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Escribir sobre las bondades de la Reforma Energética podría ser reiterativo; hablar de mayor inversión, competencia, empleo o desarrollo ya se ha dicho por muchos y de diversas formas.
Quiero compartir una reflexión sobre otras aristas de esta reforma.
La reforma constitucional abre el sector energético corrigiendo las deficiencias del pasado. Al contrario de las privatizaciones improvisadas y desreguladas de los años noventa, hoy estamos frente a una apertura inteligente y estratégica, que será la más vigilada y transparente de nuestra historia.
La diferencia es que esta vez la reforma de los artículos 25, 27 y 28 constitucionales, y las 21 leyes secundarias, se nutren de un proceso de más de 30 años de liberalización económica. Sin duda, la principal lección de este proceso es que la supervisión del Estado es condición sine qua non para garantizar el correcto funcionamiento del nuevo modelo energético.
Las privatizaciones en años anteriores no generaban nuevas inversiones, el Estado se desprendía de activos y luego con créditos sobre éstos o tarifas aumentadas se hacían inversiones; ahora es totalmente diferente, se conforma un nuevo arreglo institucional que refuerza la supervisión y coordinación de la política energética pero que no transfiere activos y sí fomenta nuevas inversiones.
En esta ocasión la idea no es privatizar ni vender, sino abrir para aprovechar la inversión privada como un motor de crecimiento pero sin renunciar a la soberanía sobre nuestros hidrocarburos. El objetivo es que nuevos jugadores inviertan, traigan tecnología y le apuesten a México. Al mismo tiempo, propiciamos que Pemex y la CFE se renueven y compitan en piso parejo, con otras empresas globales.
La reforma energética impulsada por el presidente Peña Nieto establece un arreglo institucional con pesos y contrapesos, instancias de vigilancia y nuevos órganos reguladores. Se trata del fortalecimiento de la propia Sener, de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, de la Comisión Reguladora de Energía, de la nueva Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente del Sector Hidrocarburos, del Centro Nacional de Control de Gas Natural, del Centro Nacional de Control de Energía y sin duda del Fondo Mexicano del Petróleo. Estos órganos tienen el expertise y autonomía necesaria para velar por los intereses del país.
La oportunidad en este sexenio es enorme. Con el inicio de la Ronda Uno damos un paso importante para, con toda transparencia, llegar a 3 millones de barriles diarios de petróleo, 8 mil millones de pies cúbicos de gas natural, medio millón de empleos y abasto de energéticos a precios competitivos.
Por primera vez en nuestra historia la apertura económica se reconcilia y fortalece con un verdadero sentido nacional. Desde un marco normativo de vanguardia, con una supervisión estratégica del Estado, pero atractivo para la inversión privada, hoy México abre su sector energético sin riesgos de futuros rescates y sin perder soberanía en beneficio de todos los mexicanos.
Coordinador general de Puertos y Marina Mercante.
guillermo.ruizdeteresa@yahoo.com
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