¿Qué hacer en Mahahual para tener unas sabrosas vacaciones?

Al sur de Quintana Roo, en la Costa Maya, disfruta de las cosas simples frente a la segunda barrera arrecifal más grande del mundo
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Para pasar unos días de descanso, mecerse en una hamaca sobre el mar y sin el ajetreo de la vida nocturna de Cancún. (Foto: Alan Carranza)
24/03/2018
21:00
Viridiana Ramírez
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Al sur de Quintana Roo, en la Costa Maya, hay un pequeño pueblo de pescadores que te enseña a disfrutar del amanecer en soledad, a respetar y cuidar de los arrecifes y a nadar entre un cementerio de barcos hundidos, situado en la segunda barrera arrecifal más grande del mundo

Existen rincones donde se puede estar en completa soledad y no renegar de ésta. Al contrario, agradeces por cada minuto que pasas sin tener contacto humano, porque solo así se puede disfrutar de cada ola que se desvanece en la arena y de las pinceladas de color púrpura con las que el sol anuncia la llegada de un nuevo día en Mahahual.

La primera vez que escuché el nombre de este pueblito pesquero fue en 2007, cuando el huracán Dean le dio tremenda sacudida, fracturando su muelle, donde atracaban señores cruceros. Once años después, estoy de vuelta en este tesoro de la Costa Maya, el cual se esconde entre las aguas turquesas del Caribe y Banco Chinchorro, que forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo más grande del mundo. Este paraíso está a dos horas del aeropuerto de Chetumal.

mahahual_costamaya_playa4.jpg (Foto: Alan Carranza)

Cerebros bajo el agua
Mientras el sol inicia su viaje hacia el cenit, la vida “despierta” en el malecón de Mahahual, con solo dos kilómetros de longitud, siempre de frente al mar. Aparecen los turistas que gustan de correr sobre la arena; los pescadores con el producto fresco del día; y las parejas o grupos de amigos que buscan un camastro o una hamaquita sobre el mar. Entre todos esos rostros aparece Luis Fernando, un buzo que me lleva a sumergirme en su jardín de corales.

La tranquilidad que caracteriza al mar de Mahahual no es casualidad: el pueblo está protegido por una barrera de arrecifes donde se ubica la Reserva de la Biósfera Banco Chinchorro, un cementerio de barcos que le da el sobrenombre de “Quitasueños”.

Solo buzos certificados pueden sumergirse en esas aguas para ver anclas, timones y cubiertas que yacen en el fondo. Pero Luis tiene un secreto: unos metros antes de llegar a la reserva, hay una extensa área de corales, donde habitan estrellas de mar, pulpos y tortugas. Los viajeros pueden descubrirla solo con aletas y visor.

La vida marina tiene su hogar entre corales “cuerno de alce” y los famosos “cerebros”, estos últimos son en forma de esfera y con canales que recuerdan a los del cerebro humano. Algunos superan los cinco metros de diámetro.

mahahual_costamaya_playa6.jpg (Foto: Viridiana Ramírez)

En esa misma zona, Luis construyó un jardín de corales para salvar el arrecife. Sobre una pared de varillas ancladas al fondo marino, colocó ejemplares que crecen ocho centímetros al año. A esta labor ha invertido dos años de su vida.

La contaminación de los mares tiene en alerta roja al sistema arrecifal de Mahahual. Incluso, cada año se realiza el Festival Cruzando Fronteras, donde se reúnen artistas, pobladores, escritores y fotógrafos de varias partes del mundo, para desarrollar un programa de actividades ecológicas que puedan sensibilizar y mostrar cómo la basura afecta nuestros mares.

Atardecer en bici
De regreso a tierra firme, Luis me invita a su base de operaciones, el Hotel Maya Luna que, al igual que la mayoría de los alojamientos, es ecológico: utilizaron palma y madera para construir las habitaciones, la luz es captada a través paneles solares y el uso de bloqueador biodegradable es una regla de oro.

