Las 50 personalidades en el mundo literario

En Caracteres , Álvaro Uribe hace pequeños retratos de personajes arquetipos, prototípicos de la sociedad
Las 50 personalidades en el mundo literario
Álvaro Uribe decidió, para descansar de la novela, emprender un género en el que echó mano de la sátira, la ironía y la caricatura. (IRVIN OLIVARES. EL UNIVERSAL)
07/03/2018
00:25
Yanet Aguilar Sosa
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A Álvaro Uribe este delicioso juego de retratar o hacer instantáneas o pequeños ensayos o fábulas de personajes arquetípicos, prototípicos o típicos del mundo literario, le permitió verse y reírse. “Qua cada quien se ponga el saco”, dice con su vena irónica, pues asegura que si algo quiso con Caracteres (Alfaguara) fue hacer un ejercicio de 50 tipos de personalidades que habitan el mundo literario al que él pertenece.

La galería de caracteres que incluye en este libro sólo ambiciona proponerle al lector “un espejo de mano donde pueda examinar con otros ojos las imperfecciones de su propio maquillaje”, escribe e l propio Álvaro Uribe en el prólogo del libro. Su apuesta, dice, fue ponerse él mismo allí en esas esencias, y satirizar con su propio ego.

“No me hubiera sentido capaz de excluirme y de ponerme como que yo soy el bueno de la película y todos los demás son todos los demás, es decir, que la especie humana es la que está mal. Entonces yo desde el principio quise ponerme ahí, y el mecanismo literario que hallé para ponerme es algún personaje al que casi siempre se le habla de tú”, señala el escritor en entrevista.

Su galería de personalidades es amplia, irónica, satírica, muy caricaturesca. Está el indignado, el crítico, el becario, el hombre de las ferias, el sentido, el abajofirmante, el mitómano, el intransigente, el borracho, el turista, el escritor profesional, el risueño, el supersticioso, el plagiario, el rebelde oficial, el espiritual, la señora mexicana, el exquisito y el caradura y dos-caras. Toda una galería de espejos donde examinarnos a pesar del maquillaje.

Eso busca el autor de El taller del tiempo, Expediente del atentado y Autorretrato de familia con perro; quería mostrarse él mismo y que los lectores se encuentren dentro de esos caracteres. “Si el lector quiere ser él y quiere sentise aludido, yo lo invito. Qué bueno que se sienta aludido, pero en todo caso yo me estoy aludiendo a mí, me estoy hablando y desdoblando entre el autor y también el otro ser inmoral o de dudosa moral como el resto de la humanidad”, afirma Álvaro Uribe.

Enfatiza que él quiso estar en los caracteres, ese género que él no inventó, por supuesto, pero que se atrevió a trabajar. Cuenta que los caracteres los inventó Teofrasto, el principal discípulo de Aristóteles, quien dejó 30 caracteres; dice que luego, en el siglo XVII, Jean de La Bruyère retomó esos caracteres, los tradujo al francés y escribió casi mil 200 más a lo largo de su vida.

“Yo debo haberlos leído a los 24 años, y me daban vuelta, me habían marcado muchísimo, pero no había sabido qué hacer con ellos, y de pronto me encontré con que había terminado mi sexta novela —para mí casi al hilo— y estaba un poco mareado de estar escribiendo novelas, ya cansado pensé ‘quiero llevarme la contra, voy a hacer algo distinto por completo, quiero escribir textos breves’. Así redescubrí los caracteres”, dice el escritor que fue agregado cultural en Nicaragua y consejero cultural en Francia.

Su propuesta es semejante a la de Teofrasto en la extensión, son caracteres breves, de una o dos páginas; pero mientras los de Teofrasto son completamente neutros, o más que neutros él está afuera de la acción y los personajes, y está criticando, caricaturizando y satirizando las conductas morales, Álvaro Uribe siempre quiso estar.

“Yo quise estar ahí. Quiero estar para no sentirme a salvo de lo que estoy señalando, al contrario, yo soy el primero en admitir todo tipo de taras morales”, señala el narrador, quien reconoce que 35 de los 50 textos tienen que ver con gente del gremio literario, por varias cosas, porque es un gremio de lo más caricaturizable.

“Tenemos una cantidad de defectos a flor de piel, nuestro ego está muy visible, trabajamos con él, el ego es una de nuestras materias primas, no sólo las palabras, sino el propio ego; la otra cosa que me interesaba fundamentalmente es que es el mundo en el que yo me desenvuelvo, me era mucho más natural describir de cerca a gente a la que veo y a la que frecuento, no es a la que quiera más, unos más y otros menos, yo tenía a la mano esto”, dice.

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