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Curioso, dos pruebas de músculo casi simultáneas: la del PRD en el Zócalo el pasado sábado y la de Morena en el Monumento a la Revolución el domingo; más allá de las estadísticas sobre asistentes, dos demostraciones similares de la fuerza de estos partidos de izquierda y su capacidad de convocatoria.
Lo paradójico es que al mismo tiempo se evidenció la brutal división izquierdosa en el país y en su corazón, que es la Ciudad de México.
Todo indica que esta es la crónica de una ruptura anunciada. De una izquierda dividida en la batalla por la Presidencia en el 2018. La inevitable levedad de las convicciones ideológicas frente al peso gigantesco de las conveniencias y el oportunismo político.
En el caso del PRD, el desgaste ha sido sistemático y hasta creciente desde aquel cochinero de 2008, cuando dos de sus agrupamientos tribales se disputaron con ferocidad inaudita la dirigencia del partido. Aunque el momento crítico, el gran desgajamiento se produjo hace casi 5 años con la salida de Andrés Manuel López Obrador para fundar su Movimiento de Regeneración Nacional —Morena— que a pesar de los malos augurios de sus detractores ha venido creciendo inexorablemente. Tan sólo en los tiempos recientes con una migración incesante de miles de simpatizantes y militantes de a pie, igual que algunas figuras relevantes como los legisladores que recientemente han creado en el Senado de la República una poderosa fracción Morena-lopezobradorista, a partir de las renuncias al PRD y la fusión con los senadores del PT.
Cada quien sus cálculos: los dirigentes perredistas que aún perviven en ese partido, consideran que todavía están a tiempo de detener la hemorragia que los llevaría a la muerte. El mismo Miguel Ángel Mancera reconoció ayer en EL UNIVERSAL, que el Partido de la Revolución Democrática debe depurarse y acepta que el PRD sigue siendo clave en sus aspiraciones como candidato a la Presidencia en el 2018; aunque debe crearse un frente ciudadano de izquierdas. Por cierto, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México anunció que en tres meses dará a conocer su propuesta nacional de país. Calculando que pasen las elecciones en el Estado de México, a fin de que no le quiten los reflectores.
A propósito, está muy claro que la llamada Joya de la Corona, será determinante para fijar las condiciones de una hipotética alianza. Si el PRD logra el milagro con su candidato Juan Zepeda será la sorpresa del siglo y moverá todo el tablero. No obstante, las posibilidades favorecen hasta ahora precisamente a la candidata de Morena, Delfina Gómez, que, según las encuestas, llegará al final en carrera parejera con Alfredo del Mazo, del PRI. De triunfar su candidata, el mensaje será que López Obrador puede y merece ser el próximo presidente de México. Aun sin una alianza de izquierda con los perredistas, los petistas y los de Movimiento Ciudadano.
Hay sin embargo un escenario que no puede descartarse: con tal de impedir el triunfo de AMLO, el PRI y el PAN se unirían para postular en coalición a un candidato fuerte e independiente. Así que por la suma de recursos y votos de sus adversarios, una izquierda dividida perdería la oportunidad histórica de llegar la Presidencia de la República. Que con su PAN y su PRI se lo coman.
Periodista.
ddn_rocha@hotmail.com
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