“Daños por los sismos son más graves de lo aparente”: arquitectos

México no estaba preparado para el postsismo, afirmaron especialistas en un foro convocado por EL UNIVERSAL; los temas: la necesidad de una coordinación de Estado ante desastres y la reconstrucción con apoyo de profesionales
Las obras en la Ciudad de México, a consecuencia del terremoto, están en la etapa de demolición; un ejemplo es el edificio en Concepción Béistegui y Yácatas (LUIS CORTÉS. EL UNIVERSAL)
06/11/2017
00:20
Sonia Sierra
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Tras el temblor del 19 de septiembre de 1985, México aprendió sobre la prevención, pero aún no ha aprendido qué hacer en situaciones postsismo. La mayor prueba fue el caos que el pasado 19 de septiembre vivió la Ciudad de México, que se vio colapsada.
 

“Los daños en la ciudad son mucho más fuertes de lo aparente”, dijo Felipe Leal durante el foro “Hacia la Reconstrucción de México. ¿Qué dicen  los arquitectos?”, convocado por EL UNIVERSAL, donde participaron también Luis Enrique López y Pedro Hernández.

Los arquitectos abordaron temas como la necesidad de una institución del Estado mexicano que coordine todas las tareas y programas que vienen tras un terremoto; demandaron que no se tomen acciones populistas y mucho menos que gobernantes saquen provecho en el contexto de las elecciones de 2018. Entre otras propuestas, plantearon que la entrega de recursos o materiales a los damnificados sea acompañada de una asesoría técnica profesional que dé garantía a su nueva construcción.

Los daños en la Ciudad de México, enfatizó Leal, van más allá de los edificios que se derrumbaron: “Uno ve que la mayor parte está en pie, pero por nuestra experiencia, cuando nos convocan, vemos que los daños son mucho mayores. Hay una gran cantidad de edificios vacíos”. Añadió que la reconstrucción va a tomar muchos años, pues no hay que olvidar que aún no se acaban de reconstruir inmuebles dañados hace 32 años.

Los daños en la ciudad tienen que ver también con el futuro del patrimonio de 250 mil personas que no tienen casa, precisó Luis Enrique López y abundó en el dilema que enfrentan cientos de familias: “Pensemos en uno de los edificios más altos. Tienes un problema en términos de derechos, es  un predio donde hay copropietarios. Y en el proyecto de la ley de reconstrucción dice que se puede hacer aún más arriba, vender más. Parece una inmobiliaria, en lugar reconstruir una casa.”  Al respecto, Leal retrató la situación de las colonias Condesa y Roma: “Hay un conflicto de ciudad. La norma actual, en esas zonas, derivada del 85, es de edificios de cuatro a seis niveles, pero los tienes de nueve. Ahora vas a tener que bajarles altura o demolerlos para cumplir con el reglamento. ¿Qué va a pasar con esas personas que vivían en esos departamentos? Ha habido una migración interna muy compleja. ¿Cómo van a recuperar su patrimonio? Para eso no hay respuestas tan claras. Ahí tienes que conjuntar, coordinar todo: lo financiero, lo social, el arraigo…. Debe haber un esquema financiero para reponer a muchos...”  

Leal sentenció: “No estábamos preparados para el postsismo. Y el postsismo es la migración, los créditos bancarios, los seguros; hay muy poca cultura de asegurar viviendas”.

“Tengamos conciencia sísmica”. Al hacer un balance de lo que dejó el terremoto, Pedro Henández, arquitecto español y editor de la revista Arquine, vio positivo que la sociedad ha buscado documentarse sobre la situación geológica de la ciudad. Esto dijo, lleva “a visibilizar que la cultura urbana tiene que estar afectada por esta cultura sísmica”. Opinó que la ciudad debe pensarse como una zona de riesgo sísmico y que el gobierno debe prever infraestructura y capacidad de respuesta tras terremotos.

Leal, quien fue secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de la capital, reafirmó: “Esto nos dejó conciencia de que vivimos en zona sísmica, y  tenemos que aprender a vivir con ello”.

Los papeles del Estado. Reformar reglamentos, normas y leyes es necesario,  pero antes hay que plantear que el Estado tenga una estructura para responder a lo que viene luego de un sismo, enfatizó Luis Enrique López, miembro del Colegio de Arquitectos y director del Centro de Investigación y Desarrollo de Futuros A.C.:  “Hay que preguntarse si la ley de Protección Civil responde a las acciones postsísmicas y hay que definir quién coordinaría esas acciones; no las puede llevar el Presidente. Chile o China tienen una Secretaría de obras públicas; México no, y todas las acciones están fragmentadas. Todos los estados tendrán que actualizar sus reglamentos, pero antes hay que trabajar en un proyecto de reconstrucción perenne”. 

