Era de madrugada y los estudiantes pensaron que dentro del edificio de la Preparatoria Nacional podrían refugiarse. Se equivocaron sin embargo al creer que aquel edificio antiguo de la calle de San Ildefonso sería impenetrable.

El gobierno se atrevió a culparlos por haber lanzado una bomba molotov contra la vieja puerta de madera. Así lo afirmó un parte militar entregado al secretario Marcelino García Barragán, emitido a primera hora de la mañana, hoy hace 50 años.

Los documentos desenterrados por los historiadores dan cuenta de que el entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, confundió con información falsa al presidente Gustavo Díaz Ordaz, y también a su homólogo de la Secretaría de la Defensa.

Después del error del bazucazo, García Barragán hizo bien en desconfiar de todo cuanto le comunicara el licenciado Echeverría. A diferencia del presidente, para él no había pruebas sobre una conspiración internacional, ni tampoco sobre intereses traidores detrás de la protesta.

Igual que venía sucediendo durante el último año y medio en otras latitudes —en San Francisco, Nueva York, Tokio, Praga, o París— los jóvenes mexicanos de la generación del 68 estaban decididos a reclamar reconocimiento político para sus causas, y mayores libertades democráticas para el resto de la población.

A la hora de repensar el momento, es grande la tentación de imponer una interpretación definitiva —como sucedió hace medio siglo— sobre las causas del 68. Sin embargo, no solo en el mundo fueron muchos los 68, también dentro de México hubo movilización estudiantil en Veracruz, en Morelia, en Durango, en Sonora y otras ciudades.

Salieron a marchar por distintas razones los jóvenes del Instituto Politécnico Nacional, de la Universidad Iberoamericana, de la Universidad de Chapingo, del Colegio de México, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Tomaron las calles, por sus propios motivos, las mujeres que estrenaban por aquel entonces soberanía sobre su cuerpo, pantalón y minifalda; también los varones que renunciaron a seguir hablándose de usted con sus padres.

El 68 fue sobre todo un movimiento plural, en causas y participantes. Y la masacre del 2 de octubre quiso silenciarlo todo de golpe: imponer por la vía violenta una respuesta unívoca frente a la diversidad. La puerta estalló hace 50 años y la agresión desproporcionada rompió el espejo.

Cada quién se llevó un trozo consigo. Unos volvieron cabizbajos a su casa, y otros salieron a festejar los Juegos Olímpicos, también hubo quienes marcharon de nuevo y fueron reprimidos por segunda ocasión. Los menos ingresaron a la guerrilla y otros más se mezclaron con el movimiento campesino.

En México y el mundo los líderes del 68 exploraron y fundaron durante los siguientes años las causas del ambientalismo, del feminismo, de los derechos humanos, del pacifismo, la diversidad y la lucha contra la discriminación.

Fueron esas causas las que dotaron de contenido a la política democrática como hoy la conocemos. Mirar y mirarse en el espejo del 68 obliga a conmemorar las ideas sembradas entonces, y también el recorrido posterior de su germinación; implica dialogar sobre el espejo de la manera honesta y plural.

ZOOM:

Conmemorar el 68 es reconocer la estatura y dignidad del patrimonio ético y político legado por las víctimas, los líderes y los participantes de aquel movimiento. Tal cosa no puede hacerse en silencio, no debe hacerse en singular, no caben las interpretaciones uniformes, ni imponer una sola mirada de la historia. 50 años después podemos colocar de nuevo las partes de ese espejo roto para reconocernos con el respeto que hace medio siglo fue fracturado por el autoritarismo y el pensamiento único.

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