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Ni a cuál irle

Difícil decir quién voló más bajo. Si AMLO con su “Riqui Riquín Canallín”, Meade con su forzada molestia por haber sido colocado junto a Anaya, o Anaya citando los libros de AMLO para demostrar quién sabe qué. Pero la peor parte del debate fue descubrir que estos candidatos tienen, todos, un pésimo sentido del humor.
21/05/2018
02:03
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Ayer se excedieron en mediocridad. Quiero pensar que son mejores de lo que vimos. Tijuana descolocó a los candidatos a la presidencia. La sala de televisión familiar comenzó llena y terminé yo solo viendo el debate, más por obligación que por estimulo intelectual.

La actuación de los cuatro fue mala. Con respecto a las propuestas casi todo fueron lugres comunes. Nada nuevo, nada que no se hubiera escuchado antes. Peor fueron los ataques, chistes podridos y mal ensayados, la peor parte.

Los presidenciables no se han dado cuenta de que va a votar por ellos una ciudadanía mejor informada y más exigente. Y sin embargo nos dieron un debate para niños de preescolar. Los sorprendente fue la mezquindad generalizada.

“¿Qué va a hacer usted con Donald Trump?,” preguntaron los moderadores, Yuriria Sierra y León Krauze, sobre el presidente de Estados Unidos. De risa la respuesta de la mayoría de los candidatos: “A mí sí me va a respetar ese señor.”

“¿Cómo medir el respeto?,” insiste Krauze. “El problema es que los presidentes no han tenido autoridad moral,” responde Andrés Manuel López Obrador.

“¿Economía abierta o cerrada?”; Anaya contesta que el problema fue López Obrador, porque no supo crecer la inversión cuando gobernó la Ciudad de México.

“¿Por qué no combatió el tráfico de armas cuando fue responsable de las aduanas mexicanas?,” se interrogó a José Antonio Meade. “No lo hicimos, pero lo haremos,” asegura el candidato priísta.

“¿Qué hacer con los opioides?” Pues terminar con la corrupción, afirma López Obrador y luego añade: “sacar a la mafia del poder... Anaya y Meade son la mafia en el poder.”

“¿Legalizar la marihuana?,” cuestiona Yuriria Sierra a Ricardo Anaya. “Haré una consulta abierta, pero no creo que sirva para reducir la violencia.” ¿Para qué consultar entonces, si ya sabe este candidato lo que quiere escuchar?

“¿Valió la pena que el presidente Peña recibiera a Donald Trump?,” cuestiona Krauze a Meade. “Sí,” responde el candidato oficial, olvidando que en su primera intervención dijo que había faltado exigir mayor respeto al presidente estadounidense.

“¿Cómo combatir la violencia en la frontera?,” se le cuestionó a Jaime Rodríguez, El Bronco. “Mocharles la mano a los aduaneros,” dijo el gobernador con licencia de Nuevo León.

“¿Qué haría con los dreamers?,” cuestionan a José Antonio Meade. El candidato dice que los migrantes estuvieron peor en la época del ex presidente Barack Obama. (Tanto ofende la contestación que Yuriria Sierra se indigna).

En fin, que salvo una que otra propuesta de medio pelo, las recetas de estos médicos dejaron mucho que desear.

Pero esta no fue la peor parte del debate. Es ahora oficial: estos candidatos tienen, todos, un pésimo sentido del humor.

Difícil decir quién voló más bajo. Si AMLO con su “Riqui Riquín Canallín”, Meade con su forzada molestia por haber sido colocado junto a Anaya, o Anaya citando los libros de AMLO para demostrar quién sabe qué.

Dicen los teóricos que los debates no mueven las preferencias. En este caso le atinaron porque ayer, de plano, no hubo ni a quién irle. Así que se quedarán las cosas como estaban. López Obrador con su primer lugar en las encuestas, Anaya con un segundo sitio bien ganado por desaprovechar la oportunidad, y Meade que, con respecto al primer debate, mejoró un tanto.

ZOOM: Los demás candidatos descendieron a la altura de El Bronco. Por eso salió fatal el debate de Tijuana: propuestas pobres, chistes malos y sobreactuación.

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Periodista, académico y escritor. Director General del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (UNAM), profesor de asignaturas en el CIDE y conductor de los programas Espiral y #Calle11 de Canal 11...
 

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