En este nuestro México católico y jacobino —entre los mexicanos, la mayoría en el círculo verde es católica y la mayoría en el círculo rojo es jacobina— la presencia de un Papa monopoliza y polariza el debate mediático. No puedo mantenerme al margen. Presido un partido político progresista, republicano y laico, pero a menudo se olvida que ese partido da cabida a católicos de izquierda (como yo mismo).

Los críticos izquierdistas del catolicismo olvidan que una de las tres aportaciones de la izquierda latinoamericana al mundo es la Teología de la Liberación (las otras son la Teoría de la Dependencia y el Socialismo Indoamericano). Miles de perredistas profesamos la fe católica y nuestra religión, lejos de ser lastre retardatario, es motor de transformación, fuente de inspiración para combatir la injusticia social y luchar por un país más igualitario y menos corrupto. Las raíces del cristianismo están en la rebeldía contra los privilegios de unos cuantos y a la exclusión de muchos; no en balde fue objeto de persecución durante siglos. Por lo demás, el PRD rechaza todo tipo de intolerancia y discriminación, incluidas las que van dirigidas hacia los creyentes. Se trata, a fin de cuentas, de un imperativo de respeto a los derechos humanos.

A mi juicio, la tesis de que la religión debe ser un asunto individual, íntimo, se ha tergiversado. La corrección política que dicta que un buen político católico es un católico de clóset es equívoca. Gente como el obispo Raúl Vera, el padre Solalinde, el ciudadano Javier Sicilia, muchos jesuitas y laicos que defienden públicamente sus causas justicieras, movidos por convicciones religiosas, hacen política y merecen respeto. La espiritualidad no tiene por qué confinarse a los templos; también en los espacios públicos puede darse la lucha social de creyentes a quienes nuestra fe nos dice que la desigualdad es moralmente condenable. Ateos, agnósticos, musulmanes, budistas o cristianos que compartimos la indignación ante un orden global cada vez más egoísta y desigual, tenemos el derecho y la obligación de pugnar por un mundo más justo y de ir más allá de las oraciones en el intento por construirlo.

Francisco no es un teólogo de la liberación, pero es un Papa reformista que le está haciendo bien al catolicismo y al mundo. Son agradecibles su discurso de misericordia y paz, sus acciones a favor de la apertura y en contra de los anacronismos y de los abusos de la jerarquía eclesiástica y su mediación en el conflicto Cuba-Estados Unidos. Seguramente no podrá criticar a este gobierno priísta por la corrupción, la miseria y la violencia que desgarran a México, pero dejará importantes mensajes entre líneas.

¿Queremos una representación limpia o no? No deja de sorprenderme la virulenta reacción que suscitó la petición que el presidente del PAN y yo hicimos a la Comisión Bicamaral de Seguridad Nacional para informarnos sobre posibles lazos de candidatos con el crimen organizado. “Es como ir a una tlapalería a pedir leche”, dijo el vicecoordinador de los diputados priístas demostrando que nada hay más grotesco que una ironía fallida. La cantaleta de “se quieren lavar las manos” es burda: la gente nos va a pasar la factura por los representantes que empiecen o acaben coludidos con la delincuencia, pese a que en las regiones infestadas por el narco nadie se salva del alto riesgo de postular candidatos que ya lo estén. La pregunta es si queremos o no —todos, partidos y autoridades— evitar una mayor infiltración de la criminalidad en nuestros gobiernos. Y la respuesta es que el PRI-gobierno se niega a darnos información que ayude a impedir candidaturas sucias porque prefiere que los opositores nos tropecemos con ellas para sacar raja política. Los partidos no tenemos órganos de inteligencia, mientras ellos tienen al Cisen, el cual puede informar a la Comisión Bicamaral. Si realmente carece de facultades, ¿no puede dárselas el Congreso? ¡Por favor! Si quisieran que México tuviera una representación política limpia colaborarían con nosotros, en vez de medrar electoralmente con nuestra falta de información. Lo cierto es que el priísmo gobernante pone sus intereses partidistas sobre el bien del Estado y de la sociedad.

Presidente nacional del PRD

@abasave

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