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Durante el último siglo los mexicanos hemos estado acostumbrados a que el precio de la gasolina sea el mismo en todas las estaciones de servicio del país, sin importar el número de clientes de cada estación o la calidad del producto ofrecido. Eso se acabará a partir de la libre importación de gasolinas.
En caso de aplicarse la reforma energética como se debe, las reglas del mercado serán las que determinen los precios, como ocurre en el resto de los productos y servicios, no lo establecido por una autoridad. Suena bien en la teoría, pues los precios bajarían junto con los costos de producción y de la materia prima requeridas para elaborar gasolina; es decir, mientras más bajo esté el barril de petróleo, menor tendría que ser también el valor del hidrocarburo refinado.
El problema es que el ajuste hacia un esquema de libre mercado traerá como consecuencia inmediata un aumento de precio muy por encima de lo que hemos visto en lo que va de este siglo. En entrevista con Carlos Loret de Mola, el director de Pemex, José Antonio Sandoval, aceptó que el incremento a las gasolinas oscilará “más o menos” en un rango entre 15% y 20%. Es decir, un peso más por cada cinco que hoy cuesta.
No es una decisión arbitraria de Pemex o Hacienda. El mercado abierto a la competencia en la venta de gasolina en México estaba considerado en la reforma energética a partir de 2017. El hecho de que así ocurra implica que el gobierno considera la existencia de condiciones adecuadas para evitar alteraciones que pudieran interferir con el piso parejo entre competidores.
El mayor aumento a las gasolinas hasta ahora se dio el pasado lunes 1 de agosto, cuando la Magna, el combustible más utilizado, se incrementó 56 centavos para quedar en 13.96 pesos el litro. La inflación ha reaccionado en consecuencia. Es previsible que con variaciones mayores de precio, la inflación deje también de ser tan estable como hemos visto en años recientes.
El drástico ajuste hace añorar ahora los deslizamientos de ocho, nueve u once centavos que se dieron a lo largo de varios años y que fueron en ese entonces calificados por la gente como “gasolinazos”. Es cierto, la Magna disminuyó de 13.57 pesos el litro en diciembre de 2015 a 13.16 pesos al iniciar este 2016; sin embargo, no parece haber en el horizonte un nuevo alivio al bolsillo del consumidor.
El panorama económico que viene se anticipa duro ante la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. La liberalización energética puede ser la medida correcta en el largo plazo, pero en el marco de las dificultades económicas actuales, las autoridades deben tener en cuenta también la necesidad inmediata de la población.
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