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Es común encontrar entre la clase política mexicana perfiles que pasaron de la sencillez a la opulencia en sólo unos pocos años. Se trata de personajes que encontraron en el servicio público el medio más efectivo de acceder a una mejor calidad de vida por medio del abuso del dinero y los recursos que facilita el poder. El ciclo que comienza en la escasez y termina en la riqueza mal habida se convierte de mala manera en nuestra normalidad.
El gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval Castañeda, es un ejemplo más del lujo y la ostentación que se consolidaron al amparo del poder. Como revela hoy EL UNIVERSAL, el mandatario se ha caracterizado por sus gustos extravagantes al vestir, por ser un entusiasta criador de caballos, además de que suele rodearse de personalidades del deporte y el espectáculo en sus actividades cotidianas. Sobre Sandoval también recaen sospechas de corrupción, según la información disponible.
La corrupción y el mal uso de los recursos públicos son hoy, junto con la inseguridad, parte de los temas más sensibles para la sociedad mexicana. El desfile de políticos y funcionarios corruptos se ha hecho cotidiano, ya que de forma sistemática la ciudadanía es despreciada por quienes ostentan el poder. Peor aún, la impunidad ante la corrupción sigue siendo la regla en México, donde la ley no funciona igual para todos.
Roberto Sandoval se une a la lista de nombres de políticos y funcionarios de alto nivel a quienes se señala por, al menos, abusar de sus funciones. El gobernador comparte militancia partidista con personajes de la talla de Javier y César Duarte, ex gobernadores de Veracruz y Chihuahua, respectivamente, perseguidos por delitos cometidos contra el patrimonio de los estados que administraron.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI), de donde emanaron estos tres personajes, tiene una deuda con la ciudadanía porque su política de combate a la corrupción de militantes no ocurre hasta que estallan los escándalos. Más aún, el PRI no es claro porque, aunque desde el discurso asegura que acabará con la corrupción de sus miembros, no la enfrenta abiertamente a pesar de que militantes con responsabilidades públicas son señalados como presuntos delincuentes.
El rechazo de una buena parte de los mexicanos a la manera en la que los gobiernos federal, estatales y municipales se conducen no es una simple casualidad. Con su ejemplo, el gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval, nos recuerda la necesidad de contar con mecanismos institucionales que permitan detectar y detener a quienes inauguran su fortuna a partir del acceso al dinero público.
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