México y el conflicto entre Palestina e Israel

Como en el actual conflicto detonado por la decisión estadounidense de reconocer en Jerusalén a la capital de Israel, la política de México sobre la disputa entre palestinos y hebreos ha sido congruente a través de los años
Bandera israelí cerca de la Cúpula de la Roca, ubicada en la Ciudad Vieja de Jerusalén, en el complejo conocido por los musulmanes como el Haram al-Sahrif o el Noble Santuario y para los judíos como el Monte del Templo - Foto: Ammar Awad/REUTERS
16/12/2017
07:22
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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Como en el actual conflicto detonado por la decisión estadounidense de reconocer en Jerusalén a la capital de Israel, la política de México sobre la disputa entre palestinos y hebreos ha sido congruente a través de los años.

Al igual que la mayoría de la comunidad mundial, incluyendo a Washington, nuestro país respaldó el establecimiento de Israel en 1948 después de la Segunda Guerra Mundial, pero también jugó una posición de equilibrio, que identificó a Tel Aviv como la capital israelí de facto, donde instaló su embajada -las relaciones diplomáticas se remontan a 1952-, además de apoyar el derecho de los refugiados palestinos a regresar a Jerusalén y Cisjordania y, lo más importante, la creación de un Estado palestino independiente en el territorio ocupado por las fuerzas hebreas en la guerra de 1967, con sede en la Ciudad de las Tres Religiones.
 

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Durante la Guerra Fría, la política exterior mexicana, basada en los principios de no intervención, autodeterminación, solución pacífica de las controversias e impulso al desarrollo, registró varios problemas con Israel y la comunidad judía internacional derivados de las crisis bélicas en Medio Oriente, así como por la estrategia de colonización en Jerusalén y Cisjordania. En 1975, por ejemplo, México votó en favor de la Resolución 3379 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que definió al sionismo, la filosofía del Estado hebreo, como una forma de racismo, lo que provocó un boicot turístico de los judíos estadounidenses contra el país.

La relación mejoró notablemente tras la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México e Israel en 2000. Sin embargo, no han dejado de suscitarse otros incidentes, como cuando el primer ministro Benjamin Netanyahu recalcó este año en Twitter su apoyo al muro fronterizo con México planeado por el presidente estadounidense, Donald Trump, o cuando la cancillería cesó en 2016 al representante de México ante la Unesco, Andrés Roemer, por ausentarse de la votación de una iniciativa -aprobada- para conservar el patrimonio cultural y religioso del Monte del Templo en Jerusalén Oriental, misma que después fue “corregida” con una abstención en lugar del sufragio a favor.
 

"El presidente Trump está en lo correcto. Yo construí un muro en la frontera sur de Israel. Paró toda la inmigración ilegal. Gran éxito. Gran idea", escribió Benjamín Netanyahu haciendo referencia al muro que Israel construyó durante la Segunda Intifada.

Gira de trabajo

Como muestra de la relación madura y plena que disfrutan ambas naciones, el mismo Netanyahu visitó México del 13 al 15 de septiembre pasados, en lo que constituyó la primera gira de trabajo de un jefe de gobierno israelí al país. Netanyahu se reunió con el presidente Enrique Peña Nieto, con quien acordó la modernización del TLC bilateral y firmar varios convenios sobre servicios aéreos y de cooperación internacional para el agua, la agricultura, el emprendimiento y la innovación. A su vez, Peña Nieto le agradeció la ayuda brindada después del terremoto del 7 de septiembre en México, que se acrecentaría con el envío de una brigada de rescatistas luego del segundo sismo del día 19.

No obstante, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) fue muy clara en anunciar el 6 de diciembre pasado que México mantendrá su embajada en Tel Aviv, decisión que explicó, está amparada por la Resolución 478 que adoptó el Consejo de Seguridad de la ONU en 1980, así como por las resoluciones pertinentes de la Asamblea General y el contenido de los Acuerdos de Oslo de 1993.

Puntualizó que México “seguirá también apoyando las reivindicaciones históricas del pueblo palestino” y reiteró la necesidad de negociaciones directas y sin precondiciones entre israelíes y palestinos”, para subrayar que el proceso deberá resolver “los problemas sustantivos, incluido el estatuto definitivo de Jerusalén” y llegar a la “solución de dos Estados”.

Por su lado, la relación diplomática bilateral con Palestina se ha mantenido en un perfil moderado, ya que en México -como en Ramallah, Cisjordania, sede de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)- están acreditadas oficinas de representación de las dos partes, sin alcanzar el rango de embajada. Yasser Arafat (1929-2004), líder histórico palestino, no llegó a visitar nuestro país, situación que se ha repetido con Mahmoud Abbas, actual presidente de la ANP. Sin embargo, Riad Malki, ministro de exteriores de la ANP, efectuó tres giras en 2009, 2011 y 2012; en ésta última, participó en la ceremonia de toma de posesión del presidente Peña Nieto.

Editado por Sofía Danis                     
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