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Lo que sí, es un suicidio intelectual. Eso si concedemos que en la decisión haya habido cierto grado de inteligencia, lo que está por verse.
Por lo pronto, esta parece ser la primera gran derrota del PRI en la carrera hacia el 2018. A menos que los secretos que estaba dispuesto al revelar el decapitado Santiago Nieto —¿cuña del mismo palo?— sean tan horrendos que haya valido la pena el desgaste brutal del gobierno federal y su partido, con tal de que no salieran a la luz. Tal vez los mismos contubernios que descubrió por su lado el ahora ex procurador Raúl Cervantes y que lo habrían llevado a presentar su renuncia para no ser protagonista del escándalo: ¿casualidades o causalidades?
Esta es una historia mal contada o es la trama más truculenta de los últimos tiempos. A ver:
—Cervantes, entonces procurador, renuncia sorpresivamente a su cargo apenas el 16 de octubre, advirtiendo que el caso Odebrecht —por el que hay presos en toda América Latina, menos en México— está por fin cerrado y que él lo deja concluido. Una caja de Pandora, para quien se atreva a abrirla.
—Tan sólo cuatro días después, su subordinado, y gris subprocurador —ahora encargado del despacho— Alberto Elías Beltrán, enfurece y le muestra la tarjeta roja a Santiago Nieto Castillo, titular de la Fiscalía Especializada para Atención de Delitos Electorales, dependiente —en el país del absurdo— de la PGR.
—En suplencia por ausencia y en estas mismas páginas, el señor Elías escribe textualmente: “El ex-fiscal presumiblemente no respetó los principios de presunción de inocencia y debido proceso, lo que podría causar que una persona presuntamente culpable quede impune y en libertad”. (??!!) Y luego añade: “Probablemente violentó el marco legal y actuó en contra del Código de Conducta de la PGR…”.
—En primer lugar, por qué la cólera de un cese fulminante para alguien que “presumiblemente” o “probablemente” cometió tal o cual falta. En su calidad de árbitro, ¿no era mejor un llamado para reconvenir a Nieto Castillo y con la mayor discreción posible mostrarle la tarjeta amarilla?
—Por supuesto que el señor Elías se refiere en su endeble argumentación a la publicación en Reforma de una entrevista en la que Nieto —sin revelación profunda alguna— comenta una carta en la que supuestamente el ex director de Pemex, Emilio Lozoya, le pide una exoneración pública sobre las sospechas de haber recibido algo más de un millón de dólares cuando estaba al frente de las relaciones internacionales de Peña Nieto en su campaña por la Presidencia en 2012 y luego ya como director de Pemex.
—Cualquiera sabe que Santiago Nieto Castillo investigaba también desvíos millonarios de gobernadores de la calaña de los Duarte o el Borge a las campañas de candidatos priístas.
—Por eso nadie cree hoy en la casualidad y todos apuestan por la causalidad: la guillotina desde Los Pinos, que ha convertido al Presidente y al PRI en los villanos de una trama inverosímil y al señor Nieto en casi un héroe civil.
Lo único terrible de este sainete fársico es que ha puesto en riesgo toda la credibilidad en el proceso electoral de 2018. Ahora está en manos del Senado reescribirlo para dejarlo al menos en tono de tragicomedia.
Periodista. ddn_rocha@hotmail.com
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