito con su uniforme blanco en uno de los pasillos de los Baños del Peñón.

La capilla en el abandono

Jorge describe cada grabado de la fachada de la pequeña capilla estilo barroco que acompaña desde el siglo XVIII a los Baños del Peñón. Y refiere que fue construida por los artesanos mexicas; por eso los tallados en la fachada son figuras de flores que significan bendición y las siluetas del agua representan la pirámide y centro ceremonial que antes estaba en ese islote.

Ésta, aunque muy deteriorada, conserva un retablo (con marcos de chapa de oro) dedicado a la Virgen de Guadalupe —así como cuatro pinturas alusivas— de ahí que su nombre sea Santa María de Guadalupe. También tiene una figura de pasta de caña de maíz conocida como el cristo del Peñón.

Y aunque el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se encargaría de la restauración, la ayuda que esperan para conservarla, asegura Jorge, aún no ha llegado pese al deterioro. Lo que más preocupa es la cúpula que se está despedazando día con día, así como que las paredes luzcan cuarteadas.

Así, mientras las autoridades deciden apoyar o intervenir para preservar este espacio con miles de años de existencia, Jorge no deja de difundir entre la comunidad la importancia del sitio, para que la gente, como la señora Concepción (y otras personas —tanto jóvenes como mayores— que se trasladan de todas las delegaciones de la ciudad) no dejen de visitar este espacio rico en historia y cultura. 

Foto antigua: Colección Villasana-Torres.

Fuentes: Entrevistas con trabajadores y administrador de los Baños Peñón. 

Carlos Villasana y Angélica Navarrete

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