En la Cumbre del Clima COP21 que se está celebrando en la ciudad de París en un momento en que las preocupaciones por el cambio climático van en aumento, se tomarán decisiones que seguramente tendrán un gran impacto en nuestro país.

México está avanzando en su integración a la región Asia-Pacífico que, sin duda, está llamada a ocupar un papel preponderante en el escenario global del siglo XXI en términos económicos, políticos y culturales. Pero esta creciente influencia también le impone grandes responsabilidades con la comunidad internacional. Por eso me parece muy positivo que el tema del cambio climático reciba la más alta importancia. Es indispensable que todas las naciones asumamos la parte de la responsabilidad que nos corresponde a fin de enfrentar este reto, que sin duda es el desafío ambiental más importante que haya experimentado la humanidad en su historia.

México fue el primer país en desarrollo que puso en marcha un programa para enfrentar el cambio climático. Creo que es un buen momento para revisar si hemos cumplido con los temas que habíamos comprometido con la comunidad internacional. Cuando México fue sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, COP16, se lograron importantes acuerdos para limitar el incremento de la temperatura global, así como para financiar acciones de mitigación del cambio climático y de adaptación a sus efectos, a través del Fondo Verde Climático. Sin embargo, se puso de manifiesto la dificultad de implementar y financiar estos acuerdos en un momento en el que las presiones por la crisis económica ocupan el centro de la agenda de los gobiernos.

Es triste ver cómo para muchos países invertir en el cuidado del medio ambiente es hoy un lujo, no una necesidad urgente. Para otros, hablar de economía verde y de salida de la crisis son propósitos incompatibles.

México debe apostar por que sí es posible pensar en un equilibrio entre crecimiento económico y cuidado del medio ambiente. Se debe ver la actual crisis económica global como una oportunidad única para replantear aquellos esquemas de producción y consumo que no sólo han mostrado que no son financieramente viables, sino que también representan una amenaza para los recursos naturales a escala global.

El desafío consiste en crear los incentivos o los castigos necesarios para que los actores económicos y sociales se sumen al esfuerzo para transitar a una economía baja en carbono. En un entorno adecuado, el cuidado de la naturaleza puede ser un poderoso motor de innovación tecnológica, crecimiento económico y progreso material. Yo estoy convencido de que las naciones que encuentren la manera de armonizar estos objetivos serán las que logren una mayor prosperidad en este siglo XXI.

México debe ser una nación cada vez más responsable en términos de sustentabilidad ambiental, cuestión que resultará de gran importancia para las futuras generaciones. Estoy convencido de que, en materia de cambio climático, lo más costoso es no hacer nada; es decir, si no actuamos ahora en contra del cambio climático, los costos económicos para las naciones serán significativamente mayores. La inacción y la inercia son un lujo que el mundo simplemente ya no puede darse.

Nuestro éxito en la conservación del medio ambiente y de nuestros recursos naturales dependerá de nuestra capacidad para actuar ahora. La COP21 es tal vez la última oportunidad que tenemos para mitigar los efectos del cambio climático, no la dejemos pasar. Gobiernos, empresas y sociedad debemos trabajar por una economía baja en carbono para proteger nuestro medio ambiente antes que sea demasiado tarde.

El buen cuidado de la naturaleza es la única manera de alcanzar prosperidad y justicia social en las décadas por venir. La apuesta nunca ha sido mayor. El futuro depende de nuestra sabiduría y de nuestra valentía para hacer lo necesario para salvar a nuestro planeta. México debe ser una nación firmemente comprometida con la causa del medio ambiente.

Abogado.

@jglezmorfin

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