Volver al país después de pasar décadas fuera de él y luego de haber hecho una vida en Estados Unidos no es fácil. Mucho menos si el retorno no es voluntario, sino producto de la deportación. Al tocar suelo mexicano los connacionales llegan frecuentemente sólo con la ropa que traen puesta y sin documento alguno que los identifique.

Es ahora, cuando el gobierno estadounidense ha tomado como bandera la deportación de migrantes indocumentados, el momento en que el gobierno mexicano voltea a verlos y a ofrecerles atención.

La respuesta, sin embargo, se fortalece cada vez más y suma participantes. El Poder Ejecutivo anunció la asignación de una partida de mil millones de pesos para los consulados en el país vecino, recursos provenientes de la devolución que hizo el INE, por su política de austeridad. El Poder Legislativo se comprometió a estar específicamente atento al desempeño de los 12 consulados más importantes y a promover la mayor asignación de recursos, de ser necesario. Las universidades públicas del país acordaron también recibir a los jóvenes mexicanos indocumentados, alumnos de educación superior, que sean deportados. La promulgación de los cambios a la ley educativa, hecha por el Ejecutivo esta semana, cierra el círculo para atender a los llamados dreamers.

A esas acciones se ha agregado el Poder Judicial por medio de defensores públicos que se encuentran en los principales cruces fronterizos para dar atención a los connacionales, tan pronto sean devueltos al país. En medio de la confusión e indefensión que significa volver a su patria en las condiciones en que lo hacen, los abogados coadyuvan en la regularización de bienes, arreglos sobre derecho de familia, revalidación de estudios e incluso para obtener identificaciones, entre otros trámites.

Las deportaciones de mexicanos desde Estados Unidos han ocurrido siempre, principalmente en los últimos años. En un comparativo de la cifra de mexicanos repatriados en los primeros meses del año de 2016 y de 2017, la variación es relativamente mínima.

De darse un incremento en el número, se espera que esta ocasión sea bien canalizado el potencial que representan los connacionales que vuelven. Se trata de personas que pueden aportar ideas diferentes en cualquier ámbito en que se desarrollen sean la construcción, el campo o áreas más profesionales, con el añadido de que varios de ellos contarán incluso con recursos para desarrollar proyectos de emprendimiento.

En muchas situaciones prevalecerá el inevitable drama humanitario, pero habrá que saber responder de manera adecuada a cada caso. En este momento se perciben acciones y la presencia del apoyo federal. Bien atendido y bien canalizado, el retorno de migrantes debe plantearse como una oportunidad. Hay que saber aprovecharla.

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