Anaya, el aspirante que soñó con ser astronauta

Ricardo Anaya Cortés, con una carrera meteórica, es descrito como un trabajador incansable
Ilustración: RENÉ ZUBIETA
06/04/2018
02:09
Suzzete Alcántara
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Nadie en su familia es político, a nadie le interesó militar en un partido, sólo a él. A sus 39 años, Ricardo Anaya Cortés aspira a ser Presidente de la República, anhelo que construyó y vio posible cuando asumió la dirigencia del PAN.

Es un ave de tempestades. En su carrera política ha sembrado lealtades, pero también motes de “traidor” y de no cumplir su palabra.

De la mano de Gustavo Madero llegó a la presidencia nacional del PAN en agosto de 2015. Un año después se habían distanciado por no haberle otorgado al chihuahuense la presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Madero, con quien hoy camina políticamente, lo llamó “traidor” y aunque reculó después, el calificativo lo ha marcado para siempre.

De niño soñaba con ser astronauta, veterinario o doctor; 32 años después es el candidato de la coalición PAN-PRD-MC a la Presidencia.

Y quizá esa aspiración de tripular naves que lo llevaran más allá del cielo colocó en el panista el chip para protagonizar una meteórica carrera.

Hace seis años era presentado tímidamente por la entonces candidata del PAN a la Presidencia, Josefina Vázquez Mota, como uno de sus voceros. A partir de ahí fue diputado, coordinador de bancada, presidente de la Cámara de Diputados, presidente del PAN y hoy es candidato a la Presidencia.

Gusta de comer enchiladas, sobre todo las queretanas, esas que se pueden degustar en La Mariposa, un restaurante con más de 50 años de tradición en el estado.

Es nieto de la tercera mujer graduada como arquitecta en la historia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e hijo de un ingeniero químico y de una arquitecta.

Se dice autodidacta. Le gusta cantar y bailar, aunque no sea muy virtuoso. No toca ningún instrumento musical de manera profesional, pero tiene la noción de tres o cuatro de ellos, su favorito: el piano. La música lo relaja.

Aunque también la utiliza como vínculo familiar, particularmente con su hija Carmen, a quien igualmente le apasiona el piano.

Desde los 22 años milita en el Partido Acción Nacional, en donde pensó hacer su carrera política, según él, por la primacíaen el instituto político de principios y valores, además de la valentía de sus fundadores que se atrevieron a enfrentar al “régimen de partido hegemónico”, como describió el politólogo Giovanni Sartori al priísmo.

Al queretano le gustan los animales, desde niño ha convivido con ellos. Por eso es que por muchos años tuvo perros en su casa, aunque ahora un gato es la mascota del hogar.

Es maestro en Derecho Fiscal por la Universidad del Valle de México y doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de donde egresó con mención honorífica.

Sus inicios. El Cerillo, como también se le conoce desde su adolescencia por el color de su cabello, comenzó a ejercer la política en su natal Querétaro a invitación de la senadora Marcela Torres Peimbert, a quien él mismo ha agradecido, en público y en privado, al expresar que fue una mujer clave en los inicios de su carrera, pues le abrió la primera puerta y le dio la oportunidad.

Torres Peimbert comenta que desde los 17 años lo conoce porque eran vecinos y que al ganar el PAN por primera vez el municipio de Querétaro, fue a ofrecer su apoyo en el Instituto Municipal de la Juventud. “Me llamó la atención su decisión, sus ganas de trabajar, a pesar de que a esa edad andas en el deporte, las muchachas o las fiestas”.

Nunca ha necesitado trabajar debido a su solvencia económica, relata, “bien podía haber andado jugando golf”, en lugar de hacer concursos de música, talleres de pintura o graffiti para sacar a los jóvenes del pandillerismo, abunda la secretaria de Promoción de la Mujer de Acción Nacional.

Le fascina oír discursos de líderes políticos “como [Winston] Churchill, tiene una memoria prodigiosa. Sabe romper la tensión con bromas prudentes, es sereno”, relata.

Creció en un hogar en el que la igualdad de género fue siempre la norma. Su mamá y abuela materna fueron mujeres trabajadoras que lo educaron entre varillas, planos y mezcla de cemento.

