Ungido entre porras, vítores, cargada y matraqueada

Corean 10 mil militantes el nombre del ex secretario en la sede del PRI
Algunos priístas vieron por primera vez a José Antonio Meade, quien a pesar de no estar afiliado al partido, es su precandidato único por la Presidencia (IVÁN STEPHENS. EL UNIVERSAL)
04/12/2017
02:04
Juan Arvizu
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La imagen de José Antonio Meade entroniza en el PRI, vía las grandes pantallas colocadas en el estacionamiento de la sede nacional, dispuesto en modalidad de explanada de eventos masivos, como eran antes y donde se dice que están 10 mil militantes para quienes el recién llegado es un personaje con quien en este momento, las 11:30 horas, tendrán por primera vez un encuentro cercano del tercer tipo.

Viste traje negro y camisa blanca, y muestra una sonrisa menos triunfante que cuando renunció al cargo de secretario de Hacienda. Son los primeros momentos en la casa que lo recibe y todavía no se halla. Da sus primeros pasos de baño de priísmo —“¡Pepe, Pepe!”, corean los grupos de animación—, en un andar en un pasillo en forma de herradura que lo llevará a su destino, increíble hace más de dos décadas cuando era estudiante del ITAM.

Viene a registrarse como precandidato, que será único, en la antesala legal de la candidatura para Presidente de la República, aunque en la cosmovisión de los priístas “ya es el que será”, tan así que en primera fila están quienes fueron gallos en este proceso, Miguel Ángel Osorio Chong, Aurelio Nuño, José Narro Robles y Enrique de la Madrid. Están gustosos, sus expresiones y su amiguismo lo evidencia.

Juana Cuevas Rodríguez, la esposa del ungido, va con “nuestro amigo, Pepe Meade”, como dicen los animadores del evento, al que también asisten ex presidentes priístas, el pleno de los senadores, los diputados, encabezados por Emilio Gamboa y César Camacho Quiroz, y el mapa completo de las dirigencias que “sí salen en la foto”, diría el clásico Fidel Velázquez, su sucesor Carlos Aceves del Olmo; Arturo Zamora, del sector Popular, e Ismael Hernández Deras, de la CNC. Poco atrás, el canciller Luis Videgaray Caso, quien lo cubrió de elogios, y Joel Ayala Almeida, quien lo destapó semanas antes.

Una hora tres minutos dura el paseo en las vallas metálicas. Meade estrecha manos, escucha, posa para la foto y toma selfies a la vista atenta de la gente en las gradas. Es la primera vez en que muchos lo ven en persona.

Meade toma de la mano a su esposa. Ella lo abraza, lo sigue, toman distancia, retornan. Los rodea su equipo de camarógrafos. Un ambiente en el que los animadores llenan el espacio de palabras (los jilgueros son especie extinta) y se mezclan con matracas (ese artefacto de campañas del siglo pasado), batucadas y porras como: “Petroleros con Meade”, que luego quedó en: “Petroleros con el PRI”.

Avisan a Meade que avance, que el tiempo se vino encima. Los espera la Comisión Nacional de Procesos Internos, que preside Rubén Escajeda, en una mesa con paño verde que les queda chica. Hay lugar para cinco integrantes.

Allá va el aspirante sin escala en la primera fila, donde está la crema y nata del partido que le da la estafeta. Todo el reparto que tiene que ver con su destape está adelante, pero ganan las prisas y sin saludar a nadie —entre ellos está su padre, Dionisio Meade, veterano priísta— sube a la plataforma.

Entrega sus papeles y a cambio, Rubén Escajeda le presenta una constancia que luego muestra al público. Dirige un mensaje que concluye como un priísta: “¡Viva el PRI! ¡Viva México!”

A las 13:07 horas las gradas se han despoblado, como ocurre en eventos de campaña de los partidos, que convocan con anticipación y en acción hormiga se retira.

A las 9:00 horas el estacionamiento ya tenía miles de personas en espera de Meade. En las puertas de acceso los encargados cerraban los zaguanes, ante la energía con la que militantes exigían les abrieran el paso. Iban vestidos de rojo o con gorras “Meade”, chalecos, y la disposición de entrarle “a todo”.

Son los priístas de todos los tiempos. Desde el más encumbrado hasta el más modesto, quieren que su partido gane. Ése es el escenario que ve Meade, aunque salir del auditorio, que tiene 10 mil butacas, es más complejo que hoy evacuar la casa del Dinosaurio. El audio de los spots de Meade, a muy alto volumen, se empalma con el aviso de que ya es precandidato registrado, y “nuestro amigo”, como le han dicho, se abre paso para salir entre la multitud que acabado el evento, súbitamente vuelve al caos.

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