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Chapotitlán

No queremos ser prisioneros de los presos de un sistema criminal. De un orden “legal” que cubre, protege, ampara y facilita el crimen organizado
14/07/2015
02:00
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Ah qué pintor tan hábil, usando la brocha tan de prisa! El sábado por la noche, después de tomar un baño, a bordo de una motocicleta, a toda velocidad recorriendo un túnel con ventilación, subiendo por unas escalerillas y después volando en su jet privado, aplicó esta última manita de pintura. Ahora es un tono todavía más estridente que el rosa mexicano de Barragán. Se llama “chapotitlán”.

El color chapotitlán tiene problemas. Es creación de quien no tiene la menor intención de conseguir alguna belleza. El que dio la última manita testificó que él se dedica a la agricultura y al comercio de sus cultivos. No dijo, pero se dice, que hacer túneles y utilizarlos es parte de su profesión, y que él es uno de los grandes protagonistas de la violencia que vive México.

Quién quita que si no fuera agricultor y comerciante de este tipo de productos, no se habría perfeccionado en la práctica de construcción de túneles y actividades criminales. No se sabe con precisión cuál es su mayor talento, además del cultivo y la eficacia comercial, si el soborno, la crueldad, el arrojo, la esclavitud del prójimo, o si ser el títere dócil de otros que se sientan en sillones más cómodos que él (curules, o sillas ergonómicas en oficinas públicas o en altos puestos financieros). Las biografías diatríbicas o denigratorias lo centran en su propia historia, pero ¿y si él es el apóstrofe en la biografía de otro? ¿Si es alfil y no rey de su tablero? ¿Si “lo escapan” y lo capturan a gusto del rey que lo gobierna, para negociar con el que encabeza desde la Presidencia otras fichas? El Chapo sería una carta caliente, el As con el que se gana importante partida. Y su brocha estaría al servicio también del rey dicho.

Sea o no súbdito de un supuesto rey, el sábado por la noche, la brocha en su mano pintó el chapotitlán intenso. Si es que es su hijo quien escribe en Twitter (como “Mientras más se sabe, más se sufre”), esos mensajitos están cargados de errores ortográficos. ¿Por qué, señor agricultor y comerciante, por qué, si dinero no le falta, no lo envió usted a las mejores escuelas del mundo, donde aprendiera a escribir y fuera políglota y experto en ingeniería y matemáticas?, ¿por qué no lo hizo?, ¿en eso podemos leer parte de tu retrato?, ¿por la misma razón escogió ese tono para la última manita que le ha dado a nuestra fachada? Pero eso sí: quien lleva la cuenta “oficial” del Chapo sí cursó lecciones de gramática y ortografía. ¿A quién esclaviza para escribírselos? ¿O es un voluntario ghost-writer?

Lydia Cacho recuerda su visita al Penal del Altiplano, donde empezó el periplo de la brocha dicha. En cada rincón hay cámaras y sensores, es imposible entrar con ningún objeto en mano. El tono chapotitlán proviene de donde “hasta las moscas están inventariadas”. Bajo estricto control estatal, el chapotitlán no es un color improvisado, sino supervisado.

Al creador del tono chapotitlán no le importa el gusto o la belleza del tono en que va bañando con su paso. A mí me disgusta ese color. No estoy a solas en esto. A tirios y troyanos nos incomoda. Algunos troyanos piensan que con decir que seguimos siendo rosa mexicano basta y sobra. Los tirios creemos que no queremos sólo maquillarnos de otro tono, sino obligar a los que, con brocha en mano, nos han ido dando al traste. No queremos ser prisioneros de los presos de un sistema criminal. De un orden “legal” que cubre, protege, ampara y facilita el crimen organizado.

Hace pocos días recibí en el portátil una llamada: era la voz de una jovencita que me llamaba “mamita” y me pedía auxilio. Decía que la habían subido a una camioneta. Me pasó a su “captor”, quien inmediato me pidió conservar la calma y dio instrucciones de cómo podíamos “solucionar” el problema. Pasó de la serenidad, al insulto. No olvidaré la voz.

Posiblemente el secuestro fingido provenía de otra prisión. Intenté denunciar por teléfono el intento de fraude, sin conseguirlo; nunca me tomaron la llamada. El tono chapotitlán entró a nuestros hogares. Cientos de miles han perdido a sus hijos. Y todos hemos perdido el tono nuestro. Ya no más.

Carmen Boullosa, novelista, poeta y dramaturga, premios Xavier Villaurrutia, Liberaturpreis de la Ciudad de Frankfurt, Anna Seghers de Berlín, y Café Gijón, y cinco NY EMMYs.

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