En coincidencia con López, Leal cuestionó lo que se ha hecho: “Es muy triste esta idea vertical del país: el Presidente va a Oaxaca hoy, mañana a Chiapas, a Guerrero después; Salud hace sus hospitales, el INAH lucha por sus monumentos, Educación por las escuelas… Todo está atomizado.  Se tiene que romper la descoordinación. No pueden ser los gobernadores (los que encabecen las tareas), se convierte en proselitismo. Ya lo vimos: así como se derrumbaron edificios, se van a derrumbar candidaturas”.

La propuesta, reiteró Leal, es que el país desarrolle un modelo de mando general, federal, en casos de desastres, con mandos locales. “Alguien debe coordinar salud, educación, infraestructura, energía eléctrica”.

En cambio, ha habido improvisación, acotó Pedro Hernández: “Uno de los problemas de los afectados es que la gente no sabe a dónde acudir. Ni con quien. El hecho de que el Presidente dirija el plan de prevención paraliza las acciones porque se tiene que esperar a que él llegue para que empiecen esas acciones. Y mientras, la población tiene que improvisar, porque no tiene acceso a agua, vivienda, productos básicos de higiene. Hay un vacío, desamparo. La improvisación afecta la reconstrucción (porque) todo se trata igual y lo más rápido es derribar con máquinas porque así limpias y puedes reconstruir más rápido. Pero falta reflexión, analizar por qué algunos edificios se caen. Si borras las huellas, no puedes establecer un plan de reconstrucción acorde”.

Sobre la reconstrucción que lleva a cabo el Estado en varias regiones, con la entrega de recursos, la propuesta de los arquitectos fue dar asesoría técnica, no sólo dinero o tarjetas.

López evaluó esas acciones: “(A) cualquier proyecto, renovación, autoconstrucción, vivienda que hace la gente, Fonden les da hasta 120 mil pesos. Una familia empieza a hacer una barda pero deben asignarles un arquitecto. Así como está hoy, está perdida: les dan material, dinero y adiós”.

Debe haber un equipo técnico al cual acudir, un arquitecto, un estudiante de arquitectura en últimos niveles, propuso Leal.

“Esa constructora —que el arquitecto Chema Gutiérrez llamaba ‘Constructora Pueblo’— debería tener una asistencia técnica profesional. Si eso lo llevamos al rango de política pública, sería muy bueno para crear ciudad”, opinó López, pero reconoció que hay riesgos: “Si les das 30 mil pesos a una familia, en una tarjeta, la visión es muy sencilla: ‘Recuerda que yo, yo, te di 30 mil, y el año próximo vendré a recordártelo’”.

No a la secrecía. Leal pidió que se divulgue más el Atlas de riesgos: “Es importante que sepamos qué riesgos hay en una propiedad. Lo importante es que esto se haga público, que no quede en manos de los expertos. Será muy importante generar una aplicación  para que la gente sepa en qué tipo de suelo está un edificio”.

Los arquitectos llamaron a construir un mecanismo para que ciudadanos, autoridades y especialistas actúen con vigilancia y responsabilidad en la venta de viviendas en la ciudad. Coincidieron en que la gente debe exigir saber cómo es la estructura, conocer los planos, quién los firmó; y a la autoridad le corresponde responder con las normas específicas para cómo se debe construir y dónde.

El tema generó preguntas del público del foro en redes sociales. Una persona pidió información sobre cómo identificar que una construcción es la adecuada. Leal indicó: “Se tiene que armar un grupo de asesorías profesionales, Colegios de Arquitectos, autoridades, con los propios notarios, para que haya la asistencia de un arquitecto o ingeniero que revise planos y la salud estructural del edificio, antigüedad, bajo qué reglamento se construyó, si es nuevo, quién construyó, autorizaciones… llevará más tiempo, pero es necesario”.

Declaraciones irresponsables.  Sobre el caso del patrimonio cultural habló Felipe Leal y cuestionó los tiempos que se han anunciado: “Han dado cifras totalmente irresponsables, que eso se va a tomar dos años... ¡No hombre, eso será de una década! Son actos irresponsables de un funcionario decir:  ‘Dos años, señor Presidente’. No hay recursos, técnicos, restauradores, especialistas para hacer un trabajo de restauración de estas dimensiones. No hay que tomar medidas desesperadas para quedar bien con la autoridad en turno, que es la tendencia del sistema político mexicano”.

Por otra parte, para Luis Enrique López, emprender modificaciones al reglamento de construcción es una medida que tiene que estar exenta de tendencias “electoreras”. Dijo que es importante que se abra la discusión sobre el reglamento, pero ¿dónde está sustentado el reglamento? Tiene que ver con el Atlas de riesgo, con las opiniones de la Universidad, siguen haciendo su investigación, hay que dejar que la hagan y que la terminen”.

Sobre las medidas populistas, alertó Leal: “Si la norma dice que no serán nueve niveles si no seis (pisos), ni modo. El Estado debe recuperar su capacidad rectora y decir: ‘La ciudad va a ser así en estas alturas y vamos a buscar otras formas para densificar’. Ahí está la creatividad arquitectónica.” Hernández concluyó el foro “Hacia la reconstrucción de México” recordando: “La geología tiene tiempos que van más allá de los sexenios”.  

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