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De acuerdo con un borrador de la política de comercio que seguirá el gobierno de Donald Trump, y que no fue desmentido por su equipo, desde el día uno de su administración comenzaría el proceso de reformar la política comercial estadounidense, lo que incluye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Durante su campaña, el candidato republicano fue un feroz crítico del acuerdo trilateral por considerarlo perjudicial para su país. Lo que parecía una lejana posibilidad se está convirtiendo ahora en una cercana realidad, tras el triunfo logrado hace una semana por el magnate neoyorquino.
Canadá ya manifestó su disposición a renegociar, si es necesario. En las últimas horas el gobierno mexicano se ha expresado también en el mismo sentido. Revisar tratados comerciales no es nuevo para el país, se ha hecho con otros acuerdos. Pero incluso si no se modifica, no significa que el TLCAN seguiría cumpliéndose al pie de la letra. Baste recordar que el Tratado permitía a camiones mexicanos transitar por carreteras estadounidenses, lo cual fue incumplido casi 20 años por varios gobiernos, incluido el de Barack Obama. Luego de varios programas piloto se autorizó el cruce para empresas que cumplían requisitos. El tema fue fuente de conflictos y controversias bilaterales.
Ante el riesgo que representa Trump en el gobierno estadounidense, cabe preguntarse si el gobierno ha tomado algunas acciones adicionales además de declarar que está listo para una inminente renegociación.
Es importante comenzar a trabajar desde ahora en otros aspectos. ¿Se ha hecho contacto ya con empresarios mexicanos y estadounidenses que se encuentran estrechamente ligados por el acuerdo comercial? Ellos pueden abonar a defender cualquier intento de cancelación del pacto.
¿Hay acercamientos con ciudadanos estadounidenses amigos de México? Muchos tienen vínculos con el Partido Republicano y podrían colaborar, a manera de embajadores honorarios en Estados Unidos, para señalar la interdependencia entre ambas economías, a raíz del TLC.
La agresiva postura de Trump contra México y sus ciudadanos requiere de comenzar a tejer de inmediato una red de apoyos interna y externa que pueda servir de contrapeso a cualquier intento de adoptar medidas unilaterales perjudiciales para nuestro país.
Frente a las amenazas que ha vertido el presidente electo Trump, no basta con declaraciones o notas diplomáticas de México. Hay que aglutinar a todos los eventuales afectados para encarar el problema. Con relativa facilidad se puede formar un frente bilateral en defensa del TLC. Si no se ha hecho, es hora de comenzar a pensar en él.
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