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Lenta, ruidosa maduración de las democracias

Los juicios sobre la trayectoria de Jacobo Zabludovsky, a unos días de su despedida, han exhumado el debate sobre las condiciones en que se realizó el ejercicio periodístico en México hasta antes de la alternancia democrática
08/07/2015
03:31
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Los juicios sobre la trayectoria de Jacobo Zabludovsky, a unos días de su despedida, han exhumado el debate sobre las condiciones en que se realizó el ejercicio periodístico en México hasta antes de la alternancia democrática. Fue un proceso de lenta, errática, callada evolución hacia las libertades informativas, en contraste con una estridente pero igualmente morosa maduración en el ejercicio de las libertades democráticas por parte de nuestro sistema de medios.

Desde que Raúl Trejo Delarbre me dio la tesis de doctorado de la académica española Elisa Chuliá Rodrigo, La evolución silenciosa de las dictaduras, referida al “régimen de Franco ante la prensa y el periodismo”, me dediqué a hacer paralelismos con lo que podríamos llamar ‘la evolución silenciosa de los regímenes autoritarios’ en referencia al pasado régimen mexicano de partido dominante.

Es difícil encontrar puntos de comparación entre los primeros tiempos de cárceles, secuestros y homicidios de periodistas desafectos a la dictadura franquista —en los años que siguieron al fin de la guerra civil española, en 1939— con alguna época del siglo XX mexicano que no sea la última década de la dictadura porfiriana.

Códigos no escritos. Pero en lo que respecta a los tiempos que Chuliá llama de ‘normalización’ de las leyes dictatoriales en España, a partir de 1949: la de censura —que establecía el poder de la burocracia para decir lo que se podía y lo que no se podía publicar—, y la de consignas —que prescribía el poder de los funcionarios para decidir cómo publicar lo que se permitía— podría haber un paralelismo, si bien, lleno de matices.

Porque la verdad es que nunca se impuso en las leyes mexicanas este tipo de restricciones a las libertades informativas, aunque sí se fue desarrollando en el país un entramado complejo de intereses político-empresariales de control de la comunicación pública, a través del cual se agregó, al monopolio del poder político propio del sistema de partido dominante, un monopolio de la definición primaria de la agenda pública mediante diversas formas de subordinación de los medios.

Digamos que hacia finales de los cuarentas, en que se ‘normalizó’ en España la dictadura franquista, en México se fueron definiendo códigos no escritos con lo que se podía o no se podía publicar (incluyendo los cómos), sin necesidad de la imposición legal de un régimen de censura y consignas.

Cultura de la colusión. El método consistió en una mezcla de apoyos materiales a los medios con la activación de una serie de recursos persuasivos de carácter cultural en torno a la figura del Presidente de la República, además de los disuasivos: la explícita o velada amenaza de uso de la fuerza —económica, política, policial— por parte de un poder estatal cada vez más concentrado y con cada vez menos contrapesos.

Un paralelismo más llano, aunque con calendarios desfasados, podría advertirse en los graduales procesos de liberación de ambos sistemas de medios, a partir de los sesentas en España y a finales de los setentas en México. Fue un proceso —no sin altibajos— que en España culmina con la muerte de Franco, a finales de los setentas, y en México en los noventas, con una liberalización económica que eliminó las bases materiales de la colusión del Estado con los medios, si bien sobrevivió hasta la fecha una arraigada cultura de la colusión, ahora diversificada.

Pero todavía más claros que en la evolución silenciosa y pausada de nuestros sistema de medios, resultan nuestros paralelismos en la ruidosa y demorada maduración de nuestras democracias en lo que toca a la calidad de nuestras esferas públicas, con un sector de nuestros medios en que prevalece la estridencia y la invectiva sobre la información y el análisis. En los juicios sobre la trayectoria de Zabludovsky —de claroscuros inevitables en más de 70 años en el oficio— predominó en algunos espacios la misma simplificadora, rijosa ‘borrachera democrática’ que registró Marco Levario en su libro de hace tres lustros.

Director general del Fondo de Cultura Económica

José Carreño Carlón es académico, profesor, periodista y escritor. Es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, cuenta con el Master of Public International Law por la Rijks...
 

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