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El Chapo y sus "derechos"

15/07/2015
03:00
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Polémica ocasionaron las palabras del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuando explicó que las cámaras no videograbaron todo el espacio donde estuvo el fugado Joaquín Guzmán Loera por “razones de derechos humanos, de respeto a la intimidad”. Pero sobre todo cuando dijo que el brazalete preventivo que tenía El Chapo no contaba con geolocalización “pues es la propia Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) quien no permite el uso de brazaletes dentro de los penales”.

Se abrieron así viejas heridas, que datan desde los años 90 del siglo pasado, cuando se argumentaba que el surgimiento de la CNDH había dado pie a una supuesta defensoría de delincuentes que dejaba sin justicia a las víctimas. Una concepción errónea, sin duda, pero recurrente desde entonces.

La CNDH dijo ayer, en respuesta, que no establece las normas bajo las cuales deben regirse los penales, sino que sólo observa y verifica que en los centros de retención se respeten la dignidad y los derechos fundamentales de las personas. A su vez, la organización civil Amnistía Internacional dijo que las recientes declaraciones del secretario “pueden causar confusión respecto a que los derechos humanos son un factor clave en la fuga de criminales, desconociendo que la evasión de la justicia se debe a la corrupción endémica del sistema de seguridad”.

La forma en la que Osorio Chong pronunció las polémicas frases dieron espacio a la interpretación. Si bien, en efecto, incluso los peores criminales tienen derechos humanos —esos no se pierden—, lo dicho se entendió en algunos círculos como una justificación de que la culpa de la fuga no era del gobierno federal, sino de protocolos ajenos a su control. Ya aclaró el secretario que no es eso lo que quiso decir. Lo preocupante, sin embargo, es que, ante la ausencia de controles limitados por los derechos, no existieran otros para suplirlos.

Para empezar, la videovigilancia en el baño de El Chapo no tendría por qué ser la única o la más importante medida de precaución. Aun sigue sin ser respondida por las autoridades la pregunta de si el cambio de celda debió ser constante, para evitar justo lo que al final pasó. Queda la duda también sobre si debió existir sin supervisión una construcción a tan poca distancia del penal, la cual, además, implicó trasladar toneladas de tierra.

Haber tenido cámaras vigilando el baño de Joaquín Guzmán y un brazalete con GPS no habría evitado su fuga porque la corrupción alcanzaba para eso y más. Hay que recordar: en Puente Grande había cámaras y no registraron nada.

La discusión sobre los derechos humanos es pertinente, mas no el eje. El centro del debate es la colusión y su alcance.

 

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