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Es por salud y no por la molestia de trasladarse sin la comodidad del auto que la mayoría de los habitantes de la Ciudad de México y su zona conurbada están dispuestos a endurecer el programa Hoy No Circula, entre otras medidas necesarias para mejorar la calidad del aire en la capital del país. La interpretación de este sentir ciudadano se desprende de la respuesta que dieron mil encuestados por este periódico al preguntarles sobre cómo se habían visto más afectados durante el último periodo de contingencia ambiental, decretado la semana pasada: la mención más frecuente fue problemas como mareo, dolor de cabeza y molestia en los ojos.
Hace más de dos años el gobierno capitalino se vio inmerso en polémica cuando su Secretaría de Medio Ambiente decidió incrementar el número de días de descanso de los autos con más de 8 años de antigüedad. El centro de la discusión radicó en que se dejaba con menos opciones de transporte a un sector de la sociedad cuyos niveles de ingreso le impedían cumplir con las normas.
Al final, una decisión de la Suprema Corte de Justicia no sólo invalidó la posibilidad de que el programa Hoy no Circula se endureciera con base en el criterio de antigüedad de los autos, sino que además abrió la puerta para que cientos de miles de vehículos volvieran a andar en las calles de la Ciudad de México, a pesar de no haber cumplido con todos los requisitos.
Sería lógico pensar, después de estos acontecimientos, que la gente se manifestaría contraria a nuevas medidas en favor de la calidad del aire. Sin embargo, 57 por ciento de los habitantes del valle expresó que el programa Hoy no Circula sí ha contribuido a disminuir la contaminación en la capital del país.
Un programa más estricto, combatir la corrupción en los verificentros, que los autos dejen de circular dos días de la semana y la desaparición del holograma doble cero son las propuestas que los encuestados mencionaron con mayor frecuencia. Es decir, las personas están dispuestas a sacrificar comodidad si tal cosa conlleva un beneficio a la comunidad.
Los gobiernos estatales de la zona centro del país —y la administración federal— tendrían que tomar en cuenta estos números. Contrario a la respuesta que los ciudadanos suelen esgrimir ante otros problemas, esta vez admiten su parte de responsabilidad y no delegan sólo en los políticos la carga de actuar al respecto.
La contingencia ambiental vivida la semana pasada nos hizo recordar que el problema de la contaminación atmosférica no se resolvió en los años 90, cuando las medidas hasta hoy vigentes fueron creadas. Aprovéchese la coyuntura para desterrar la posibilidad de una nueva crisis.
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