“De ellas —arquitectas, al fin y al cabo—, aprendí que la clave del éxito es edificar el carácter sobre los cimientos del estudio y del trabajo, siempre acompañado de trabajo y de más trabajo, aprendí que las grandes obras se construyen de muchas partes, de muchos esfuerzos y que al final, sólo al final, viendo la obra completa, se puede apreciar la armonía y la importancia de la participación de todos”, dijo Anaya el 18 de febrero, cuando tomó protesta como candidato presidencial.

A los 26 años se casó con Carolina Martínez Franco, hija de empresarios queretanos, con quien ha compartido 19 años de su vida. Tienen tres hijos: Santiago, Mateo y Carmen.

El negociador de las reformas estructurales emanadas del Pacto por México lee desde prensa nacional e internacional hasta textos de física. Puede releer El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, las veces que le sean necesarias.

Católico por convicción, pero respetuoso de la unión entre personas del mismo sexo. Defensor de la vida desde la concepción y enemigo de criminalizar a la mujer por decidir sobre su cuerpo.

El nuevo líder político, como lo califica el coordinador nacional de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, logró lo que muchos aspiraban hacer, pero que decían que era imposible: unir al PAN, conservador, con la autodenominada izquierda progresista.

El Yoga es el ejercicio que el candidato Ricardo Anaya Cortés practica no sólo para mantener un cuerpo tonificado, sino porque lo obliga a meditar, a buscar el equilibrio emocional, ese que pierde cuando el político queretano se desespera porque las cosas no le salieron, como lo tenía programado, o por su obsesión de llegar puntual a todas sus citas.

A Ricardo Anaya le da lo mismo andar en bicicleta que subirse a una motocicleta, aunque la segunda sólo la utiliza para acortar distancias cuando el tiempo apremia, mientras que la primera es otro de sus pasatiempos que acostumbra realizar con su familia, particularmente los domingos.

Una derrota temprana. En 2000, cuando Vicente Fox logró la alternancia en el país y asumió la Presidencia de la República, Anaya se enfrentó a su primera derrota política: no consiguió la diputación local por el Distrito XIV de Querétaro bajo las siglas del PAN, tenía entonces 21 años.

Tres años después se convirtió en el secretario particular del ex gobernador queretano y panista Francisco Garrido Patrón, a quien acompañó durante los seis años de su gobierno, para de ahí saltar a una diputación local por la vía plurinominal, que lo llevó a ser coordinador de la bancada en la 56 Legislatura del Congreso de Querétaro.

Fue presidente de Acción Nacional en esa entidad por un año, de donde brincó a su primer cargo en el gobierno federal. Era 2011 y el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa lo designó subsecretario de Planeación Turística de la Secretaría de Turismo a nivel federal.

Lo catalogan como un hombre disciplinado, responsable, diligente y amoroso con sus seres queridos, pero también afirman que es obcecado, demasiado exigente, impaciente, meticuloso, perfeccionista y desconfiado.

Fue en la 62 Legislatura en la que debatió por primera vez con el priísta Manlio Fabio Beltrones, ex gobernador de Sonora y ex presidente nacional del PRI, con quien tuvo que negociar las reformas financiera, político-electoral, la educativa, de telecomunicaciones, en transparencia y anticorrupción, así como la energética, siendo coordinadores parlamentarios.

Un año después se volvieron a encontrar en su calidad de presidentes de sus respectivos partidos. Era la noche del 5 de junio de 2016, cuando el panista le dijo al priísta en cadena nacional: “No te enojes Manlio”, luego de que se confirmaba que el PAN le había arrebatado al PRI siete gubernaturas.

Beltrones en su defensa lo calificó de “joven inexperto, inmaduro y mentiroso”, mote que sus adversarios han capitalizado en los últimos meses y a los que han añadido “joven dictador y autoritario”.

Carlos Monsiváis fue el autor del prólogo de su tesis de licenciatura, a la que título El graffiti en México: ¿arte o desastre?, y en la cual descriminaliza a los hacedores del denominado arte urbano.

El texto se publicó en 2002 y se encuentra disponible en la Universidad Autónoma de Querétaro, de donde egresó de Derecho con mención honorifica, el ahora aspirante a suceder a Enrique Peña Nieto en la Residencia Oficial de Los Pinos.

Ricardo Anaya Cortés es políglota, habla inglés, francés y un poco de alemán. Esta formación académica lo orilló a realizar spots en los que lo mismo habla inglés, francés y alemán, y que ahora son usados en memes en las redes sociales.

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