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El discurso del secretario de la Defensa, General Cienfuegos, refleja muy bien el saldo negativo de la estrategia emprendida por Felipe Calderón hace diez años; enormes recursos invertidos a cambio de un crecimiento exponencial de los homicidios y la inseguridad ciudadana. Fue contraproducente. En el gobierno de Fox los muertos por esa razón sumaron 9 mil, frente a los cien mil o más del gobierno calderonista. Hoy los mexicanos se sienten más inseguros. Pero los defensores de la estrategia dicen que el incremento de la violencia a partir de entonces es una lamentable casualidad. ¿Era mejor eso que no hacer nada? Depende. De acuerdo a la “teoría del avispero” que plantearon varios especialistas desde 2007, en efecto hubiera sido mejor no hacer nada (o no eso), pues el avispero molestaba en cierta medida pero sus efectos estaban limitados al rincón donde se hallaba. Al darle de palos, las avispas invadieron toda la casa. Si hay un incendio limitado y no se dispone de agua, es mejor no hacer nada que “apagar” el incendio con gasolina. Lo dijo bien el General Cienfuegos: “la inseguridad no se resuelve a balazos”. Calderón resultó ser un auténtico “peligro para México”, pero quienes por él votaron no lo imaginaban. Y Margarita Zavala ofrece continuar este esquema que, en su óptica, es el correcto. Así, un eventual voto para ella en 2018 será un voto por continuar esa fallida estrategia por seis años más (seguramente con los mismos resultados). Ricardo Anaya, en cambio, dice que esa estrategia no funcionó.
Por otro lado, es verdad que el Ejército, como dijo Cienfuegos, fue llevado a realizar actividades “que no nos corresponden”, pues no se le preparó para “perseguir delincuentes”, pues su profesión “es otra y se está desnaturalizando”. Se supone que cuando las policías estén listas para hacerse cargo de esa tarea (es decir, cuando superen su actual putrefacción, se preparen, tengan el presupuesto necesario, sean confiables y decidan trabajar para el Estado y la ciudadanía en lugar de hacerlo para la delincuencia), entonces el Ejército podrá volver a sus cuarteles. Quienes aún creen en un regreso triunfal de los militares a los cuarteles, no han entendido nada. Quién sabe en qué siglo tendremos policías confiables y eficaces, pero suponiendo que lo lográramos, ¿tendría sentido que el Ejército regresara a los cuarteles? ¿Para qué lo queremos ahí? ¿Para enfrentar una eventual invasión por parte de Guatemala o Cuba, o una guerra contra Estados Unidos (por virtud de las agresiones de Trump)? Dada nuestra actualidad geopolítica, esos escenarios tienen una probabilidad de casi cero (o sin el casi) de concretarse.
Pero no estoy proponiendo la militarización permanente del país que muchos temen. Más bien es a la inversa; transformar al Ejército en una Guardia Civil. Es una idea planteada desde hace años por algunos especialistas. Se puede aprovechar la estructura nacional del Ejército, su solidez institucional, su armamento, organización y disciplina, así como su organigrama jerárquico, para tener una fuerza nacional que se mantenga en la lucha contra la delincuencia (preservando su función frente a desastres naturales). Se tendría que, ahora sí, preparar a sus efectivos para esa tarea específica (incluyendo protocolos de derechos humanos), y entonces no se podrá decir que estaría haciendo labores “que no nos corresponden”, según se quejó el General-Secretario. Eso no significa que deba perpetuarse para siempre la estrategia actual, pero aún modificándola, sus efectos de inseguridad y violencia quedarán ahí por mucho tiempo más (el avispero agitado). Y lo más realista es suponer que no tendremos las policías que se necesitan, al menos en el mediano plazo. Por lo cual el Ejército seguirá en las calles. Mejor que sea un órgano adaptado y preparado para esas labores, y no que continúe como ahora, desempeñando funciones en las cuales se siente a disgusto. Varios países han adoptado un modelo similar. Y podemos confiar en que Belice no nos declarará la guerra, al menos no en mucho tiempo.
Profesor del CIDE
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