¿Por qué es tan difícil la restauración del templo de Loreto?

El hundimiento del sitio complica la atención a los daños provocados por el sismo de septiembre de 2017, y el seguro no cubre todos los estudios de diagnóstico que se requieren
Su cúpula es considerada la más grande de Latinoamérica. (FOTOS: ARIEL OJEDA. EL UNIVERSAL)
02/04/2018
00:20
Abida Ventura
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El sismo del 19 de septiembre afectó diversos recintos religiosos históricos en el Centro Histórico de la ciudad, entre ellos el templo de Nuestra Señora de Loreto.  Su imponente cúpula, la mayor que se erigió en la Nueva España y quizá la más grande de Latinoamerica, sobresale entre los edificios habitacionales de dos plantas que rodean  la plaza  que lleva su nombre. Desde los  alrededores de esa zona de la Merced también salta a la vista la inclinación de ese monumento construido entre 1809 y 1816.

Sin embargo, la postal de esa iglesia hundida no es nueva, así se ha visto casi desde principios del siglo XX, pero el sismo de hace seis meses empeoró su  condición.
El templo, construido por los arquitectos José Agustín Paz e Ignacio Castera,  sufrió grietas en sus paredes y  arcos que hoy están reforzados con andamios de madera.

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En su imponente bóveda, a la pérdida incesante de los frescos novohispanos se sumaron  fisuras.  Las grietas en el  piso   y el desequilibrio que se percibe  al caminar en su  nave principal dan cuenta del hundimiento que sufrió recientemente, un  factor que complicará  la atención del  inmueble dentro del proyecto de reconstrucción cultural que lleva a cabo  la Secretaría de Cultura federal y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)  por los estudios y elevados recursos económicos que el inmueble requiere. 

En una visita al sitio, el arquitecto Raúl Delgado Lamas, director de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural de la Secretaría, explica que para evaluar el hundimiento que se produjo con el sismo y los riesgos que eso representa para el monumento se necesitan  estudios de suelo y geotecnia que difícilmente se podrán cubrir  con  la póliza de seguro del INAH porque se trata de un problema que ha arrastrado por años. La misma situación prevé para la bóveda, donde la falta de atención y mantenimiento ha provocado que esos frescos novohispanos se hayan desdibujado gradualmente con los años. 

“El seguro te cubre los daños producidos por el efecto sísmico, pero no un estudio de geotecnia que tienes que hacer. Ahí empieza la complejidad técnica, pero también administrativa  y normativa de la atención a los monumentos dañados”, plantea.

El arquitecto recuerda  que las inclinaciones en el inmueble, producidas por los hundimientos desiguales del subsuelo de la ciudad, se advirtieron desde 1911. Hoy, después de los sismos recientes, algunas áreas del inmueble presentan ocho grados angulares de inclinación, por lo que se necesita “un ancho y profundo examen,  auxiliado por la ciencia y las técnicas disponibles hoy en día, para contar con un buen diagnóstico y poder proveer lo que mejor favorezca al inmueble, incluyendo acciones de mejoramiento del subsuelo, refuerzos en la superestructura, una subexcavación e incluso una recimentación hecha en fases controladas”.

Pero para todo eso necesitan   un presupuesto que superará  lo que puedan obtener de la aseguradora, incluso del Fondo de Desastres Naturales (Fonden).  En todo caso, para  atender esos  problemas del subsuelo y recuperar la verticalidad del monumento el funcionario asegura que tendrían que echar mano de recursos del gasto corriente de la Secretaría de Cultura o de aportaciones de particulares. “Tenemos que privilegiar la parte técnica y la salvaguarda del monumento”, dice. 

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Después del 19 de septiembre, el templo cerró sus puertas por unos días. Su entrada principal se mantiene clausurada, pero   después de reforzar con andamios arcos y muros dañados, las autoridades religiosas y culturales habilitaron  el acceso por la parte de la sacristía.  Actualmente, explica el arquitecto,  se encuentran en la etapa de conciliación con la aseguradora, así como de desarrollo de los proyectos de seguridad estructural, del subsuelo y cimentaciones.

En la primera etapa de trabajos, que implicó reforzamiento de la estructura con andamios, se invirtieron 798 mil 380 pesos  aportados por el fondo de Apoyos parciales inmediatos (APIN), pero el presupuesto para su recuperación total dependerá de los estudios y del diagnóstico estructural que realicen. También del proyecto de recuperación que se plantee.

 La recuperación de los frescos novohispanos de su cúpula, por ejemplo,  requeriría de un proyecto diferente  y un fondo especial, considera  Delgado Lamas:    “Eso no lo cubre el seguro,  que es para los daños físicos producidos por el sismo, pero no para  los daños   antropogénicos, la desatención o el abandono que se da  por  la falta de recursos”, señala el arquitecto y recuerda que las asociaciones religiosas  también tienen una responsabilidad en la atención de los recintos religiosos,  de acuerdo con la Ley de Bienes Nacionales.

Desde la nave central del inmueble, se alcanza a ver las grietas  y las huellas de humedad que han afectado los frescos. “Inyectaremos  las  grietas y  tendremos que impermeabilizar para proteger las pinturas”, comenta Delgado Lamas. Pero para restaurar las pinturas habrá que buscar otros recursos, plantea:  
“El sismo nos tiene que hacer pensar en otros esquemas para atender los inmuebles, a lo mejor empezar una  cultura filantrópica, el que tiene y  quiere deducir impuestos,  que adopte una obra, como las pinturas del templo de Loreto para restaurarlas.  Así se hace en otros países”. 

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Requiere labor de ingeniería. Construido sobre un suelo fangoso, sobre un terreno  donde posiblemente existieron construcciones mexicas y donde en 1680 se construyó el  bautisterio del templo y Colegio de San Gregorio, el templo de Nuestra Señora de Loreto  ostenta una majestuosa cúpula que es sostenida por pilastras que forman una hexedra. Con  los sismos recientes y los asentamientos irregulares que ha sufrido con el tiempo, la  estructura podría estar  en riesgo.   “Nos preocupa que todo el conjunto haya perdido verticalidad”, advierte Delgado Lamas.

Sin embargo, asegura que con un trabajo de ingeniería especializado este inmueble icónico del Centro Histórico recuperaría su forma, tal como lo han hecho en el pasado con la Catedral Metropolitana o el convento de las Capuchinas en la Basílica de Guadalupe.      “Eso es posible, la ingeniería mexicana lo ha hecho, se hizo con la Catedral Metropolitana. El mismo que hizo trabajos en la Catedral, el ingeniero Enrique Santoyo Villa, quien falleció recientemente, incluso recuperó parte de la verticalidad de la torre de Pisa, ahora  tenemos la esperanza de que su equipo, su empresa, nos haga un estudio para la recimentación de este templo”, comenta.

 Además de buscar una propuesta para recimentar  este inmueble, los arquitectos y especialistas “curarán las heridas” causadas por el sismo. “Hay grietas en los pisos, muros, en algunos  arcos, en elementos arquitectónicos, en las bóvedas, y lo que hay que hacer es pegar toda la mampostería para recuperar la fortaleza del monumento y su seguridad estructural”. 

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