Hay censura en China, pero me han dado libertad: Cuauhtémoc Medina

El mexicano es el curador de la 12 Bienal de Shanghai que se inaugura el 10 de noviembre
“Hay censura en China, pero me han dado libertad”
Eclipses for Shanghai es la obra del mexicano Pablo Vargas Lugo. La Bienal permanecerá hasta el 10 de marzo (FOTOS CORTESÍA BIENAL DE SHANGHAI)
07/11/2018
00:20
Sonia Sierra
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La 12 Bienal de Shanghai, que tiene como curador por primera vez a un latinoamericano, el mexicano Cuauhtémoc Medina, abrirá el próximo sábado 10 de noviembre.

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El curador mexicano Cuauhtémoc Medina. (ARCHIVO EL UNIVERSAL)

 

Esta edición tendrá un marcado énfasis en Latinoamérica: la arquitecta Frida Escobedo fue invitada por Medina para hacer la propuesta de escenografía; una de las curadoras que él seleccionó es la colombiana María Belén Sáez de Ibarra, del Museo de Arte de la Universidad Nacional; entre el grupo de 67 artistas se encuentran varios mexicanos o residentes en México: Rafael Lozano-Hemmer, Pablo Vargas Lugo, Francis Alÿs, Jota Izquierdo, Enrique Jezik, entre otros. Y participan artistas de la región, como Miguel Ángel Rojas, Clemencia Echeverri, Allora & Calzadilla, Alexander Apostol, Alfredo Jaar, Alicia Mihai Gazcue, Leandro Katz, Voluspa Jarpa, Macarena Ruiz Tagle, entre otros.

Desde Shanghai, Medina habla en entrevista acerca de la Bienal, del arte que se hace hoy en China y de la censura que, reconoce, existe de manera burocrática y sistemática, aunque enfatiza que le han dado una “libertad fabulosa” para hacer su trabajo.

La Bienal se exhibirá desde el sábado hasta el 10 de marzo; contará con la participación de 67 artistas, una tercera parte de los cuales debe ser de China —incluidos creadores de Taiwan y Hong Kong—. La Bienal tiene lugar en el museo Power Station of Art, que es la única institución de arte contemporáneo financiada por el gobierno chino.

Las otras curadoras que trabajan con Medina son Yukie Kamiya, japonesa encargada de la Japan Society Gallery en Manhattan; y una comisaria de Shanghai, Wang Weiwei.

El tema central de la Bienal, planteado por Medina y a partir del cual fue seleccionado como curador, partió de una palabra del poeta estadounidense E. E. Cummings, “Proregress” (Prorregresión), en torno de la cual trazó cuatro ejes de exploración: ambivalencia entre paz y guerra; relación entre emancipación y dominación; la crisis entre naturaleza y civilización, y la ambigüedad entre cultura y barbarie. Sobre estos ejes se eligieron las obras; algunas son comisionadas y otras, de creación reciente.

Así, por ejemplo, la chilena Voluspa Jarpa presenta una enorme instalación a partir de documentos censurados de un archivo de intervenciones en América Latina; otra gran instalación es Eclipses for Shanghai, de Pablo Vargas Lugo (que representará a México en la Bienal de Venecia de 2019), que es una serie en torno del tiempo, el pasado y el futuro. Andrea Fraser tiene una pieza presentada como un gran papel tapiz que recoge las contribuciones a las campañas de 2016 en Estados Unidos, hechas por patrones de museos de ese país.

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Eclipses for Shanghai es la obra del mexicano Pablo Vargas Lugo. La Bienal permanecerá hasta el 10 de marzo. (FOTOS CORTESÍA BIENAL DE SHANGHAI)

 

Entre otras obras, detalla el curador, Lozano-Hemmer ofrece un trabajo a partir de mapas de material genético; Jota Izquierdo aborda la producción cultural y la copia en China; la colombiana Clemencia Echeverri presenta una obra relacionada con los ríos y su supervivencia; el colectivo francés Claire Fontaine reflexiona sobre la ética del capitalismo. Participan, entre muchos otros, Forensic Architecture y la fotógrafa japonesa Tomoko Yoneda, con una serie que sugiere un diálogo con Albert Camus.

