La Central de Abasto se convierte en la gran galería del arte urbano

A través de varias técnicas, 31 artistas buscan incidir en la reconstrucción del tejido social de esa comunidad al crear murales en el gran mercado de la ciudad
Hasta el momento, 24 artistas han pintado su grafiti en las paredes exteriores del área de Frutas y Legumbres, como parte del proyecto “Central de muros”, que encabeza la asociación civil We Do Things. Foto: ALEJANDRA LEYVA. EL UNIVERSAL
24/11/2017
00:20
Yanet Aguilar Sosa
-A +A

[email protected]

En cada muro hay una historia nacida de las entrañas de la Central de Abasto. En cada trazo, cada uno de los 24 artistas que hasta el momento han pintado un mural de ese mercado, considerado el más grande de América Latina —para muchos, el más grande del mundo—, han dejado su visión de ese universo por el que transita medio millón de personas a diario y unos 20 millones al mes; juntos están dado cuerpo a la que aspira a ser la galería abierta de arte urbano más importante del mundo.

Eso es “Central de muros”, proyecto de arte urbano que encabeza la asociación civil We Do Things, a cargo de Itze González e Irma Macedo, quienes han convocado a 31 artistas, 25 mexicanos y cinco extranjeros, a crear 7 mil metros de arte. Cada artista, salvo el japonés Kenta Torii, que hará dos, tuvieron a su cargo lienzos de poco más de 6 metros de alto por 22 metros de largo, donde han plasmado historias que comparten un tema como común denominador: la tierra, dadora de vida y de alimentos.

Scarlett Baily, Diana Bama, Liz Mevill, Done BBC, Kenta Torii, Uneg, Areúz, Senkoe, Trash, Mike Maese, Smithe One, Pogo, Koka, Hows//Minoz, Gleo Sebastián Romo, Roots, la Chula, Done, Legz, Trash e Hielos son algunos de los artistas que han intervenido los muros del área de Frutas y Legumbres, obras que hoy serán inauguradas como parte de las celebraciones por el 35 aniversario de la Central de Abasto.

El proyecto que contendrá 32 murales —faltan nueve por crear—, realizados en grafiti, pintura vinílica, a puro pincel y técnica mixta, busca incidir en la reconstrucción del tejido social de esa “ciudad” que ocupa 327 hectáreas de la delegación Iztapalapa y por donde pasa 80% de los productos que alimentan a los habitantes de la Ciudad de México.

“En esta transformación que damos junto con la Dirección de la Central de Abasto, queremos hacer de esto un centro turístico, que la gente pueda venir a comer y a ver los murales, queremos cambiar un poco la idea de que la Central de Abasto es un lugar peligroso, creemos que estos son proyectos que ayudan a reconstruir el tejido social”, asegura Irma Macedo, coordinadora de “Central de Muros”.

El proyecto, que cuenta con la gestión de Unidad Grafiti, a cargo de Humberto Reyes Méndez, una instancia de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, inició en septiembre, pero lo interrumpió el sismo del 19 de ese mes. Costará 4 millones de pesos en la primera etapa, de los cuales 1.5 son recursos otorgados por la Central de Abasto y el resto es aportado por patrocinadores.

Para febrero, “Central de Muros” empezará la segunda etapa que abarcará 16 muros del área de Abarrotes, y para julio arrancará la tercera etapa en el área de Flores y hortalizas.

Pintar lo que somos. Daniel Gómez Marroquí tampoco sabía que el arte de su colectivo iba a quedar plasmado en un muro de la Central de Abasto, donde trabaja desde hace tres años repartiendo hielo. De ahí el sobrenombre de “El Hielos”, aunque su nombre de grafitero es Dico. Él, junto con su crew —grupo— llamado Moviendo arte urbano, viene de Los Reyes, La Paz, Estado de México.

Cuando Daniel empezó a ver “las pintas” se convirtió en testigo de todos los artistas y recolectaba sus firmas en su black book. “Con mi crew empezamos ilegalmente, te soy sincero, tendremos dos años que nos dedicamos a figuras, a Tláloc, a las raíces, antes éramos sólo letras y ‘vandalear’ la casa de la vecina y la tienda, pero empiezas a vivir cosas feas de la calle y dices ‘ya estuvo’; ya soy padre”, señala el grafitero.

El tema de su mural es el trueque, porque asegura que cuando llegó la Conquista, Cortés vio el mercado de Tlatelolco y se queda pasmado: “Dijo, ‘ay güey, dónde me vine a meter’, así me pasó a mí cuando entré a trabajar aquí” e iba a plasmar a Tláloc y a Xochipilli.

“Los guerreros representan el trueque, qué mejor que un jaguar y un águila, las raíces, el aguacatito, el jitomatito, el nopal, el elote, la flor de elote… yo veo muchas pintas, pero ninguna se adentra en lo que somos. Somos hijos del maíz, y el nopal no puede faltar, de este lado tenemos los chilitos, dicen que si el mexicano no come chile no es mexicano, debemos tener esa parte para que se vea completo esto y digas ‘esto es México, es lo que vivo, son mis raíces’”, señala el artista del aerosol.

Diversos estilos y técnicas se conjuntan en los 7 mil metros que se están pintando en “Central de muros”, uno de ellos es emblemático y fue coordinado por Sebastián Romo, quien durante seis semanas ofreció un taller de arte urbano y mural a trabajadores de la Central de Abastos, con las ideas de todos diseñaran un mural en blanco y negro que tiene a puros animales polinizadores.

Rescate de espacio público. Humberto Reyes Méndez, jefe de Unidad Grafiti y quien trabaja en el rescate de espacios públicos, señala que la vocación de Unidad Grafiti es facilitar la intervención legal en la Ciudad de México y ayudar a conseguir los permisos correspondientes.

“A partir de las intervenciones buscamos prevenir la violencia y delincuencia desde líneas pedagógicas como cultura de paz, la convivencia y el acercamiento con la comunidad; damos charlas como ‘Grafitis: riesgos y alternativas’. El riesgo que tiene grafitear, poner un stiker, un letrero donde no es permitido... al mismo tiempo motivamos la alternativa de poder pintar y pedir permiso para hacerlo”, afirma Reyes Méndez.

“A lo largo de 14 años hemos trabajado aproximadamente con 10 mil artistas. Hay un gran interés por el grafiti; a nivel secundaria, por ejemplo, de unos 200 mil jóvenes, 10% de ellos se quiere hacer artista urbano, grafiteros, en particular. El grafiti es un tema generacional, las ganas de firmar y decir aquí estoy”, comenta Humberto Reyes.

Irma Macedo sabe del potencial que tiene el arte urbano.

“Si tocamos un corazón nos damos por bien servidos. Todo el esfuerzo valió la pena si hay una cabeza y un corazón que diga: ‘Vale la pena México, vale la pena echarle ganas para transformarnos y hacer nuestro el espacio urbano’ para promover la convivencia y un espacio humano para todos”, concluye.

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

Comentarios