, como muchos otros mexicanos, tuvo en su infancia la compañía de un balón de futbol y —con ello— la ilusión latente de convertirse en una gran estrella de ese deporte.

El anhelo se completaba con formar parte del que siempre ha sido el conjunto de sus amores: las Águilas del América.

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Un sueño que estuvo muy cerca de convertirse en realidad a los 17 años, edad en la que —con mucho esfuerzo y el apoyo de su familia— realizó una prueba con el Club América, que lo llevó a jugar con leyendas de la histórica institución azulcrema.

“En 1977, llegué a la Ciudad de México para probarme con el Club América. Éramos muchos los que teníamos ese sueño. De mil 500, quedamos 10... Me tocó jugar partidos con Carlos Reinoso y Enrique Borja”, comentó, en entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL Deportes.

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El Amo de los Ocho Ángulos agregó que, pese a la gran experiencia de jugar con sus ídolos, el futbol terminó por decepcionarlo debido a las trabas que se tienen para ir escalando lugares.

“Eran mis ídolos, jugar con ellos fue algo mágico, pero la vida te da muchas vueltas y pone muchos obstáculos. Yo juraba que iba a ser famoso en el futbol, pero hay muchas trabas para llegar a Primera División y honestamente no tenía dinero; eso me desilusionó”, contó.

Después de ese corto paso por el balompié mexicano, el gladiador enfocó todos sus esfuerzos en el karate, disciplina que mezclaba con su trabajo en Pemex y que —años después— le permitiría conocer a Radamés Coccó Masakre, su mentor y el encargado de darle ese primer impulso en la lucha libre, deporte que lo convertiría en leyenda.

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