El comercio y el desarrollo mundial llegan a un punto de inflexión

¿Libre comercio global o proteccionismo y mercados internos?
Monitor informativo – Foto: J. J. Guillén/EFE
26/01/2018
11:55
Gabriel Moyssen
Ciudad de México
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¿Libre comercio global o proteccionismo y mercados internos? Este año, ante grandes decisiones como el destino del TLCAN y del TPP, México y el mundo han ingresado a una transición más profunda, tanto política como económica, que definiría un cambio en los paradigmas actuales.

La razón es obvia: Tras un año en el poder, la presente administración de Estados Unidos avanza en su agenda aislacionista de derecha con el retiro del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el virtual fin de las negociaciones del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) y la renegociación en curso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En la Unión Europea, no obstante la alentadora elección en 2017 del presidente Emmanuel Macron en Francia y la resistencia mostrada por la canciller federal alemana, Angela Merkel, el campo globalizador quedó seriamente debilitado por el retiro británico del mercado común (Brexit) y el ascenso del nacionalismo en todo el viejo continente.

Debido a la volátil naturaleza de la Casa Blanca y la incertidumbre alrededor de sus decisiones políticas más importantes, creemos que aún es muy temprano para anunciar el fin del TLCAN o su degradación a un pacto regional hueco e insignificante, pero también es evidente que los modelos de desarrollo económico que alguna vez fueron relegados y olvidados por el “pensamiento único neoliberal” están de regreso en el escenario y que uno de ellos es la Sustitución de Importaciones, conocida en México como el Desarrollo Estabilizador.
 

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Raúl Prebisch - Foto: Tomada del sitio web del CEPAL

Promovido por Raúl Prebisch, director ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas en la etapa de posguerra, este modelo sentó las bases de la Economía Estructural y de la Teoría de la Dependencia, en la que un país cambia gradualmente sus importaciones y producción interna, para enfocarse en la industrialización al costo de bienes “superfluos” y su reemplazo por capital y bienes intermedios por cierto periodo de tiempo.

Prebisch—más tarde secretario general fundador de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en 1964-1969— y la CEPAL fueron muy influyentes y de alguna forma sus teorías resultaron emuladas en México desde los años 40 con el presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1976), a fin de fortalecer y acelerar la fabricación de bienes de consumo no duraderos como la base de la acumulación de capital.

El milagro mexicano

Con el paso del tiempo, la también llamada “industrialización auto-centrada”, con el respaldo del presupuesto público, subsidios gubernamentales y elevadas barreras arancelarias para los productos importados, logró el reemplazo de una economía orientada a la agricultura y la minería con un sector empresarial mexicano boyante, grandes sindicatos y una creciente clase media.
 

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Antonio Ortíz Mena - Foto: Foto de archivo/EL UNIVERSAL

Debe mencionarse en especial en este marco a Antonio Ortiz Mena, economista que fungió como secretario de Hacienda y Crédito Público en los gobiernos de los presidentes Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz (1958-1970), así como titular del Banco Interamericano de Desarrollo (1971-1988).

Apodado el “artífice del milagro mexicano”, Ortiz Mena consiguió alcanzar un crecimiento de la renta por persona de 3.4% anual durante 12 años y la expansión económica tuvo un promedio de 6%, mientras que la inflación permaneció por debajo de 3%. Así es, por entonces México fue un auténtico “jaguar latinoamericano” que ostentaba un PIB superior al de España y Corea del Sur.

Sin embargo, el modelo presentó deficiencias, ya que el sector agrícola, todavía atado al control político y económico del Estado, careció de la capacidad y recursos para modernizarse. Millones quedaron sin más opción que emigrar a Estados Unidos y la emblemática devaluación del peso en 1976, después de 22 años sin ajustes, exhibió la fragilidad del sistema financiero y es considerada como el principio del fin del Desarrollo Estabilizador.

Enfrentando una crisis aún más intensa, pese al descubrimiento de enormes reservas petroleras, México se embarcó en una serie de reformas a largo plazo que llevaron a su membresía en el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT, ahora la Organización Mundial del Comercio) y la apertura comercial.

Como se nos dijo entonces, la entrada en vigor del TLCAN en 1994 anunciaría un periodo de desarrollo más rápido; en cambio, empeoraron las disparidades entre los estados orientados a la exportación relativamente ricos del norte y del centro, y los empobrecidos estados del sur, lo que obligó al gobierno federal a crear nuevos proyectos como las Zonas Económicas Especiales, que pretenden atraer las muy necesarias inversiones.

Por supuesto, con lo anterior no queremos negar que el TLCAN ha tenido un efecto positivo general en la economía de México; no obstante, si se hubiera mejorado hace varios años con nuevas herramientas, similares a los Fondos Estructurales y de Inversión de la Unión Europea, habría permitido a México acercarse al ritmo del desarrollo social estadounidense y canadiense, para alejarse de las tentaciones de un pasado que nunca regresará.

Editado por Sofía Danis                     
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