Las semanas recientes se ha derramado sangre de inocentes por culpa de la intolerancia y el pensamiento ultraconservador que todavía algunas personas tienen. En eventos aislados, pero que tienen como común denominador la violencia y discriminación, en Veracruz, México, y en Orlando, EU, bares que eran visitados, en su mayoría, por personas de la comunidad gay, fueron atacados por cobardes que provocaron la muerte de 53 personas —4 y 49 personas, respectivamente— y decenas de heridos.

A pesar de que en nuestro país algunas entidades, como la Ciudad de México y Coahuila, ya reconocen el matrimonio igualitario, hay muchos otros en los que este hecho se sigue viendo como un acto “anormal”, “antinatural” y que va “contra las buenas costumbres”.

Esta forma de pensar, aunque refleja las diferentes formas de ver las cosas en el país, no deja de ser la que en ocasiones se manifiesta en actos violentos como los que mencioné al principio. Y no sólo han sido estos casos, pues diariamente podemos ver en las calles que las personas atacan o discriminan a las parejas del mismo sexo; o los numerosos casos de los que me he enterado en mis recorridos por el país, en los que el padre de familia rechaza a su hija o hijo por sus preferencias, al grado de lanzarlo fuera de casa. Esto tiene que parar.

Afortunadamente, el 17 de mayo, nuestro presidente Enrique Peña Nieto dio un gran paso rumbo a la igualdad y el respeto a las parejas del mismo sexo con la iniciativa que busca reconocer el matrimonio civil igualitario ante la Constitución, la cual, contempla una modificación al Artículo 4°, que permitirá “contraer matrimonio a todas las personas sin discriminación alguna”.

De aprobarse esta iniciativa, México se sumaría a los 20 países del mundo que ya reconocen como legal el matrimonio igualitario, por ejemplo, Francia, España, Noruega, Colombia, Países Bajos, Argentina, Uruguay, Canadá, entre otros.

Éste, considero, es uno de los pasos más importantes que estamos dando como país rumbo a la igualdad legal; sin embargo, aún hace falta mucho por hacer a nivel social para que todos en México tengamos los mismos derechos y los vivamos a plenitud, con independencia de ideologías, de perfil económico y social. No se trata de privilegios, sino de derechos.

Estoy segura que muchos tenemos a un amigo o familiar que sufre discriminación por sus preferencias y también estoy segura que a todos nos gustaría que pudieran vivir sin la discriminación y violencia que aún seguimos viendo en varios de nuestros estados.

Como lo he dicho en varias ocasiones y respecto a varios temas, considero que la única vía para alcanzar la verdadera igualdad y comenzar a construir un presente y un futuro más igualitario es a través de la educación de nuestros hijos. Si les inculcamos pensamientos discriminatorios de cualquier tipo, sólo estaremos fomentando la violencia, y las escenas que vivimos hace unas semanas serán cada vez más comunes.

Debemos entender que sólo a través de la igualdad de oportunidades, todos tendremos la libertad de realizar nuestros sueños y alcanzar nuestras metas sin importar dónde ni cómo hayamos nacido, siendo nuestro esfuerzo, trabajo y dedicación lo más importante.

Diputada federal por el PRI

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