Si realmente queremos fortalecer nuestra democracia, debemos fortalecer los mecanismos de exposición abierta de ideas. Menos spots y más debates significa menos monólogo y más diálogo al servicio de los ciudadanos.

En los próximos días, los legisladores federales del Partido Acción Nacional presentarán una iniciativa de reforma legal, a fin de sustituir por debates los spots de que disponen los partidos, los cuales, en general, aportan poco a la discusión pública, por su brevedad y limitantes de contenido.

Se trata de sustituir buena parte de los spots que difunden los partidos políticos, por debates, con el objeto de que los ciudadanos conozcan las propuestas de fondo de las diferentes opciones políticas, y de esta manera puedan tomar decisiones informadas y racionales.

Sabemos que hay ciertos políticos, como Andrés Manuel López Obrador, que le temen al debate, que desprecian el intercambio de ideas. Con ello dan muestra de su consiguiente desprecio por la democracia y por los medios abiertos de deliberación. Proponemos, por tanto, que aquellos presidentes de partido que no acudan a los debates, vean restringida la cantidad de spots de que dispongan sus respectivos partidos en los tiempos de campaña. Si López Obrador se niega a debatir, Morena debe perder su derecho a difundir spots.

La propuesta de Acción Nacional busca que los llamados “tiempos de Estado” en radio y televisión, sean una herramienta de los partidos políticos al servicio de la democracia; que ese tiempo, que hoy se gasta en monólogos repetitivos, se transforme en un espacio de interacción ágil, interesante y propositivo.

Una de las características de toda democracia es la deliberación pública. Sólo en regímenes autoritarios las decisiones públicas están exentas de discusión.

En las democracias modernas, en cambio, los políticos aceptan como una obligación el diálogo democrático con sus contrapartes. Ahí está el ejemplo de Estados Unidos, en donde los diferentes precandidatos presidenciales han sostenido numerosos debates para contrastar sus propuestas frente a una enorme audiencia, lo que ha generado información útil para los votantes. O el caso de España, en donde constantemente acuden los políticos de los diferentes partidos a los medios de comunicación, a confrontar de manera civilizada sus puntos de vista.

Los debates deben tener un formato flexible, ágil y abierto. Deben ser periodistas de reconocido prestigio quienes los moderen, y debe haber amplia libertad para los medios de comunicación en el diseño del formato.

Politólogos destacados como Robert Dahl, Maurice Duverger o Jürgen Habermas han señalado, en repetidas ocasiones, la importancia de abrir el debate público y romper con las concepciones elitistas de la democracia. Las personas tienen derecho a conocer cuáles son las posturas de los diferentes partidos en torno a los grandes temas de la agenda nacional. Parafraseando a Benjamin Barber, una democracia fuerte y deliberativa es aquella que resuelve sus conflictos a través del diálogo, el debate y el contraste de ideas.

Los temas deben ser tratados a fondo. Esa es la enorme diferencia entre un debate y un simple spot. Los mexicanos merecen saber exactamente qué proponen los partidos para aumentar el salario de los trabajadores, respecto al conflicto magisterial, a la violencia en las manifestaciones públicas, al cinismo de gobernadores que amasan fortunas, manipulan Congresos y heredan deudas impagables. Los ciudadanos deben saber si los partidos tienen respuestas ante la crisis de nuestras instituciones y el estancamiento de nuestra economía. Y sobre todo, los electores exigen saber qué harán los partidos, si el voto les favorece, para acabar con la corrupción y la impunidad que agobian nuestra vida pública. Ya es hora de dar la cara y hablar de frente.

Menos spots y más debates; menos monólogo y más diálogo; menos guiones recitados y más contraste reflexivo de ideas es lo que necesita nuestra democracia.

Dirigente nacional del PAN

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