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Lore Guillé, directora ejecutiva de Fundación Cinépolis, nos invitó a un grupo de personas y organizaciones a hablar sobre un tema que aunque siempre está en el ambiente, no se trata ni como problema, ni como materia a discutir.
El tema: ¡qué demonios es “naco”!
Acudió un diverso público para dialogar sobre las implicaciones del clasismo y el racismo en nuestro país.
Creo que uno de nuestros problemas nacionales de fondo es que no hemos superado los mexicanos el racismo, ni el clasismo.
Eso es tan grave que ni siquiera se habla de ello. Pero está ahí; todos los días, inhibiendo el sano desarrollo de buena parte de la población indígena, mestiza y criolla.
Han habido 13 generaciones desde Moctezuma Xocoyotzin hasta la nuestra.
Desde niño aprendí en mi casa que México es un país rico gracias al enorme legado de los diversos pueblos; sus cosmovisiones, culturas, expresiones artísticas, cocina y lenguas, entre muchas otras manifestaciones de grandeza.
Nuestro pueblo es ejemplo de muchas capacidades, gran creatividad, probada generosidad y valores.
Sin embargo, en los tiempos actuales, en lugar de valorar la riqueza que implica la diversidad, parte de la sociedad nacional o internacional tiende a discriminar.
Frente a la división que eso genera podemos hacer que nuestro país se vea en un espejo y vaya en ascenso hacia el aprecio de los valores de cada grupo, la inclusión y el respeto al ejercicio de los derechos humanos de todos.
Esa aportación no sólo es una necesidad nacional, sino un imperativo global.
¡Admiremos al mundo frente al individualismo y el marketing del estereotipo global!
Después de analizar estos problemas y generar reflexiones, quienes acudimos con Lore, hemos convenido construir juntos un marco para el cambio.
Hay mucho qué hacer.
Por ejemplo: nuestros pueblos rurales tienen mucho que enseñarnos. Pienso en el tequio (del náhuatl tequitl, trabajo o tributo), como una práctica organizada de trabajo en beneficio de la comunidad que debe apreciarse.
Ese trabajo colectivo ni siquiera se reconoce como aportación a las cuentas nacionales.
Es importante empezar a cambiar como personas, y contagiar a quienes nos rodean, mejorando nuestro entorno. Poner un alto cuando recibimos correos o mensajes con contenido discriminatorio.
En palabras de Mahatma Gandhi “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.
Cuando hablemos del clasismo o del racismo en México recordemos que no podemos estar criticando a Trump que hable mal de nosotros si nosotros hacemos lo mismo hacia el interior; si nosotros nos tratamos igual hacia adentro e, incluso, en el tema migratorio, si nosotros tratamos igual o peor a los inmigrantes de Centroamérica y el Caribe.
El crecimiento de la xenofobia que hoy preocupa al mundo entero y que está modificando los valores occidentales debería ser el gran acicate de México para resolver sus problemas internos y ponerle el ejemplo al mundo de cómo impulsar la equidad y la inclusión.
Presidente ejecutivo de Fundación Azteca.
@EMoctezumaB
emoctezuma@tvazteca.com.mx
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