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El lugar que hoy conocemos como la ciudad de México y su zona aledaña fue alguna vez el gran Lago de Texcoco, del cual hoy sólo quedan remanentes. La destrucción de ese antiguo cuerpo de agua cambió el panorama de esta zona, pero no alteró las condiciones climatológicas y orográficas que le permitieron nacer. Por eso las inundaciones siguen presentándose en la urbe, particularmente en el oriente, donde las obras hidráulicas de varios gobiernos federales y estatales han prometido cambios duraderos que siguen sin llegar.
En unos años será diferente, dice en entrevista con EL UNIVERSAL Roberto Ramírez de la Parra, director general de la Conagua, pues la zona oriente —cada año afectada por inundaciones— se beneficiará de un plan hídrico sin precedente en el país, afirma.
El proyecto va de la mano con la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el cual se asentará en la zona colindante con municipios como Nezahualcóyotl, Ecatepec, Chimalhuacán y Texcoco, que suelen sufrir inundaciones. La obra, añade Ramírez de la Parra, ayudará a los casi 7 millones de personas que habitan la zona conformada por esas localidades.
“Muchas de estas obras están conceptualizadas desde hace 10 años y no se habían podido hacer por falta de presupuesto”, dice el titular de Conagua.
No se trata sólo de entubar flujos provenientes de la precipitación pluvial y mandarlos al desagüe, como se pudiera pensar; una salida fácil del pasado que desaprovecha recursos naturales cada vez más escasos. Más bien se creará un sistema lagunario para captar el agua de lluvia. A lo anterior se suman 21 plantas de tratamiento para revertir el estado actual de los ríos de la zona oriente, que llevan aguas negras.
Parece la solución duradera que se necesitaba desde hace siglos en la zona. Aun así, no hay que echar campanas al vuelo. Asumiendo que el plan es el adecuado, todavía queda el riesgo de la instrumentación. En el pasado, obras destinadas a impedir inundaciones en Tabasco, Estado de México o en la misma ciudad de México han resultado en sonoros fracasos, ya sea por errores o por beneficiar a privados a costa de la calidad de los materiales empleados o del rigor.
Otro es el riesgo político. Se planea entre 2017 y 2018 la culminación de la obra. Si por alguna razón hay imprevistos o retrasos, ¿se hará el sacrificio de posponer una inauguración muy rentable en términos de legitimidad? Hay que prever el escenario.
El éxito de la obra no sólo solucionaría inundaciones; daría referencias a otros lugares en el país de cómo enfrentar el problema tanto de la escasez como del sobrante de agua.
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