A la hora de la comida, en una mesa frente al mar, me sirven una piña rellena de mariscos. El manjar, que incluye arroz amarillo, cuesta 150 pesos. Comer bueno, bonito y barato es otra de las cosas con las que sorprende Mahahual.

Después, me tumbo en una hamaca. El sueño me vence con el vaivén, pero las gaviotas me espantan el sueño, así que mejor me voy al malecón, para rentar una bici y visitar el Faro.

Mientras pedaleo, veo que hay viajeros que prefieren pasar el día en pequeños barecitos a pie de playa, cuya moda es tener columpios como asientos. Otros, de plano, montan su casa de campaña en la arena y solo salen de vez en cuando para refrescarse en el mar.

Cuando oscurece, el pueblo se impregna de una atmósfera bohemia. Las cenas se disfrutan a la luz de las velas en la playa y bajo las estrellas, y duran pasada la medianoche. En temporada alta — verano o fin de año— puede que la vida nocturna se extienda hasta las dos de la madrugada, pero no más, porque a Mahahual se viene a relajarse y a disfrutar del mar en santa paz.

mahahual_costamaya_playa12.jpg (Foto: Alan Carranza)

Entre chiles habanero y la laguna de los siete colores
Esta mañana, he decidido explorar los alrededores del pueblo. Así que pago un recorrido que inicia en un rancho productor de chile habanero. El propietario me recibe y me lleva al secadero, donde los chiles se deshidratan y agarran colorcito para después convertirse en salsas, aceites y mermeladas.

Con la dotación correspondiente de productos 100% naturales, me voy a la siguiente parada: un mariposario, ubicado en el Kilómetro 4 de la carretera Cafetal-Mahahual.

Un guía me explica que la mariposa era considerada un símbolo de reencarnación en la cosmogonía maya. Es por ello que, en esta unidad de conservación, el viajero puede ver el ciclo de vida del insecto.

El paseo continúa hacia la parte norte de la laguna de Bacalar, la más virgen, situada en el pueblo fantasma de Uchben-Ka.

En algún tiempo, estas tierras fueron parte del esplendor que trajo la extracción de la resina del zapote para hacer chicle. Sin embargo, la llegada de los polímeros acabó con su bonanza y los habitantes abandonaron Uchben-Ka. Sus casas terminaron siendo devoradas por la selva, lo que le da ese aspecto fantasmagórico al lugar.

Frente a la aldea, hay un brazo de la laguna de Bacalar, me pongo el traje de baño para recorrerla en kayak. Soy afortunada, pues a manera de despedida, el sol juega con la profundidad del agua para dejarme ver ese contraste de colores que va del turquesa al azul más intenso.
 

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GUÍA DEL VIAJERO
Quién te lleva
Interjet ofrece vuelos redondos CDMX-Chetumal, desde dos mil 638 pesos, impuestos incluidos. Tiempo estimado de viaje: una hora con 40 minutos. www.interjet.com
Una vez en Chetumal, en el aeropuerto puedes comprar los boletos para el transfer a Mahahual, operado por ADO. El costo del boleto sencillo es de 246 pesos. Tiempo estimado de viaje: en dos horas llegarás al centro del pueblo.

Dónde dormir
Kabah-na. Cabañas a pie de playa, con servicio de bar y alimentos. Tarifa: desde mil pesos por noche, en temporada baja. Reservaciones: 045 (983) 700 5917.

Luna de Plata. Hotel boutique en el centro de Mahahual, con vista a los jardines y a la playa. Cuenta con un restaurante italiano. Tarifa: desde mil 51 pesos por noche. www.lunadeplata.info

Recorridos
Esnórquel cerca de Banco Chinchorro. 500 pesos por persona. Dive & Adventure te proporciona aletas y visor. Incluye paseo en velero. También ofrecen buceo en Banco Chinchorro y en el arrecife de Xcalak. diveadventuremahahual.com

Expedición a Bacalar y rancho del chile habanero. El recorrido puede incluir o no la visita al mariposario y finalizar en la zona arqueológica de Chacchobén. El precio va desde los 600 pesos por persona. Incluye kayak.

Reservaciones: [email protected]

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