La pugna interna del PRD sobre las alianzas electorales para este 2016 no es por principios ideológicos, ojalá y así fuera. Se trata, como siempre, de una pelea por definir cuál de las corrientes que lo integran se queda con la maquinaria del todavía hoy principal partido de izquierda.

Después de que hace escasos dos meses el Congreso Nacional del PRD nombró a un candidato externo como presidente nacional del Partido, para darle una salida a su incapacidad para procesar los conflictos entre sus tendencias y para sortear su muy frágil institucionalidad, hoy, las tensiones internas ponen en riesgo preservar el acuerdo que colocó a Agustín Basave al frente del partido. El PRD está en la puerta de una nueva crisis de dirección e integración, por la política de alianzas que defiende Basave como fórmula para evitar una mayor caída electoral del PRD.

La propuesta del presidente del PRD es establecer alianzas amplias con el PAN en 8 de los 12 estados en los que habrá elecciones este año (Veracruz, Puebla, Durango, Tamaulipas, Oaxaca, Zacatecas, Tlaxcala e Hidalgo). Tal como ha sucedido en el pasado, este tipo de alianzas con un partido de ideario y programas distintos para enfrentar al enemigo común, alterna candidatos provenientes de uno y otro partidos, es decir, en un estado respaldan a un candidato del PAN y en otro a uno del PRD (el ejemplo más claro de este esquema hace seis años fueron las alianzas en Puebla (PAN) y Oaxaca (PRD).

A la fecha, sólo existe acuerdo sobre Durango y Zacatecas, pero el centro de la atención se ha colocado en Veracruz que, para el dirigente del PRD es la joya de la corona, en primer lugar por las dimensiones poblacionales y electorales del estado y porque no ha tenido alternancia en el poder y es paradigma nacional de la corrupción y la inseguridad. Veracruz tiene el tercer padrón electoral más grande del país, después del Estado de México y el DF, con cerca de 5.5 millones de empadronados. Hay que recordar que en 2010, el PRI colocó a Javier Duarte en la gubernatura con 43.5% de la votación, pero el PAN estuvo muy cerca, con un 40.99% y el PRD con sus aliados obtuvieron 12.9%, es decir, una coalición amplia le habría ganado al PRI la gubernatura. En Veracruz, la competitividad se ha manifestado en diversas coyunturas, pues en 2012, el PRI perdió frente al PAN la elección presidencial en Veracruz, y hace tres años, el PRI ganó 26 de las 50 curules del Congreso estatal, con 37.3% de la votación, el PAN sólo obtuvo 10 asientos, con una votación de 26.4% y el PRD, 2 diputados con el 10.5%.

¿Qué exigen quienes se oponen a las alianzas y que controlan 15 de los 25 lugares del CEN del partido que habrá de resolver el día de hoy si se aprueban o no? No son razones ideológicas, aunque en el pasado Congreso Nacional acordaron que las alianzas amplias serían excepcionales. Lo que demandan es una mayor distribución de posiciones entre las corrientes internas. Miguel Barbosa, el líder del PRD en el Senado, se opone a la alianza en Veracruz porque respalda a un candidato que no proviene del PRD y Alianza Democrática Nacional (ADN) demanda mayores espacios para todas las “expresiones” dentro del partido.

Lo que no parece debatirse es la dudosa calidad moral y política del candidato del PAN a la gubernatura veracruzana, Miguel Ángel Yunes. Basave ha insistido que la alianza busca construir “bloques programáticos y de gobierno” para rescatar al estado de los abusos del régimen autoritario del PRI, ¿de verdad piensa que su propuesta es viable con ese candidato?

El PRD se juega mucho en las elecciones estatales de este 2016, porque habrá de enfrentar una vez más al partido de López Obrador que lo quebró en dos en 2015. Su reto vuelve a ser cómo asumir su mayoría de edad, adoptando fórmulas reguladas de disciplina y cohesión que dejen atrás la necesidad de liderazgos personalizados.

Académica de la UNAM

peschardjacqueline@gmail.com

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