24 | MAY | 2019
Votación sobre el aborto: Irlanda está ahora en el campo secular de Europa
Mensajes en un monumento conmemorativo a Savita Halappanavar un día después de que el referéndum para liberalizar las leyes de aborto fuera aprobado por votación popular, en Dublín, Irlanda - Foto: Clodagh Kilcoyne/REUTERS

Votación sobre el aborto: Irlanda está ahora en el campo secular de Europa

01/06/2018
14:39
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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Al ganar el voto por el “sí” para derogar la enmienda constitucional de 1983 de la República de Irlanda que garantiza el derecho a la vida de los no nacidos, la Isla Verde fortalece su posición en una Europa que se aleja de la ortodoxia católico romana

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Se esperaba que ganara el viernes pasado en la República de Irlanda el voto por el “sí” para derogar la enmienda constitucional de 1983 que garantiza el derecho a la vida de los no nacidos, lo que hace ilegal el aborto excepto si el embarazo amenaza la vida, pero no con tanta ventaja, con un resultado final de 66.40% sobre 33.60% para el campo del “no”.

En consecuencia, la Isla Verde fortalece su posición en una Europa que se aleja de la ortodoxia católico romana. “La realidad es que la gente está adoptando un enfoque a la carta”, declaró después del estremecedor referéndum el líder de la Iglesia Católica de Irlanda, el arzobispo Eamon Martin.

En la radio pública irlandesa, Martin indicó: “Creo que lo que este referéndum afirma es que Irlanda ahora se está formando como una democracia liberal occidental, especialmente en asuntos como el aborto, orientación sexual, asociaciones civiles, matrimonio y divorcio. La gente se identifica como católica y la escucho asegurar que es católica, pero no acepta las enseñanzas de la iglesia”.

Las palabras del arzobispo resumen el camino seguido por sus coterráneos rumbo al liberalismo social europeo.

Alguna vez firme seguidora del dictado vaticano y su dogmatismo en temas fundamentales, como el aborto y el matrimonio del mismo sexo (aprobado en referéndum en 2015 por 62% de los electores, en lo que constituyó la primera ocasión en que un Estado legaliza este tipo de unión mediante el sufragio popular), como Polonia, España e Italia, la sociedad irlandesa evolucionó de una orientación conservadora, agraria, pobre y relativamente aislada a un “tigre celtaurbano, egoísta, postmoderno y rico, ansioso de alcanzar a sus vecinos avanzados.

Es probable que este proceso se haya acelerado después de la crisis financiera de 2008-2012.

El “sí” a la derogación de la octava enmienda barrió prácticamente en todos los rangos demográficos: urbanos y rurales (40 de 40 demarcaciones y todos los condados, a excepción de Donegal, en la frontera con Irlanda del Norte), mujeres (70%) y hombres (65%), jóvenes y adultos maduros. Sólo en el grupo de 65 años o más el “no” logró mayoría.

Por lo tanto, el gobierno de Dublín y funcionarios como Simon Harris, Ministro de Salud que hizo campaña activamente por el “sí”, cuentan ahora con fuerte respaldo para la ley que proponen en el Oireachtas (Legislatura) que permitiría el aborto en los primeros 12 meses de embarazo, sujeto a supervisión médica y un periodo de reflexión, así como después de 24 semanas en casos excepcionales.

Como el Taoiseach (Primer Ministro) Leo Varadkar lo calificó, se trata de una “revolución tranquila”. Por cierto, Varadkar es el primer jefe de gobierno irlandés que procede de una minoría étnica (india), es el más joven en desempeñar el cargo (38 años al ser elegido) y es el primero abiertamente homosexual.

La marea va al norte

Malta y el Vaticano son ahora los únicos países europeos donde el aborto está completamente prohibido, mientras que a nivel internacional hay otros tres países, República Dominicana, El Salvador y Nicaragua.

El impacto del voto derogatorio es particularmente duro en Irlanda del Norte, donde la oposición laborista desafía a la Primera Ministra británica, Theresa May, para que demuestre sus “credenciales feministas” y relaje las estrictas leyes locales sobre el aborto.

Shami Chakrabarti, quien ocuparía el puesto de procurador general en una administración laborista, manifestó que las reformas que deben colocar a las norirlandesas a la par con el resto del Reino Unido son una “prueba” para la lideresa conservadora.

Agregó que a menos de que se restaure en breve la descentralización de poderes en Belfast, las autoridades británicas no pueden seguir ignorando el sufrimiento de las mujeres vulnerables en Irlanda del Norte.

Regina Doherty, Ministra irlandesa de Empleo, acrecentó la presión sobre May, al enfatizar que su país, donde la nueva ley estará en vigor a fines de 2018, “fijó el tono” de lo que debe ocurrir en el norte.

Todos los ojos estarán puestos en el papa Francisco durante su visita de agosto a Dublín, para participar en el Encuentro Mundial de las Familias.

Los estrategas del Vaticano no podían esperar más malas noticias, en el marco de una iglesia cada vez más irrelevante y plagada de escándalos de abuso sexual autoinflingidos (los 34 obispos de Chile ofrecieron en mayo su renuncia a Francisco, tras un episodio de abuso de menores y su encubrimiento), así como de una incapacidad para conectar con los católicos contemporáneos.

Procedente de “los confines de la Tierra” como el pontífice declaró, podría señalarse que Francisco ha abandonado la batalla por las almas europeas. Está enfocado en el futuro en América Latina, África y Asia, donde son populares sus ideales jesuítas que dan prioridad a los pobres.

No obstante, el primer jefe no europeo de la Iglesia Católica en casi mil 300 años enfrenta un reto creciente del clero del Viejo Mundo: en Polonia, ahora considerada la nación más fiel de Europa, hay una fusión entre los valores tradicionales que el papa Juan Pablo II promovió y el nacionalismo extremista del partido Ley y Justicia en el poder, que rechaza el llamado de Francisco a aceptar a los migrantes y proteger el medio ambiente.

En otros países como Italia, Hungría y Croacia, los funcionarios eclesiásticos no vacilan en expresar su nostalgia por los días en que el papa Benedicto XVI identificaba al laicismo y la inmigración masiva como los mayores desafíos para la identidad europea.

Sin embargo, el pontífice bávaro renunció hace cinco años y hoy, viviendo en silencio en el retiro, se ha convertido en el símbolo de un orden moral declinante y urgido de renovación.

Editado por Sofía Danis
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