Descubrimientos y certezas. Medina resalta de China el peso del compromiso de por qué el arte y la cultura tienen un rol que hay que preservar; y en particular, el trabajo de artistas y curadores del museo por hacer y producir ese espacio artístico.

Acerca de la producción que ha visto de los artistas en China, dice: “Hay una inquietud importante en los sectores culturales por preguntarse cómo resolverse ante un momento de cambio en los discursos y los estándares de lo que es aceptable políticamente. Pero eso no está expresado en las obras de manera tan directa. La mayor parte de los artistas que vi han encontrado modos de operar dentro o fuera del sistema para hacer su obra visible; en general exhibir en un espacio público, en un espacio como el de la Bienal, representa la mayor dificultad de vigilancia.”

Encuentra entre los creadores la intención de investigar la historia: “La historia es un tema particularmente sensible en el discurso y los límites de expresión en China, y muchas obras exploran de una manera creativa y lateral el problema de cómo acercarse a la historia reciente. Otras están también preguntando, de manera directa, cómo responder a una situación postmediática, como una forma de crítica al mercado del arte en China que es muy grande y poderoso”.

El curador mexicano reconoce que trabajar en China implica pasar por una estructura de autorización y censura que “abarca toda clase de producto cultural e informativo”.

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Detalle de la instalación de la chilena Voluspa Jarpa (FOTOS CORTESÍA BIENAL DE SHANGHAI)

 

Y explica: “El Estado chino tiene una estructura legal de vigilancia y control de la información, y la producción artística, como cualquier cosa, tiene que pasar por ese filtro. Efectivamente es un asunto de negociación complejo, que no es de un solo renglón, no es sólo de orden político, es de orden moral, y también de la reserva que tiene el Estado chino de mostrar material que pudiera parecer crítico u ofensivo con otros países y otras sociedades”.

Cuauhtémoc Medina, quien es curador en jefe del MUAC y que esta semana fue reconocido con el Premio Universidad Nacional 2018, asegura que, en todo caso, en China o en México, el trabajo de un curador consiste en operar con relación a límites discursivos y negociar con ellos. “Hay una multitud de proyectos en México donde he tenido que vérmelas con límites prácticos y políticos”.

En ese sentido, expresa que la diferencia con el tema en China es que la censura está muy organizada: “Lo que tiene de especial el proceso en China es que es un proceso burocrático organizado; en una sociedad como la de México sería algo que políticamente encontraríamos inaceptable, pero esta no es mi sociedad”.

Medina reconoce que existe en China un concepto bastante amplio de lo que es “sensible”.

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Montaje de In Hemmed-in Ground, de Enrique Jezik. (FOTOS CORTESÍA BIENAL DE SHANGHAI)
 

—¿En qué medida se vio afectada la participación por este tema?

—A diferencia de otros lugares, particularmente de México, este es un proceso sistemático, burocrático, legal; no es enfrentarte con una situación de emergencia. Eso tiene ventajas y desventajas. La ventaja es que es parte del proceso y que hay una institución que está trabajando dentro de ese marco, y una desventaja es que te obliga a tener que regresar con las propuestas, repensar, replantear ideas…

Explica que sí hay áreas de preocupación, como los temas morales, de políticas de Estado y sexuales:

“Hay una preocupación por la sexualidad que implica que incluso escenas que no habíamos tomado en consideración se pudieran plantear como un problema. Hay inquietud por las relaciones internacionales de esta región que no son cosa que yo domine y, al mismo tiempo, hay trabajos que creía que iban a ser difíciles de discutir, pero que están presentes. Nuestro rol como curadores es empujar los límites y trabajar para que la crítica de disidencia y del pensamiento lateral se haga posible. Trabajar en China y ver China hoy tiene la temperatura de haber ido a Nueva York en los años 20, o a Londres en 1847. Tienes la sensación de que estás en un lugar donde está pasando la historia y la manera en que eso te puede desafiar es altísima”.

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