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Poco notorio en las grandes ciudades, el trabajo infantil en México es una realidad que no se puede ocultar. Aunque de acuerdo con el Inegi ha disminuido, pues en 2007 eran 3.6 millones los menores de edad que trabajaban y en 2013 la cifra disminuyó a 2.5 millones, todavía hablamos de un fenómeno que se cuenta por millones y que es señal de que algo no se está cumpliendo en materia de protección a la niñez.
¿Qué lleva a los menores a ocupar gran parte de su tiempo libre en actividades laborales, en lugar de dedicarlas a actividades para reforzar el aprendizaje escolar o al juego como la mayoría de los niños del país y del mundo? Ellos mismos han dado sus respuestas: trabajan para pagar su escuela o pagar gastos propios o porque en el hogar se necesita de su trabajo; un menor número señala que lo hace por gusto o únicamente por ayudar.
Lo cierto es que hay una conexión inevitable entre pobreza y trabajo infantil, por eso no es coincidencia que un diagnóstico de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentado la semana pasada, revelara que los tres estados con mayores índices de marginación, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, concentran la quinta parte de los menores que laboran en el país.
La OIT ha identificado que la ocupación infantil se registra principalmente en economías pequeñas y rurales en las que no hay inspecciones de trabajo ni organizaciones que protejan derechos de los trabajadores. La agricultura es el principal sector en el que se desenvuelven. En México es conocido el éxodo que hacen familias enteras de Oaxaca —de la región mixteca, principalmente— y de otras entidades, para trasladarse a campos de cultivo en Sinaloa, Sonora o Baja California con el fin de emplearse en la pisca de productos agrícolas. Ahí, la mano de obra infantil es bienvenida.
A la cifra de los 2.5 millones de niños que laboran, el Inegi suma otras: la mitad no recibe ingreso por la labor que desempeña y buena parte padece altos niveles de explotación en largas jornadas de trabajo y bajos salarios. La diferencia entre la situación citada y la condición de esclavitud es muy poca.
La pobreza es un factor determinante del trabajo infantil, pero no el único. La OIT encontró que indígenas e inmigrantes (interestatales o transnacionales) conforman la mayoría de la población infantil que trabaja. El diagnóstico ya lo realizó el organismo internacional. Se conocen las zonas donde ocurre. El objetivo que debe plantearse desde ahora un grupo multisectorial es claro: ningún niño en puestos de trabajo, si se quiere empezar a romper el ciclo terrible de la pobreza.
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