Europa enfrenta hoy el enorme reto de gestionar el éxodo de cientos de miles de desplazados de África del Norte y Oriente Medio —la más grande ola migratoria desde la Segunda Guerra Mundial. Se calculan 800 mil a final de año— que a causa de conflictos como la guerra civil en Siria o el avance del fundamentalista Estado Islámico en Irak, buscan desesperadamente ingresar al continente europeo.
Pese a que el tema migratorio es especialmente vulnerable a simplificaciones y maniqueísmos, debe tenerse presente que el tema es mucho más complejo de lo que aparenta a los ojos de los dos extremos del espectro ideológico. No todos los migrantes son potenciales destructores de la cultura local, ni los países europeos tienen la ‘obligación’ de acoger a todo el que toque la puerta en perjuicio de su seguridad y economía.
Una solución intermedia sería lo más conveniente, y ésta consistiría en recibir a quienes verdaderamente lo necesitan, con orden, compartiendo el peso de la manutención entre el mayor número de países posible, procurando con ello facilitar la recuperación de los indocumentados, sin con ello incentivar que en el futuro se tengan mas oleadas masivas, pues la situación económica de Europa no esta para mantener a millones de refugiados.

Se ha criticado a los gobiernos del viejo continente por no reaccionar de manera rápida ante la crisis. En su descargo cabe decir que la población dentro de los países europeos tampoco está unida. En las dos naciones donde mayor solidaridad se ha mostrado, Francia y Alemania, la mita de la gente expresa a través de encuestas que no está de acuerdo con recibir a más migrantes.
Queda claro que la responsabilidad de Europa —y de toda la comunidad internacional— no es recibir a todo el que diga ser perseguido, sino ayudar a las naciones en problemas a superar conflictos que en buena medida fueron promovidos por países extranjeros. Y eso implica invertir en el desarrollo, para que la gente no tenga que salir en primer lugar.
No es descabellado pensar, ante la magnitud del drama humano que presenciamos, que la carga de los refugiados bien pueda repartirse también en otros continentes.

Porque, en casos como éste, la responsabilidad no es solamente de los actores involucrados. Ha hecho falta una actuación contundente del conjunto de naciones desarrolladas, tanto para coadyuvar a dar solución a la guerra civil en Siria, como para terminar con ISIS. Y no se trata de intervenir en países donde se puede generar una situación más grave. Ahí están los casos, justamente, de Irak o Libia, peor tras las intervenciones occidentales.

Más bien debe hablarse de una coordinación internacional que resulte en el auxilio y asilo de todos aquellos que lo requieran —por un lado— y en una estrategia conjunta de Naciones Unidas, por otro, para la resolución de los conflictos que originan la migración.

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