Las dos reuniones del Grupo de los Siete (G-7) en Italia, la primera entre ministros de Finanzas de los países, y la segunda entre jefes de Estado, finalmente vinieron a convencer a Europa de que el mundo global y los acuerdos multilaterales en los que ha creído, por ahora no valen.

En la reunión de ministros, en Bari, Italia, a mediados de mes, los miembros de la administración Trump se negaron a aprobar el párrafo usual que condena cualquier restricción al libre comercio. Por el contrario, insistieron en que el comercio debe ser, “libre y justo”.

También insistieron en que el Acuerdo de Cambio Climático de París, firmado por el presidente Obama, no es aceptable para Estados Unidos, aunque aún no le dan la puntilla, pues por sólo se reservan su decisión para más adelante.

En la reunión de la semana pasada en Sicilia, también en Italia, ya entre jefes de Estado, incluyendo el nuevo mandatario francés, Emmanuel Macron, Donald Trump vino a reafirmar este fundamental cambio de postura y además agregó sus críticas a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico del Norte), por el alto costo que representa para los estadounidenses. Siendo un mecanismo para la defensa de Europa contra Rusia, Trump no ve caso en mantenerlo si las relaciones con Rusia mejoran.

Pero, además, en la OTAN se estableció el principio de que cada país debe gastar el 2% de su producto interno bruto (PIB) en defensa y sólo cinco miembros de los 27 de la Unión Europea (UE) cumplen con esta meta. Entre ellos Gran Bretaña, que pronto dejará la UE, y el resto países pequeños, además de Polonia. Los más grandes, Alemania, Francia, Bélgica, Italia y España, no están gastando este monto.

El mensaje está claro: el enfoque de la OTAN, en donde hay insuficiente atención al terrorismo, el cual es visto como un mayor enemigo que Rusia, ya no es adecuado. Para demostrarlo, Trump insistirá en que los miembros cumplan con su contribución de 2% del PIB. Siempre podrá reclamar sumas por los años pasados en los que no cumplieron, pero por lo pronto, con esto ejerce suficiente presión. De ahí su renuencia a reafirmar el principio de que cualquier ataque contra un miembro de la OTAN es visto como un ataque a todos y todos están obligados a actuar contra ese enemigo.

Es claro que esto dará un gran alivio presupuestal a Estados Unidos, en ahorros de gastos de defensa, además de ponerlo en una posición diplomática de exigencia. Por otra parte, su retiro, aunque sea temporal, del Acuerdo Sobre Cambio Climático, siendo una economía de energía, le da un margen extra de alivio a costos y de competitividad.

Desde luego hay muchas críticas, sobre todo sobre la nueva postura en torno del cambio climático. Pero lo importante para Estados Unidos hoy es que da un mensaje al interior de su país de que su prioridad es la economía interna y no la globalización. En cuanto a la postura de China de mantenerse en el Acuerdo y pedir que Estados Unidos también lo haga, con lo cual muchos ahora la ven como una nueva líder global, en realidad es una estratagema. Esto, porque al mismo tiempo mantiene sus planes de aumentar su capacidad de generación eléctrica a base de carbón y sus excedentes de producción de acero.

Todo esto: ¿es bueno o malo para la economía? Es bueno para Estados Unidos porque reduciría su gasto de defensa en Europa y le da un margen competitivo en energía. Es una gran presión presupuestal para Europa, que hoy tiene que tolerar alto desempleo para reducir gastos de tan solo 1% del PIB. Para China es también un alivio, aunque hoy aparente estar preocupada por el cambio estadounidense.

Analista económico.

rograro@gmail.com

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