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La reciente visita a nuestro país de la canciller de Alemania, Angela Merkel, resultó altamente significativa en un contexto en que la integración internacional a nivel cultural y económica está siendo cuestionada por distintos grupos de interés.
En momentos en que tanto México como Alemania han sido blanco de los impulsos populistas y aislacionistas, ambos países se presentaron como promotores del libre comercio y socios confiables en los temas de la agenda global, incluyendo el comercio, la seguridad y el cuidado del medio ambiente.
Explícitamente, la canciller Merkel mencionó que uno de los objetivos de su visita de Estado era reconocer los avances del modelo mexicano y destacar la valentía del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para impulsar las reformas estructurales junto con otras fuerzas políticas.
Finalmente, la canciller dijo que el mundo ve a México como un país confiable y creíble, y es el país que quiere seguir viendo.
La visita de la canciller alemana coincidió con el anuncio de las últimas cifras de visitantes internacionales en México. En los primeros cuatro meses de 2017 recibimos 12.5 millones de turistas que dejaron una derrama de 7 mil 605 millones de dólares, datos importantes que reflejan un incremento anual de 9% en el número de turistas y de 10.6% en el ingreso de divisas. En especial destacan los resultados de abril, ya que recibimos 19% más turistas y 13% más divisas turísticas que en el mismo mes de 2016.
Ambos eventos nos llevan inevitablemente a la reflexión sobre la importancia que ha tenido para nuestro país mantener una política de apertura al mundo y los esfuerzos que hemos hecho desde hace más de 30 años por atraer inversión y conocimiento, al tiempo de aumentar nuestros mercados de exportación y turísticos.
Lo anterior ha permitido a México ser exitoso en varios sectores de relevancia mundial, como la industria automotriz, en la que México es el cuarto exportador del planeta y donde la inversión alemana ha resultado esencial; lo mismo sucede con la emergente industria aeroespacial, en la que México es el sexto proveedor de Estados Unidos y que es imposible de explicar sin las inversiones y el conocimiento de empresas de Norteamérica y Europa.
La historia reciente nos ha enseñado que el proceso de globalización no es una imposición de un grupo de naciones o de grupos de interés, sino que es producto de la evolución humana; la integración mundial supera a lo comercial y económico y alcanza esferas fundamentales como los derechos humanos y la conservación ambiental.
Resulta difícil, si no imposible, encontrar países que hayan logrado un éxito económico y una paz duradera aislándose y oponiéndose a esta forma de organización en el mundo. En cambio, los países más avanzados son los que tienen un historial consistente en promover el libre tránsito de personas, ideas y mercancías.
En el caso de México, durante el llamado período de desarrollo estabilizador, se registraron las tasas de crecimiento económico más altas de nuestra historia, sin embargo, el brote de los gobiernos populistas impidió realizar los ajustes que se requerían para integrar al país a la economía global que se fortalecía en esa época. Así, los desequilibrios generados por estos gobiernos para mantener un tipo de cambio fijo y el excesivo endeudamiento público terminaron por colapsar la economía.
Desde entonces hemos hecho los cambios necesarios y hoy tenemos una economía sólida, capaz de enfrentar vaivenes internacionales y de generar oportunidades de desarrollo y de crecimiento para sus habitantes.
Sin dejar de reconocer que persisten carencias, es claro que al interior de México los estados y regiones más abiertos al exterior, ya sea por su vocación exportadora o turística, están desarrollándose más rápido que aquellos que están más cerrados y donde prevalecen las viejas formas.
Por ello, para enfrentar los retos que tenemos, más que esperanzarnos en una vuelta al pasado o en una serie de promesas vacías, los mexicanos debemos de confiar en nuestras capacidades demostradas, perfeccionar nuestro modelo de mercado y democracia liberal, y llevar sus beneficios a todas las regiones del país.
Secretario de Turismo
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